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Nuevos discursos y viejas estrategias. Una respuesta libertaria a Diego Farpón
Gustavo Rodríguez
El artículo “Hay otro mundo posible: Cuba” de Diego Farpón que ha aparecido en días recientes, paralelamente en los sitios web La Haine, Corriente Roja y Kaos en la Red, este último aún (quién sabe por cuanto tiempo) con posibilidad de réplica, podría llegar a indignar pero no a sorprender.
En Kaos en la Red, haciendo uso del espacio destinado a comentarios, ha recibido más opiniones favorables que adversas, entre ellas, las de Jaime Richart y José Martín son, sin duda, las más sinceras y, como buenos estalinistas pragmáticos, defienden (a todas luces) el capitalismo de Estado y lo hacen a capa y espada: “las únicas soluciones viables son Cuba y China”. Abriéndose a la “inversión extranjera”, es decir, dándole el culo al Capital y a seguir la producción que para eso está el proletariado que se puede machacar y pagarle una miseria sin miedo a los sindicatos autónomos que siempre están jodiendo con los derechos de l@s obrer@s a huelga y a mejoras salariales y todas esas desviaciones pequeño burguesas.
Ahora, lo que no tiene nombre es el artículo de Diego Farpón. ¡No tiene abuela! Éste si es el rey de la demagogia y la manipulación. Se ve que ha hecho bien la tarea y nos presenta un nuevo discurso con viejas estrategias: confundir y dividir. En esto su padre putativo, el viejo social-demócrata ruso, Vladimir I. Lenin, era un As (así, con una sola “s” para evitar posibles ofendidos) y aunque también echó mano de todas las frases fuera de contexto que pudo y hasta llegó a piratearse obras (El Estado y la Revolución) para confundir a l@s luchadores sociales de su época, tampoco inventó nada nuevo. La estrategia se remonta a las conspiraciones palaciegas de los jesuitas, más tarde reelaboradas a manera de manual en 1513, por el florentino Nicolás Maquiavelo, bajo el título de El Príncipe. En este texto, donde se legitima y fundamenta el Estado moderno, Maquiavelo ofrece la solución para renovar y perpetuar el sistema de opresión: el príncipe nuevo es capaz de establecer el orden nuevo.
Y bueno, Farpón no sólo nos receta, entre líneas, algunas de las “frases hechas” predilectas de Maquiavelo (El enemigo de mi enemigo es mi amigo) sino que intenta sacar de su urna las cenizas del bien intencionado Daniel Guérin y ponerlas a las órdenes del Comandante en Jefe, Primer Ministro de la República de Cuba, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, entre otros títulos vitalicios, doctor Fidel Castro.
Desde luego, con este kalimocho ideológico en el que mezcla hasta el aceite y el vinagre, Farpón sólo podría confundir a compañer@s muy jóvenes, con poca lectura y poca militancia, porque citando los mismos textos que él manipula a su favor quedan inmediatamente en entredicho sus intenciones.
Ante todo, tendríamos que comenzar por separar la paja, es decir, dejar a un lado la propaganda castro-fascista que intenta constantemente manipular los términos equiparando Pueblo y Estado, gobernados y gobierno, Cuba y Castro. Porque, cuando hablamos del Estado español, del gobierno español, nadie lo confunde con el pueblo que habita en el Estado español, igualmente, cuando nos referimos al gobierno yanqui nadie lo confunde con el pueblo norteamericano. Y, en eso si estoy totalmente de acuerdo con Farpón: Bakunin no tiraría piedras contra esta Cuba ni ningún revolucionari@, como tampoco las tiraría contra ningún otro pueblo sino contra sus Estados. En este caso, Farpón, las piedras son contra la dictadura.
Pero, dejemos la especulación sobre la actitud que asumiría Bakunin frente a la ignominia castro-fascista y pasemos a lo concreto. Podríamos ahondar en las medias verdades con que Farpón articula su texto y despejar algunas dudas, como por ejemplo, dejar en claro, que si bien es cierto que Bakunin es quien traduce el Manifiesto Comunista al ruso; no podemos olvidar que después es expulsado de la Primera Internacional por Marx y que, desde entonces, Bakunin, haciendo alarde de sus dones de pitoniso, señaló la esencia autoritaria del marxismo y previó lo que sería en la práctica la dictadura del proletariado. Pero, dejemos al viejo Bakunin.
Dejemos también de lado la contextualización de las palabras de Guérin, que Farpón usa a sus antojos, escritas en enero de 1968 en Cuba y al calor del Congreso Cultural de La Habana; parte aguas importantísimo en el derrotero de la Revolución cubana que, por esas fechas, aunque su jerarquía ya había cometido grandes abusos y excesos contra revolucionari@s (encarcelando y fusilando a compañer@s anarquistas, por ejemplo) aún permanecía viva una pequeña, muy pequeña, flama revolucionaria. Borremos de la memoria histórica que esas palabras de Guérin fueron redactadas cuatro meses antes del Mayo francés y de que los tanques rusos aplastaran al pueblo en las calles de Praga (olvidémonos del apoyo público que brindó Castro a los autores de esta represión contra l@s contestaria@s checoslovac@s) y, a ocho meses y dos días, de que la dictadura PRIísta ordenara masacrar a los estudiantes en la Plaza de Tlatelolco en México (obviemos también que Castro hizo caso omiso al llamado de la izquierda mexicana a boicotear las Olimpiadas que se celebraron pocos días después de la matanza y mandara todos sus equipos deportivos de todas las disciplinas habidas y por haber. Tampoco tengamos en cuenta los lazos de amistad que estableció Castro con el autor de la masacre: Luis Echeverría). Hagamos a un lado que por esas fechas se dicta en Cuba la “Ley contra la vagancia”, la reglamentaciones por “conducta impropia” y se crean campos de concentración para homosexuales e intelectuales y artistas disidentes, bajo el eufemismo de Unidades Militares de Apoyo a la Producción, conocidas como las tristemente celebres UMAP’s, con el hitleriano lema de “El trabajo los hará hombres”. No reparemos en que meses después de aquel congreso se encarcelan en Cuba a una ventena de militantes afrocubanos que reivindicaban la Negritud y se habían leído de punta a rabo a George Jackson y se solidarizaban con los Hermanos Soledad (único delito comprobado y por el que recibieron condena). Tampoco tomemos nota que once meses después de la celebración de este Congreso Cultural. donde fueron invitados los jóvenes estudiantes del “Poder Negro”, se encontraban presos en las mazmorras castristas varios militantes de los Panteras Negras; entre los que destaca el compañero anarquista Lorenzo Kom´boa Ervin, quien después de estar encarcelado en la Isla fue deportado a Checoslovaquia, donde, de manera extraña, fue capturado por el FBI y enviado a Estados Unidos, cumpliendo prisión por 15 años (1969-1983). En fin, olvidemos esas pequeñeces y no caigamos en la especulación (que tanto le gusta a Farpón) de lo que podía decir o no Guérín después de tomar nota de todas estas atrocidades y concentrémonos en lo concreto.
Las citas de Guérin ¿de dónde salieron? Han sido quirúrgicamente extraídas por Farpón de “Por un Marxismo Libertario”, una recopilación de textos y artículos de Daniel Guérin, algunos de ellos publicados en diferentes medios entre finales de la década del cincuenta y principios de los setenta. De dicha recopilación Farpón entresaca sus líneas del texto titulado ¿Adónde va la Revolución Cubana? (pág. 137 de la edición Biblioteca Jucar, 1979), omitiendo la esencia crítica del mismo, a pesar de las simpatías que expresó Guérin en aquel momento sobre la joven Revolución cubana.
Conocemos de sobra las intenciones de Farpón con este texto. Sobre todo ahora, ante el resurgimiento del ideal ácrata y el protagonismo libertario en cuanta barricada se levanta en el planeta; ahora, que es cada vez más publica y notoria la oposición anarquista a la dictadura castro-fascista y a todos los gobiernos populistas que en nombre del “socialismo” ultrajan al proletariado de Latinoamérica;. Precisamente ahora, que se constata en la práctica diaria el anarquismo como alternativa, es que comienza a acumularse toda clase de disparates para intentar neutralizar el discurso libertario.
Y, podríamos limitarnos a la realidad concreta para contrarrestar y contra atacar estos desatinados argumentos, de los que hoy, Farpón se hace eco; pero, anticipándome a las reacciones y previendo los típicos ataques condenatorios que me acusarán de “agente imperialista”, me limito a ampliar las escuálidas notas que nos expone Farpón sin salirme del texto que él escogiera:
“Yo era uno de los 470 “trabajadores intelectuales” invitados por el gobierno cubano al Congreso Cultural de La Habana de enero de 1968. Estancia demasiado breve, de tres semanas, de las que ocho días fueron consagrados a las sesiones del congreso, para el que se nos había enjaulado en un hotel de lujo, con mucho “tiempo muerto”. Las imprecisiones que he traído son, pues un tanto fugaces. [...]
“En el plano social el régimen me pareció ser, en la mejor acepción del término, una especie de paternalismo organizador y diligente. Sus beneficios son dispensados al pueblo desde arriba [...]
“La revolución cubana surgida de una empresa militar, bajo la dirección de pequeño-burgueses de procedencia nacionalista, llevada a continuación a tomar por modelo a los países socialistas del Este, quizá no ha concebido suficiente atención a la gestión obrera de la producción del tipo español, yugoslavo o argelino [...]
“La ausencia de autogestión presenta inconvenientes de dos tipos. En primer lugar, los trabajadores no adquieren todo el espíritu de iniciativa y entrega comunitaria que les inculcaría una participación más activa en la gestión; por otra parte, la falta de autonomía contable de las empresas cuyos ingresos y gastos son pura y simplemente presupuestados por el Estado [...]
“Los sindicatos obreros (en el caso particular de Cuba no podemos hablar de sindicalismo) están subordinados al partido comunista, tanto en la empresa como en el plano nacional [...]
“A decir verdad, la democracia en la cumbre del P.C. cubano, está ausente. La dirección del partido forma un pequeño núcleo cerrado, un aparato político militar de funcionamiento jerarquizado y secreto. La publicidad dada repentinamente al “complot” de Aníbal Escalante y los antiguos estalinistas en los que estaban complicados dos miembros del Comité Central, los medios empleados por la policía para airear este asunto (meses de escucha en la embajada de la URSS, etc.), el proceso que se desarrolló ante un tribunal de excepción, la acusación elevada contra los culpables de ser “objetivamente agentes de la CIA”, su autocrítica y su arrepentimiento, las duras condenas finalmente pronunciadas recuerdan, bastante enojosamente, las costumbres moscovitas de antaño, aunque esta vez el procedimiento sea usado contra los amigos de Moscú”. [...]
“Otro aspecto bastante sorprendente de la revolución cubana es el puritanismo. Anteriormente, los cubanos eran de costumbres fáciles: clima tropical, raza encantadora y voluptuosa. No en vano los ejércitos de turistas norteamericanos habían transformado La Habana en un gran burdel. Hoy la revolución quiere ser sinónimo de virtud. Los candidatos a funcionarios políticos y sindicales, son sometidos a investigaciones que no dudan en franquear el umbral de la vida privada [...] Max Pol Fouchet vio como expulsaban de un café a una pareja de enamorados que se cogían la mano. La homosexualidad está prohibida y perseguida de la manera más indignante.
Sería presuntuoso pretender que el régimen es sostenido unánimemente por la población. Existen porciones bastante amplias de descontentos [... ]
“El racionamiento, por otro lado, se soporta, no sin cierto descontento por parte de la población. El de la gasolina parece haber causado el efecto de una ducha fría. Desde lo alto de las tribunas en que asistíamos al desfile militar del 2 de enero, se notaban indicios desconcertantes: después del desfile, se había permitido a la multitud que ocupara el sitio que quedaba libre al pie de las tribunas. Cuando Fidel tomó la palabra y dejó entrever que el leit motiv de su discurso iba a ser el racionamiento de la gasolina, pudimos ver grupos enteros que se volvían con desenvoltura, daban la espalda y volvían al centro de la ciudad. Nuestros guías nos sugirieron una explicación: abandonaban porque preferían escuchar el resto del discurso más confortablemente, ante sus aparatos de televisión; pero no me pareció una explicación nada convincente.
Tampoco es seguro que la población haya visto con mucho entusiasmo la invasión de La Habana por cerca de 500 congresistas extranjeros, provistos generosamente de manteca, café, carne y otras vituallas raras o severamente racionadas. El mismo Fidel Castro percibió esta reacción popular, puesto que públicamente tuvo que atribuir ciertos atrasos administrativos de los que se quejaban los usuarios la noche de la inauguración de un pueblo, al hecho de que los funcionarios oficiales estaban acaparados por nuestro congreso cultural. Es suficientemente explícito que haya tenido que usar a sus invitados como chivos expiatorios [...]
“… El culto del Che bien podría deberse a un fenómeno de compensación tanto para los gobernantes como para el pueblo. Los gobernantes no tienen la conciencia muy tranquila ¿Acaso no fue, se dice, tras las discusiones tormentosas con el hermano de Fidel, Raúl Castro, y el presidente Dorticós, cuando Ernesto Guevara dejó simultáneamente el poder y el territorio cubano? En cuanto al pueblo, la muerte del guerrillero considerado invencible y el fracaso, al menos temporal, de los guerrilleros bolivianos le han significado probablemente un choque muy profundo [...]
El culto revolucionario en Cuba no está exento de cierta morbosidad. Esqueletos y cráneos proliferan profusamente, ya sea como objetos reales o como productos del pincel de los artistas. Aquí resurge la vieja complacencia hispánica en la idea y el espectáculo de la muerte. Otras señales de desarreglo mental aparecen aquí y allí en las conversaciones y los escritos. Sin duda el aislamiento de Cuba, su situación de fortaleza asediada han avivado estos síntomas de desvarío. [...]
“La revolución cubana, en su situación actual, encierra una contradicción entre las palabras y los hechos. Una situación que recuerda un poco la de la Rusia estaliniana del “tercer periodo” en tiempos en que la coexistencia pacífica con el mundo capitalista corolario de la construcción del “socialismo en un solo país” estaba camuflada por consignas en apariencia izquierdistas. Cuba continúa predicando hoy en los países de América Latina, una concepción blanquista de la revolución. Sigue pretendiendo y cree poder aplicar mecánicamente a todas las situaciones el esquema Sierra Maestra. Pero los reveses sufridos recientemente en Bolivia y otras partes parecen haber incitado a los dirigentes cubanos a calmar este intervensionismo, convertido sobre todo en verbal, y a consagrar lo esencial de sus esfuerzos a la edificación del socialismo en una sola isla. Razón de más para disimular el nuevo curso del mismo bajo la represión del revisionismo cubano pro-soviético, haciéndole al mismo tiempo discretas extracciones. [...]
“Cuba ha probado su internacionalismo de muchas maneras, aunque no sea más que con el hecho de albergar grandes reuniones internacionales tales como la Tricontinental, la O.L.A.S. y el reciente Congreso Cultural. A riesgo de apenar a mis amigos cubanos, creo que es necesario observar que la revolución cubana no está totalmente liberada de sus orígenes nacionales y pequeño burgueses. Por ejemplo su consiga: “patria o muerte”; la Revolución francesa, por más burguesa y patriota que fuera, decía: “la libertad o la muerte”. Hemos oído el himno nacional cubano ejecutado religiosamente ante multitudes en actitud de firmes pero nunca la Internacional. Uno podría también preguntarse si el interés prioritario concedido a América Latina, no correspondería más a un nacionalismo latinoamericano que a un verdadero internacionalismo proletario. [...]
“La revolución ha triunfado allí con las armas en la mano. Se la defiende con las armas en la mano. Lo militar es la ocupación primaria de sus habitantes. El servicio militar obligatorio es de larga duración: tres años. Pero tiende a confundirse cada vez más con la enseñanza. En las escuelas militares dirigidas por oficiales y sometidas a una disciplina rigurosa, los reclutas a los que se agregan algunas jóvenes, reciben una formación general y técnica. Una formación que como toda formación de corte militar, se expone a ser en alguna medida una deformación. En particular, se dice que la escuela normal de Minas del Frío donde son adiestrados los futuros enseñantes, lejos del mundo, en la severa y fría soledad de Sierra Maestra, se parece a un convento de clausura: la combinación de lo monacal y lo militar, que inspira terror a los futuros alumnos, hace pensar en una resurrección de la Orden de los Templarios. [...]
“A los ojos del visitante, el porcentaje de uniformes parece elevado. Una parte de los gobernantes no abandonan nunca el ropaje militar. Fidel lleva siempre en su cinturón un revolver que deja ver ostensiblemente en el momento en que va a tomar la palabra. De hecho, el país está gobernado por un equipo de oficiales, unos, antiguos guerrilleros, otros, promovidos después de la victoria de la Revolución. Existe una interpenetración estrecha entre lo militar y lo civil, entre el personal político y el ejército. Ningún rastro de incisión entre los dos componentes del tipo de la que en Argelia, opuso a Boumedienne y a Ben Bella. El comandante Fidel Castro es el jefe supremo a la vez civil y militar. El ejército no podría estar celoso de un poder civil con el que se confunde.”
No es necesario agregar más. No es preciso profundizar en que las contradicciones entre las palabras y los hechos, que señalaba Guérin, se han agudizado, durante casi medio siglo de mandato único, que el carácter militarista, jerárquico, centralista y autoritario, que entonces percibía, se ha multiplicado, que la represión y la carencia de libertades se ha generalizado, que las diferencias de clase son mayores y más palpables, que la explotación del proletariado ya no se limita a los gerentócratas del capitalismo de Estado sino que hoy, además, es explotado por las grandes corporaciones capitalistas como la cadena hotelera Melía, por mencionar alguna de las tantas multinacionales españolas, japonesas, canadienses, mexicanas, francesas, italianas, etc., que actualmente operan sin oposición alguna.
El texto de Guérin (en el que he incluido hasta las notas) habla por sí solo y expone sus preocupaciones y la de la mayoría de l@s anarquistas que por esos años, aún dudaban del curso autoritario y jerárquico que había tomado la Revolución cubana. Dudas que, ya desde entonces, se habían ocupado de crear los agentes de la Seguridad del Estado cubana y que a través de la propaganda en el exterior y de los simpatizantes a sueldo del castro-fascismo, habían logrado confundir a importantes sectores del movimiento anarquista internacional. Dudas que llegarían al pleno del Congreso Internacional de Federaciones Anarquistas, celebrado desde el 30 de agosto al 8 de septiembre de 1968 en la ciudad de Carrara y, donde el ahora eurodiputillo Daniel Cohn Bendit, injuriara y atacara a l@s compañer@s anarquistas cubanos, acusándol@s de estar “financiados por la CIA” (las descalificaciones y los insultos no han cambiado). Sin embargo, a pesar de que el punto tres, que tocaba las relaciones entre el anarquismo y el marxismo con las experiencias habidas en tres revoluciones: “[...] la rusa, la española y la cubana”, fuera el más álgido, los anarquistas reunidos en asamblea, representando casi todos los países europeos de occidente, una delegación búlgara y otra de México (en nombre de las organizaciones mexicanas y del Movimiento Libertario Cubano) y con la participación como observadores de la AIT, la SAC y CIRA, “concluyeron, después de analizar y condenar al sistema castrista, que había que definirlo como “una dictadura [...] tributaria a la URSS [...] un régimen estatal [...].” A pesar de ello, la desinformación y la maquinaria propagandística de la dictadura, consiguió dividir a l@s anarquistas europe@s y, en Latinoamérica, a l@s compañer@s de Uruguay, Perú, Chile y Venezuela, en pro y anticastristas, hasta finales de la década del setenta. Desde entonces a la fecha, las organizaciones, colectivos e individuos que nos reivindicamos anarquistas, tenemos muy claro lo que sucede en Cuba.
Por eso, Farpón no necesita hacer todas estas maromas espiritistas y poner a hablar a Bakunin, Kropotkin y Guérin, para que nos den su veredicto post-mortem sobre el castrofascismo. El anarquismo no es un dogma sino una corriente de ideas que se alimenta de la realidad concreta, revisando constante y radicalmente sus principios como parte necesaria de cualquier proceso revolucionario; es un cuerpo viviente teórico práctico conectado directamente a las experiencias de l@s oprimid@s que luchan por su liberación. Ofrece la más profunda crítica a la jerarquía y a la dominación haciendo posible un andamiaje para la unidad de todas las luchas por la libertad. L@s anarquistas de ayer, igual que l@s de hoy, estamos contra todos los Estados y sus representantes, contra todos los gobiernos, dictaduras o imperios que tratan de globalizar, centralizar o dominar al resto de la humanidad. No nos interesa la lucha por el poder político, somos la oposición permanente a cualquier enemigo fascista, capitalista o cualquier doctrina filosófica e ideológica que se oponga al desarrollo crítico de los seres humanos, ahora o en el futuro.
Si Farpón leyera las actuales aportaciones de compañer@s que se han dado a la tarea de teorizar y actualizar nuestras ideas (sin abandonar la barricada), como Alfredo M. Bonanno, sólo por mencionar a alguno, entendería que la esencia del anarquismo es la libertad y, se percataría que el insurreccionalismo libertario es tan válido en Euskadi, en Grecia, en EU o en Cuba. Que la ÚNICA opción coherente para aquell@s que nos reivindicamos anticapitalistas es enfrentar al Capital donde quiera que sea. Sin importarnos su modalidad, con qué mano nos oprime (derecha o izquierda) ni con que rostro se presenta (más salvaje o más humano).
Podría concluir esta respuesta con el ancestral grito de guerra del anarquismo: ¡Ni Dios, ni Estado, ni Patrón!, que sigue siendo nuestro grito de combate y que deja en claro quiénes fueron, son y serán nuestr@s enemigos (no considero necesario tener que agregar ¡Ni Comandantes!). Pero prefiero terminar con la frase que cierra el texto que seleccionó Farpón, de nuestro compañero Daniel Guérin: “Deseemos a Cuba, que sabe ganarse de este modo el afecto de sus visitantes, que sepa introducir una verdadera democracia proletaria en su relativo vacío institucional. Deseemos a Cuba que descubra el marxismo libertario”. Aunque yo prefiero desearle que descubra el socialismo libertario.
¡Salud y Revolución Social!
Cuba, nuestra amada dictadura
Ignacio de Llorens
[Publicado en CNT, # 309, febrero 2005]
“Ninguno de los males que pretende remediar el totalitarismo es peor que el propio totalitarismo”
Albert Camus
Es descorazonador que después de más de tres mil años de tener datada la lucha contra las tiranías todavía pueda concederse crédito a los regímenes dictatoriales. Quienes consideraron que el comunismo era una opción preferible al liberalismo capitalista y una aportación positiva a la convivencia han tenido muchas ocasiones para rectificar tras más de ochenta años de tiranías de izquierda, pero sólo han condenado o dejado de reivindicar las dictaduras comunistas ya desaparecidas. Mientras han existido han recibido el beneplácito del progresismo comunista internacional o cuando menos se les ha otorgado en beneficio del silencio crítico. Y ahora la tiranía cubana se ha convertido en la joya de la corona izquierdista.
Al mismo tiempo que se criticaba al totalitarismo de derechas, se luchaba por instaurar regímenes totalitarios de izquierda. El modelo económico y la construcción propagandística de los discursos de ambos sistemas divergían, pero la esencia tiránica de ambos les aunaba haciéndoles coincidir en un mismo proyecto de dominación total de la sociedad por parte de un aparato de Estado de corte absolutista que superaba con creces el sojuzgamiento del pueblo, de los ciudadanos, propio de las monarquías del despotismo ilustrado de corte Ancien Regime. Una tecnología siniestra de represión les hermana.
Trotsky creó los campos de concentración en 1918, y los bautizó como tales, siguiendo la estela y los precedentes que ya había establecido en Cuba el general mallorquín Valeriano Weyler durante la dominación hispánica. A los campos trotskistas fueron a parar todos los disidentes del nuevo poder, de forma que cuando muere Lenin en 1924 se cuentan por decenas de miles los ciudadanos rusos que pueblan tal siniestra institución. Bujarín, antes de ser fusilado por Stalin, ya hizo una demostración cínica del nuevo poder totalitario: “No es verdad que en Rusía haya sólo un partido. Lo que sucede es que hay un partido en el poder y los demás están en la cárcel”. La mayor parte de la población penal eran religiosos, socialistas revolucionarios, mencheviques y anarquistas, y luego ya el común de los ciudadanos. Por el camino ya se habían quedado centenares de miles fusilados. Stalin llevará al delirio la represión y el aniquilamiento, y los comunistas internacionales empezarán a titubear en su apoyo incondicional con ocasión de los juicios de los años treinta a la propia cúpula del Partido. Mientras tanto todo parecía bien. Los trotskistas no criticaron los campos mientras su lider estaba al frente del aparato represor que él mismo había creado, y los buenos comunistas occidentales se agarrarona a la desestalinización cuando Krushev condenó a Stalin desde el Kremlin. Condenando a Stalin se salvaba a Lenin y, por lo tanto, se podía seguir siendo leninista e ir por el planeta leninizando pueblos. De modo que cuando llegó Hitler al poder, en la Unión Soviética ya habían pasado por los campos varios millones de “contrarrevolucionarios”, gusanos en la versión cubana.
Una triste sorpresa fue la que se llevó David Rousset, superviviente de los campos nazis, cuando propuso crear una organización de repulsa de los campos de concentración, dependiesen del gobierno que fuese, y de apoyo a quienes estaban en ellos. Compañeros suyos de calvario en los desaparecidos campos nazis se negaron a participar en su iniciativa, eran comunistas y por ello habían sido detenidos y torturados por los nazis, pero no estaban dispuestos a condenar a quienes sufrían una suerte parecida en el Gulag. Quedaba claro que los campos, la tortura, la aniquilación era condenable cuando lo hacían los fascistas, pero si lo hacían los comunistas era aceptable. La doble moral, el cinismo político, la burla de los valores morales y de su generalización al conjunto de los seres humanos más allá de las razas o culturas, y la defensa de la política de represión siniestra cuando el represor era comunista, era lo que quedaba entronizado como estratégia de lucha. El fin supremo de la liberación de los pueblos era la justificación de cualquier formulación comunista.
Ciertamente es verdad que no hay pueblo más liberado de los males de este mundo que el pueblo muerto. Peor para el pueblo si no lo entiende. Finalmente el pueblo no es el sujeto y autor de su vida, no es protagonista de sus acciones, sino vasallo de sus liberadores que saben lo que le conviene. Si el pueblo no coincide con sus élites revolucionarias y, especialmente, con el caudilo de turno, peor para el pueblo, pues objetivamente se convierte en contrarrevolucionario, pierde su condición humana y es merecedor de ser aniquilado. Pol Pot, estudiante egregio de marxismo en la Sorbonne, lo aplicó sin titubeos y con diligencia extrema. Fidel sigue en ello, y todavía hoy, con cuarenta y cinco años de dictadura y más de 80.000 víctimas de su represión, nos condena a tener que discutir sobre sus medidas y sus acciones. Se trata del mismo Fidel que a los pocos meses de su víctoria había afirmado que “el comunismo mata al hombre destruyendo su libertad”, para añadir que “cuando se persigue a un solo hombre por sus ideas políticas, nadie puede sentirse seguro”. Poco después llegaron los soviéticos y le ofrecieron el petróleo y todo cuanto necesitase para mantenerse en el poder, y vío la ocasión de crear la versión de izquierdas de la endémica tradición latinoamericana de caudillismo criminal. Inició las purgas de los comandantes revolucionarios no comunistas, creó los campos de “ reeducación” para todos los ciudadanos que no estuvieran de acuerdo con las medidas gubernamentales, confiscó la capacidad de decisión de cualquier otro que no fuese él, e instauró la pena de muerte, con el beneplácito de Ernesto Guevara que, para ir abriendo boca, firmó nada más llegar al poder y de un plumazo un decreto por el cual se ejecutaba a cincuenta presos, gusanos, por supuesto. Se opuso al imperialismo norteamericano entregándose al imperio totalitario soviético, y mandó tropas cubanas a los continentes africano y asiático siguiendo las órdenes de la metrópoli soviética.
La hermandad de Castro con el fascismo, propia de su raiz común totalitaria, fue quedando clara cuando decretó una semana de luto nacional por la muerte de Franco, y otra por la muerte de Perón, y ha seguido en ello oponiéndose al encierro en Londres de Pinochet. Una defensa gremial del oficio de dictador, no fuese a suceder que en uno de sus viajes…
Paco Frutos, lider del PC español, dijo hace poco que él no tendría ningún problema en Cuba; él no, claro, el problema lo tiene el pueblo cubano, que ha pasado de los campos de Weyler a los de Castro. Finalmente el camarada Frutos puede ir a Cuba y salir, lo cual no pueden hacer los ciudadanos cubanos , condenados a residir bajo el yugo castrista, pues la nación toda se ha convertido en un campo de concentración, un lugar donde por definición no se puede salir y donde se vive en el acatamiento constante de las órdenes de unos dirigentes autoinvestidos como tales por obra y “gracia” de la ideología marxista, que por definición es la única capaz de liberar a los pueblos…sin el consentimiento de éstos, claro. El pueblo cubano tiene que seguir sufriendo la humillación permanente de la dictadura, la tortura y la muerte, la imposibilidad para decidir por sí mismo, para defenderse o quejarse, para leer o escribir lo que quiera, para participar en cualquier iniciativa propia no reglada ni pautada por el poder…
Al pueblo cubano se le viene negando la solidaridad internacional de las mentes progresistas del mundo, pues como lo constató Rousset, a estos les parece aceptable el sojuzgamiento permanente en que vive el pueblo cubano, pues la culpa de ello no es de Fidel, sino de los gobiernos USA.¡Ya le gustaría a Fidel no tener que torturar ni ejecutar a nadie! Pero si lo hace es por culpa del bloqueo yanki. El leninismo ha hecho una aportación fundamental a la historia penal: el que es torturado ,ejecutado o encarcelado por un gobierno comunista no es víctima, no merece apoyo ni defensa, es siempre culpable, y en última instancia es objetivamente colaborador del imperialismo yanqui. Como la víctima de la Inquisición, tal vez no sepa que el diablo obra a través de él y que sólo le cabe corroborar lo que el torturador le va indicando y aceptar su crimen y su castigo como forma de expiación. ¿Qué esperanza le cabe al pueblo cubano? Pues esperar que los progresistas occidentales consigan instaurar una dictadura del proletariado en Estados Unidos. Mientras a tomar mojitos y a bailar, que son todos muy felices…por decreto, y al que se empeñe en negarlo, pues se arriesga a que se le saque la confesión de felicidad bajo tortura.
Los judíos de Castro …y de Fraga
Ignacio De Llorens (2005)
Ha vuelto a ocurrir. Otro de los hermanos Castro ha visitado a Fraga. En esta ocasión ha sido Raúl, que es a Fidel lo que Beria era a Stalin. No estaba todavía Fidel asentado del todo en el poder en 1959 cuando Raúl organizó en un mes quinientos fusilamientos. Che Guevara, más tímido, contribuyó firmando cincuenta ejecuciones más.”Qué tal don Manuel, hacía rato que no nos veíamos”, le dijo Raúl a Fraga el mes pasado. “¡Hombre!…”, empezó a responderle don Manuel. Queda evidenciado, una vez más, que Fraga es el más comunista de los políticos españoles, del mismo modo que los Castro son los más franquistas de los politícos latinoamericanos. Cada vez que pueden lo demuestran fehacientemente. El totalitarismo, en sus dos rostros, forma una misma moneda. En una cara los cuatro hermanos Castro que vienen nepóticamente tiranizando al pueblo cubano, en la otra Franco y Fraga. Por encima de supuestos pleitos ideológicos, que ya se ve que no deben ser tales, la hermandad galaica, la unión de todos a través de ese ente religioso, la patria, sea grande o chica, que religa a todos sus hijos.
La relación de los caudillos gallegos viene de lejos. Cuando en 1966 el escritor cubano recientemente fallecido, Guillermo Cabrera Infante, consiguió salir de Cuba, pensó instalarse en Madrid. La España franquista de entonces acogía a buena parte de la colonia de jóvenes escritores latinoamericanos del famoso “boom”, con García Márquez a la cabeza. Pero el gobierno franquista, por boca de su eximio ministro Fraga Iribarne, le negó el asilo y censuró sus libros, que también estaban y están prohibidos en Cuba. A la muerte de Franco el régimen cubano declaró una semana de luto nacional, con banderas a media asta, y asusta pensar los homenajes que se darán si fallece alguno de esos rostros de la moneda totalitaria.
La última batalla librada por don Manuel debe haber creado más lazos con la familia de tiranos que someten Cuba. En efecto, Fraga se ha puesto histérico con la ley recién aprobada en virtud, mejor sería decir en vicio, de la cual los homosexuales quedan equiparados en derechos y defectos con los heterosexuales a la hora de casarse. Los “mariconzones” de Fidel pueden casarse en España. Esta “mariconada” de ley ha recibido toda clase de denuestos fragianos que a buen seguro habrán despertado la admiración de los Castro, que como hiciera Hitler en su momento, tienen montado un campo de concentración para homosexuales, el cual está presidido por una lema que es una versión adaptada del que presidía los campos nazis:”El trabajo os hará Hombres”, dicen los campos en Cuba, según nos cuenta Cabrera Infante en su excalente libro compilatorio de sus textos sobre la isla caribeña Mea Cuba.
Si es que a unos machotes como los Castro o como Fraga esto de la homosexualidad los enerva. La persecución de los intelectuales homosexuales en Cuba es conocida a través de los casos de Nestor Almendros, el oscarizado fotógrafo hijo de maestros anarquistas catalanes, o el de los poetas Severo Sarduy o Reinaldo Arenas, son los estandartes de la terrible persecución de miles de homosexuales anónimos. Hasta Sartre, que al fin de sus días tuvo algún conato crítico con los regímenes totalitarios de izquierda que había defendido incondicionalmente reconoció que “Castro no tiene judíos, pero tiene homosexuales”. Algunos de estos “judíos” deben formar parte de los 20.000 desaparecidos en el mar o en las entrañas de los tiburones, del mismo modo que deben estar incluidos en la población penal, en esos 30.000 prisioneros de las mazmorras castristas.
Seguramente Fraga, que aprovecha los encuentros con los Castro para, entre otras cosas, interceder por la libertad de presos cubanos descendientes de gallegos, debe poner como condición que no figure en el paquete liberado ningún “mariconzón”. Es sabido que Castro trafica con presos. Presos a cambio de medidas favorables al régimen. Los políticos occidentales que quieren hacer méritos humanitarios para sus votantes se llevan algunos presos liberados a cambio de declaraciones y acuerdos con Castro. Así premia Castro a los gobernantes amigos. Cabrera Infante nos lo recuerda:”Castro ha regalado presos políticos al reverendo Jackson y hasta a Manuel Fraga, que no tiene sotana aunque fue sacerdote laico en el altar de Franco. Ahora el Papa (Se refiere Cabrera al viaje de Woytila a Cuba) también pide presos. Antes, cuando llegaba un viajero eminente a Cuba, como Churchill, se le regalaba puros de marca. Ahora se les regala seres humanos. Algo habremos ganado cuando a estos desafectos no les espera la hoguera para hacerlos cigarros humanos”. Pero a los homosexuales Castro sólo se los regala a los yanquis, junto con rateros y demás “escoria”, nunca le haría la jugarreta de regalárselos a un buen amigo como Fraga, porque además en España ahora los “mariconzones” pueden casarse y adoptar niños que pueden ser hasta…cubanos.
El Naturismo Ecológico en Cuba
Eduard Masjuan
[Fragmento tomado del artículo “La Cultura de la Naturaleza en el Anarquismo Ibérico y Cubano”, publicado en Signos Históricos, # 15, 2006, México, y accesible en http://148.206.53.230/revistasuam/signoshistoricos/include/getdoc.php?id=342&article=193&mode=pdf]
La cultura de la naturaleza en el anarquismo cubano tuvo una importante relevancia en un naturismo social inspirado en Peter Kropotkin y Elisée Reclus. Igual que en la metrópoli, la formación de la clase trabajadora cubana fue forzosamente autodidacta. Todavía en 1899, 65% del total de la población cubana era analfabeta. Cuarenta años más tarde, la cifra de analfabetismo se redujo espectacularmente hasta llegar a 16%.
Los prolegómenos del proceso de culturización obrera se iniciaron desde la biblioteca de la Sociedad Económica del País, fundada en 1793. Dicha sociedad de La Habana, albergó desde 1861 y hasta 1868, la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales. Durante este periodo, también se instituyó la lectura en las galeras de las tabaquerías. La idea fue concebida por el torcedor de tabaco de origen asturiano, Saturnino Martínez, tras lograr un puesto de bibliotecario en la Sociedad Económica. Este obrero, empleado durante el día en la fábrica de Partagás, por las noches acudía a la biblioteca para leer y estudiar. Allí, fue donde ideó implantar la lectura en las factorías tabaqueras. Así, al tiempo que ejecutaban el monótono trabajo manual, los obreros escuchaban las lecturas con auténtico fervor, hasta el punto que la instauración de la lectura en los centros tabacaleros no pudo ser abolida más que temporalmente, cuando los empresarios o los gobiernos intentaron promover su desaparición.
De ahí surgieron, a partir de 1865, las primeras publicaciones de la clase obrera, con lo que se consiguió la incorporación de personas del ámbito intelectual dispuestas a fomentar la educación, y se logró incluso, que la Biblioteca de la Sociedad Económica adaptara su horario para favorecer el acceso de los trabajadores. Las crónicas de 1865 relatan que, en las salas de lectura de la biblioteca faltaban sillas debido a la multitud de asistentes. En Barcelona, el lugar que cumplía las mismas funciones de extensión cultural, fue la Biblioteca Arús, inaugurada en 1895 y dirigida por Eudald Canivell.
A partir de 1887, Enrique Roig San Martín, que se había formado en los centros tabaqueros, impulsó el periódico anarquista El Productor, desde el cual se promovía la lectura colectiva de los artículos de Kropotkin relacionados con las bases científicas del anarquismo: Elisée Reclus, Fernando Tarrida del Mármol, Josep Llunas, entre otros. A la transmisión oral, se añadió en seguida, la escrita en prensa y, en menor medida, en libros; a partir de 1880, se incrementaron las relaciones solidarias entre anarquistas españoles y cubanos. El grupo barcelonés Benavento, estaba integrado, entre otros, por el ingeniero nacido en Cuba Fernando Tarrida del Mármol, agente del Comité pro Cuba Libre en París (del que formaban parte los hermanos Reclus) y Adrián del Valle Costa. Ambos, con el resto del grupo, transmitieron sus ideas de fe en las ciencias naturales para dar fundamento racional a las cuestiones sociales. En esos años, el movimiento obrero de la capital cubana era de los más cohesionados de América Latina y estaba centrado en dos frentes: las reivindicaciones económicas de clase y la causa independendista.
El anarquista catalán Adrián del Valle, viajó a Cuba en 1895 y fue expulsado por las autoridades españolas, lo que le obligó a trasladarse a Estados Unidos, desde donde inició una gran campaña en favor de la independencia de la isla. Finalizada la guerra, del Valle regresó a Cuba donde residió hasta su muerte. Fundó el semanario anarquista Tiempos Nuevos y otros periódicos ácratas.(29) De 1900 a 1925, en Cuba se registró el gran crecimiento de inversiones en la industria azucarera y un espectacular aumento de la población (a decir verdad, se triplicó). Este crecimiento demográfico, en gran parte se debió a la inmigración de españoles y jamaiquinos, además de la expansión demográfica natural. Todo ello casi cambió el carácter de la población cubana.(30)
Es en este periodo cuando el proletariado cubano impulsó la creación de Escuelas Modernas racionalistas como las de Cataluña, salas de lectura, bibliotecas en los centros obreros y escuelas nocturnas para adultos. Desde estos lugares, el neomalthusianismo principió —en las zonas urbanas claramente abiertas a la cultura europea en materia de educación, medicina, arte, etcétera—, para extenderse progresivamente a las zonas rurales.
Este desarrollo de la cultura obrera cubana se puede hallar también vinculado con la Naturaleza, a partir de 1915. En ese año, Adrián del Valle y Aquilino López, un antiguo miembro de la Sociedad de Marmolistas, iniciaron una gran campaña de divulgación del naturismo vinculado con el comunismo libertario. En cierto modo, recogieron la tradición naturista terapéutica de los médicos cubanos como el masón José Alonso Aladro, Pantaleón J. Valdés, Mateo Fiol o Vicente Santos Verdú.
La labor de extensión cultural de del Valle en el campo del naturismo social en Cuba, la desarrolló desde su puesto de bibliotecario en la Sociedad Económica de Amigos del País, desde 1914 hasta su muerte en 1945. En esos años, ocupó, alternativamente con Aquilino López, la dirección del periódico Pro-Vida, portavoz de la Sociedad Naturista Cubana. Aquilino López y Adrián del Valle fueron quienes, al tiempo que se consolidaba la organización del Centro Obrero, los ateneos y las escuelas libertarias, aportaron al naturismo los contenidos sociológicos y geográficos de Peter Kropotkin y Elisée Reclus, a la vez que fomentaron y divulgaron el neomalthusianismo de Paul Robin y de Luis Bulffi.
De este modo, las teorías naturistas inspiraron un movimiento cultural respecto a la Naturaleza y la sociedad que se trasladó al resto de las publicaciones anarquistas de aquellos años en que floreció y se desarrolló la geografía médica —o ecología de las enfermedades— a cargo de médicos higienistas,(31) cuyos trabajos eran presentados en la sede de la Sociedad Económica y que se hallan comentados y divulgados en los medios de difusión obreros. Se aportaban valiosos estudios sobre los climas, los suelos y las aguas —como las popularmente reverenciadas de Santa Fe, en la Isla de Pinos.
Todo ello acompañó este intento de transformación cultural de los medios de existencia física y social del proletariado urbano de Cuba, tratando, con cierto éxito, de conciliar el apoyo mutuo con la naturaleza humana. Para ello, se construyó una cultura de la naturaleza —diferente a la del naturismo de moda en otros países—, con unas singularidades culturales, como estrategia de vida, realmente muy avanzadas e interesantes.
El naturismo cubano, como movimiento reformador del individuo y de la sociedad, partió de los obstáculos que imponía el orden económico, político y moral al desenvolvimiento de la condición natural en los seres humanos y, por ello, trató de edificar un nuevo orden social que no estuviera en pugna con ese desenvolvimiento. Adrián del Valle escribió en Pro-Vida, en la década de 1920, todo un programa positivista-lógico del naturismo con estas palabras: “vivir conforme a la ley de nuestra naturaleza, para conservar la salud individual y facilitar el desenvolvimiento de nuestra especie”.(32)
El naturismo cubano proponía, mediante la ciencia, determinar la estructura social que garantizara de mejor manera su estabilidad con el medio ambiente, a partir de estudiar a los humanos física, psíquica y cósmicamente, al entender que las personas están influidas tanto por el medio social como por el ambiental. En definitiva, como escribió Adrián del Valle, era una clara apuesta por una coevolución social sustentable con la naturaleza: “El Naturismo filosófico debe proponerse únicamente el conocimiento de la naturaleza que circunda al hombre, la que constituye su medio. Estudiar al ser humano, en su naturaleza propia (constitucional) y en sus relaciones con el medio social (agregados humanos) y el medio natural (terrestre y cósmico). Y de semejante estudio deducir las reglas físicas, morales, sociales y naturales, más convenientes a la vida normal y armónica de los hombres”.(33)
El naturismo cubano de aquellos años aspiraba a convertirse en doctrina de la naturaleza circundante y universal, por estar convencido de la íntima relación de los seres y el medio en el que viven. No se trata, por ello, de una simple idea de regreso a una naturaleza idílica, pues como escribe del Valle: “[...] para la readaptación natural, el esfuerzo individual no basta. Se hace indispensable el colectivo que llegue a modificar las condiciones económicas, políticas y sociales que nos mantienen dentro de un medio morboso de vida”.(34)
Las actividades de la Casa naturista Pro-Vida —situada en el número 57 de la calle Neptuno en La Habana—, desde 1915 hasta 1940, tuvieron una amplia adhesión, además del anarquismo, de los sectores teosóficos, espiritistas, socialistas, masones, etcétera. Los fondos documentales existentes en la Sociedad Teosófica de Cuba y en diversos archivos del país podrían servir para documentar una interesante investigación de historia ambiental encaminada a recuperar los antecedentes de la nueva cultura de la naturaleza desde aquellos años hasta la actualidad.
Notas
(29) Para la evolución del movimiento obrero cubano en la segunda mitad del siglo XIX véase Joan Casanovas Codina, ¡O pan o plomo! Los trabajadores urbanos y el colonialismo español en Cuba, 1850-1898, Madrid, Siglo XXI Editores, 2000. Para el anarquismo en Cuba durante el siglo XX, véase el relevante libro de Frank Fernández, El anarquismo en Cuba, Madrid, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2000.
(30) Joan Martínez Alier y Verena Martínez Alier, Cuba: economía y sociedad, París, Ruedo Ibérico, 1972.
(31) Véase Enrique Beldarraín, “Evolución histórica de la geografía médica de Cuba”, en ILÉ Anuario de Ecología, Cultura y Sociedad, núm. 3, 2003, pp. 93-111.
(32) Adrián del Valle, “El naturismo IV”, en Pro-Vida, núms. 88-89, 1924, pp. 1-2.
(33) Adrián del Valle, “El naturismo”, en Pro-Vida, núms. 106-108, 1926, pp. 1-2.
(34) Adrián del Valle, “Readaptación”, en Pro-Vida, núm. 124, 1927, pp. 1-2.
Entrevista con el historiador anarquista Frank Fernández (2006)
Aldo Rosado-Tuero (de CubaNuestra)
Como siempre que nos encontramos, disfrutamos con Frank Fernández de su erudición y sus desplantes jodeosóficos, pero esta vez quisimos hablar en serio con el historiador que hay en él y para beneficio de los lectores aquí van las preguntas que le hice y sus agudas respuestas.
ART-Frank, desde tu punto de vista de historiador, más que de militante, háblanos de la postura de los anarquistas cubanos ante el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 y de su participación en la lucha contra la “dictablanda” implantada por Batista.
FF- Me pides que hable el historiador no el militante, pero ¿como se pueden separar una cosa de la otra?
El discurso del historiador es siempre subjetivo, no importa lo que diga nadie, es muy difícil la objetividad cuando se trata de ideas. Se puede hablar en tercera persona y eso siempre hago.
Por supuesto que desde le punto de vista teórico los anarquistas se opusieron al golpe de Estado del 10 de marzo, de la misma forma que se habían opuesto al colonialismo español, la intervención yanqui, al autoritarismo de Menocal, a los crímenes de Machado, al militarismo de Batista en su primera etapa. La seudo democracia que se practicó en algunos años de res-pública toleró a los anarquistas o trató de ignorarlos. La respuesta era de acuerdo con la agresión del gobierno, si era violenta los libertarios ejercían la violencia; si era a través de la prensa se le respondía con el mismo estilo que eran atacados. Los anarquistas que representaban las ideas dentro de la CTC se sumaron el primer día a la huelga general que se convocó, como es bien sabido el Secretario General de dicha entidad Eusebio Mujal, pactó con los golpistas a cambio que no se tocara la Confederación.
Esta actitud fue repudiada por varios de los responsables anarcosindicalistas pero ante la realidad política de aquellos días, tuvieron que mantenerse en sus puestos hasta mejores días. En marzo de l955 en una reunión titulada Conferencia Nacional Libertaria, convocados por un Consejo General, donde se evalúa la situación política de Cuba y se critica abiertamente la dictadura de Batista por haber suspendido en varias ocasiones las “garantías constitucionales”; haber prohibido la publicación de El Libertario, “la restricción de la Libertad en todos sus aspectos, los vejámenes y las persecuciones…” y finalizan acordando “… que nosotros los libertarios nos enfrentemos al Régimen con todos nuestros esfuerzos…” Para 1956 la Asociación Libertaria de Cuba (ALC) publica un folleto Proyecciones Libertarias donde al mismo tiempo que denunciaba “…la política nefasta de Batista y sitúa su posición (la ALC) hacia la lucha por la libertad” pone en su lugar previniendo contra “la actitud autoritaria que emanaba de las sierras orientales”, en referencia a Castro.
En l957 y en la llamada Conferencia Anarquista Americana celebrada en Montevideo, los delegados cubanos incluyen al gobierno de Batista entre las dictaduras que padecía el continente. Algunos libertarios entran de lleno en la llamada “guerrilla urbana” como Gilberto Lima e Isidro Moscú mientras que otros optan por la lucha en las sierras, como Placído Méndez y Luis Linsuaín. Los cuerpos represivos detuvieron y encarcelaron un numeroso grupo de activistas de la ALC mientras que otros marcharon al exilio.
ART-¿Cuales fueron las expectativas, si tuvieron algunas, de los ácratas del patio al triunfo revolucionario en 1959?
FF- En realidad para los primeros días de enero del 59 la mayoría de los anarquistas aceptó con júbilo la derrota de ejército de Batista aunque existieran ciertas dudas sobre los vencedores. En términos generales los anarquistas esperaban que los revolucionarios hicieran cambios en la sociedad cubana y en el polìtica corrupta de más de medio siglo de abusos contra el pueblo. Estaban de acuerdo en que el agro fuera reformado, se respetaran los derechos civiles de todos, terminara para siempre el militarismo y el nivel de vida de los trabajadores mejorara notablemente. Pero los revolucionarios tenían otras ideas y empezaron a perseguir a todos los dirigentes de la CTC acusándolos de cómplices con la dictadura. En ningún momento los orientadores anarquistas estuvieron de parte de Batista o apoyaron a Mujal, y lo mismo ocurrió con otros sindicalistas que respondían al Partido Autentico o la Ortodoxo que también fueron purgados por los elementos del 26 de Julio que se dedicaron a ocupar sus posiciones, a pesar del repudio de los trabajadores que por cierto se mantuvo neutral entre batistianos y fidelistas. Los agentes revolucionarios del 26 de julio no tuvieron nunca simpatías en las bases sindicales cubanas y solo escalaron el poder mediante el triunfo revolucionario
ART-¿Qué actitudes adoptaron la mayoría de los anarquistas ante el camino totalitario tomado por Fidel Castro?
FF-La confrontación entre los ácratas y los revolucionarios estaba ya en las puertas a finales de l959 cuando el X Congreso de la CTC, llamado popularmente “el de los melones” por su parecido con esa fruta. Esta vez entraban en juego los viejos sindicalistas del Partido Socialista Popular (PSP) antiguos cómplices del régimen batistiano y que ahora, disfrazados de jacobinos, se dedicaron a imponer sus consignas en este Congreso con el apoyo Castro y su gobierno. La débil actitud o la complicidad de los agentes del 26 de julio dentro de los sindicatos cambió el rumbo del sindicalismo cubano, convirtiéndose, con esta jugada política dentro del proletariado en otro ministerio del gobierno revolucionario. Las cosas iban de mal en peor pues la reforma agraria legalizada por decreto, tomo el rumbo del socialismo marxista, la influencia de PSP se hacía cada vez más notable y la libertad de expresión empezaba a escasear. Ya para el verano de l960 en una de las primeras protestas públicas que se le hacen al sistema imperante es publicada en La Habana en forma de folleto con el título de Declaración de Principios donde se atacaba al “Estado en todas sus formas..”; definía la función de los sindicatos y federaciones; declaraba que la tierra pertenecía al que la trabajara; condenaba el centralismo agrario decretado por el gobierno; hacía énfasis en la educación colectiva y libre a todos los niveles; se proyectaba contra el imperialismo el nacionalismo y el militarismo; atacaba el “centralismo burocrático” proponía el federalismo como forma de gobierno basado en la Libertad individual y colectiva, declarando que la revolución cubana era como el mar “de todos” y finalmente condenado “…las tendencias autoritarias que bullen en el seno mismo de la revolución”. Despuès de esta Declaración que firmaba la Agrupación Sindicalista Libertaria, con el objeto de proteger a ALC de cualquier persecución, pasatiempo ya establecido por los ya creados cuerpos represivos del gobierno, la confrontación era eminente y las detenciones y condenas a prisión se intensificaron. Tampoco se debe olvidar que algunos anarquistas de forma individual se dedicaron a ejercer la violencia como respuesta como la formación de guerrillas en la Sierra de los Órganos y el retorno a la “guerrilla urbana”, tácticas ambas fallidas.
ART-¿Hubo o hay actualmente una oposición (aunque sea pequeña) organizada desde la óptica libertaria, en contra de la tiranía castrista?
FF-El gobierno respondió por medio de sus voceros más feroces, el seudorevolucionario Revolución y el estalinisita Hoy, después el cierre de Solidaridad Gastronómica y El Libertario voceros de los ácratas y la persecución de los anarquistas más comprometidos en la lucha contra el sistema. Pero desde el punto de vista orgánico ciertamente no hubo “una oposición organizada” por esos años por parte de los anarquistas, como tampoco la hubo parte de casi nadie. Pero individualmente sí se combatió el sistema imperante que ya olía demasiado a un estalinismo tropical. Y mientras ya se presentaban tres caminos: el paredón, el exilio o la cárcel, los anarquistas tuvieron que tomar por esas rutas. Fusilados fueron los alzados en San Cristóbal, Pinar del Río, a la cárcel fueron oficiales de ejército rebelde junto con anarcosindicalistas y hasta la anarquista Suria Linsuaín, hermana de Luís, condenado a muerte y luego conmutada la pena a 30 años de cárcel y al exilio todos aquellos que salieron en silencio y otros que se asilaron en las embajadas de México y Venezuela y que sin lugar a dudas habían cometido actos de violencia contra el sistema. La persecución se generalizó y de hecho se prohibieron la divulgación de textos o ideas anarquistas y cualquier tipo de asociación o propaganda fueron severamente perseguidas y toda esta falta de libertad y abundancia de represión ha llegado a nuestros días. La oposición desde afuera, que generalmente es muy difícil y fue mal comprendida por los compañeros en el resto del mundo empezó en Nueva York en l961, continuó en Miami y todavía es un hecho en México con el nombre de Movimiento Libertario Cubano (MLC) y aunque las estrategias y agendas han cambiado la oposición al castrismo se mantiene con vida fuera de Cuba. No hay duda que dentro de Cuba hay anarquismo, pero es dificultuoso, mal entendido y como de costumbre, para no perderla, perseguido. El castrismo no le puede dar un espacio político a los anarquistas dentro de Cuba pues entienden sus dirigentes que son ideas peligrosas utópicas y predican con demasiada insistencia la libertad, palabra cuyo significado no existe en el lenguaje de los cubanos de a dentro.
ART—¿Puedes dar a los lectores algunos ejemplos de militantes libertarios que lucharon activamente contra el totalitarismo fidelista?
FF-Me parece que la pregunta es retórica. Todos los anarquistas, sólo por principios y coherencia con sus ideas tienen el deber de luchar contra el totalitarismo en cualquier lugar del mundo en que residan, si de lo que se trata es mencionar a los jugadores más destacados del juego, te puedo decir que ya están muertos, que mencionar a varios es no hacerle justicia a todos, que armados sólo con ideas de Libertad murieron olvidados dentro de Cuba, otros que sufrieron largas condenas en las inenarrables cárceles castristas, otros que nadie sabe donde fueron enterrados pertenecen a la ecología de la Isla y que muchos buenos y leales ácratas, descansan para siempre en estas y otras tristes playas del destierro. Fueron y siguen siendo muchos años de exilio un precio demasiado caro por su amor a Cuba. Si te digo que franqueza que ni su ejemplo fue traicionado, sus luchas perdidas ni su causa olvidada. Que nos legaron sus ideas, su comportamiento y ese sentido de sacrificio personal innato en aquellos que creen firmemente en un ideal de Libertad y de Justicia. Que los recordamos y que estamos en el deber de pasarle a las generaciones de cubanos que nos sustituyan los ideales libertarios que heredamos de ellos. Debemos recordarlos a todos colectivamente como luchadores, como un grupo de trabajadores, como obreras, como campesinos que prefirió vivir consecuentes y coherentes con un ideal peligroso y sublime que acumulando riquezas o rezando en una iglesia.
ART- ¿Crees posible (y esta es una pregunta al militante más que al historiador) que se pueda intentar la implantación de la autogestión en Cuba, a la caída o transformación del régimen actual?
FF-La palabra “implantar” puede tener connotaciones autoritarias así que preferiría implementar. En primer lugar la autogestión fue practicada en Cuba antes y con la revolución de forma modesta y casi desconocida. Estoy seguro que te acuerdas de las cooperativas de pescadores en Caibarién, que era una forma autogestionaria de “organizar racionalmente su vida en unión de otros hombres sin intervención externa alguna” según Kropotkin en El apoyo Mutuo; también en la bahía de La Habana, entre los pescadores “viveristas” se practicó este sistema y existieron en los cafetales de Baracoa este tipo organización en cooperativas libres. Pero antes de entrar en detalles se debe aclarar a que autogestión me refiero, pues resulta que hay otras que no concuerdan con las que proponen los anarquistas. Los monasterios de la Edad Media eran autogestionarios, los empresarios neo liberales también usan el concepto en su propaganda y los componentes del Partido Libertario, que no tienen nada que ver con los ácratas, también se declaran “autogestionarios”, por eso creo necesario antes de poner a funcionar un programa autogestionario dejar aclarado por donde son los tiros con referencia a los anarquistas. Desde Zenón el estoico (342-270 a.C.) que rechazaba la coacción externa y valora el impulso moral del individuo hasta Kropotkin en su obra citada y su opinión al respecto, pasando por William Godwin (l756-1836), Owen y Fourier, ya en el siglo XIX, y aparece Pierre Joseph Proudhon que resulta ser el verdadero padre no sólo del concepto sino también de su aplicación. Proudhon basa su autogestión apoyada en su amor a la libertad, pasión por la justicia social y el sentido de la igualdad entre los hombres.
El control de los instrumentos de producción industrial y agrícola deben ser realizadas por cooperativas obreras y campesinas que tomarían decisiones democráticas y le garantizarían a sus componentes los beneficios proporcionales a la contribución que hicieran con su trabajo. Explicación que ofrezco en forma sencilla y comprensible. En cuanto a implementar este tipo de ideas dentro de la sociedad cubana yo creo firmemente que no se debe esperar “a la caida o trasformación del régimen” para ponerla en práctica. Las ideas del anarcosindicalismo dentro de la clase obrera implican la formación de sindicatos libres y como otra forma autogestionaria de trabajo, eso es posible dentro del mismo sistema totalitario que padecemos con la formación de “sindicatos paralelos” a los oficialistas, que tuvieron éxito en la España de Franco. Me gustaría insistir que la autogestión tiene que practicarse con entera libertad y acuerdo mutuo de sus participantes. Lo que nos trae como consecuencia lo necesario, aunque no imprescindible, de la descentralización a nivel del Estado. No creo que se deba esperar a que voluntariamente se descentralice el aparato estatal o el pueblo cansado de tantos abusos decida cambiar el estatismo centralizado por un federalismo bien libre y autónomo; me parece que se puede empezar desde ahora a plantearle a los cubanos estas ideas autogestionarias que se pueden aplicar en cualquier campo de la economía cubana.
ART- Y por último Frank ¿cual es tu punto de vista particular sobre lo que pueden esperar los militantes anarquistas a la muerte de Castro y el advenimiento de una posible transición; y sus ulteriores aspiraciones?
FF-Me parece que he contestado tu cuestionario desde mi punto de vista histórico y he sido empujado, sin mucha consideración, en la pregunta anterior a los campos de la filosofía y la economía, hasta ahí puedo explicar coherentemente mi pensamiento. Si ciertamente se me considera un historiador no me parece muy inteligente meterme en un campo tan difícil como la adivinación numérica, la magia profética, el oráculo de Santos Suárez o el babalao en Guanabacoa. Para decepcionar a muchos, me temo que en Cuba va a venir una sucesión ordenada y rigurosa que ponga en práctica una serie de “aperturas” cosméticas y retóricas, planificada desde arriba y con el apoyo de los potomacos, por todo lo cual la desaparición del caudillo se podría prestar a un sistema de gobierno aceptado por casi nadie, creo que fue Lampedusa el que dijo que había que moverlo todo para no cambiar nada o algo por el estilo y me parece que vamos por ese camino. ¿Que actitud se tomará para tiempos inciertos? ¿Que posibilidades tiene los anarquistas de poner en práctica sus ideas? ¿Que número saldrá esta semana en la lotería? Estas preguntas son como las tuyas de carácter hipotético y no creo que sería muy serio contestarla con hipótesis ignoradas o grandielocuentes como es el estilo de los pobres profetas perdidos.
ART- Sintiendo mucho “haberte empujado hasta donde te he empujado” agradezco tu disposición a contestar las preguntas para los lectores, y tu valioso tiempo. Gracias
Viaje al Sur de un anarquista cubano (2007)
Frank Fernández
[Publicado originalmente en Cubanuestra, Suecia]
Medio siglo antes de mi visita a Argentina y Uruguay, los dos últimos anarquistas cubanos que habían hecho acto de presencia hasta al lejano Sur, fueron los dos delegados en misión de la Asociación libertaria de Cuba, Juan A. Álvarez y Casto Moscú a la llamada Primera Conferencia Anarquista Americana celebrada en Montevideo en junio de l957 y en la cual participaron delegados de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. La Liga Libertaria norteamericana fue representada por un informe sobre su país por lo compañeros cubanos y distintas organizaciones anarquistas en el continente hicieron llegar su adhesión: México, Panamá, Perú, Santo Domingo, Haití, Bolivia y Ecuador.
Medio siglo antes de mi visita a Argentina y Uruguay, los dos últimos anarquistas cubanos que habían hecho acto de presencia hasta al lejano Sur, fueron los dos delegados en misión de la Asociación Libertaria de Cuba, Juan A. Álvarez y Casto Moscú a la llamada Primera Conferencia Anarquista Americana celebrada en Montevideo en junio de l957 y en la cual participaron delegados de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. La Liga Libertaria norteamericana fue representada por un informe sobre su país por lo compañeros cubanos y distintas organizaciones anarquistas en el continente hicieron llegar su adhesión: México, Panamá, Perú, Santo Domingo, Haití, Bolivia y Ecuador.
Los delegados cubanos hicieron una declaración en contra de la entonces dictadura de Batista que llevaba ya 5 años en el poder. Mi viaje al Sur se realizó exactamente 50 años después para condenar el sistema totalitario de una dictadura militar, presidido por Fidel Castro que lleva ya casi 48 años de oprobio y represión contra el pueblo cubano.
Este periplo se realizó por tres razones; la amable invitación de la compañera Marina a Buenos Aires por la Federación Anarquista Argentina y la de Daniel a Montevideo por la Biblioteca Luce Fabbri que me habían hecho desde el Foro de Caracas en el 2006; la colaboración económica de mis compañeros del Movimiento Libertario Cubano en Norteamérica y el deseo de cumplir un viejo sueño de mi niñez, viajar a la Argentina. Fuí recibido calurosamente en Buenos Aires por Marina, Pablo y Edgar que me llevaron directamente a mi domicilio temporal en la calle Echague, muy cerca de la FLA en la avenida Brasil. Mis amables anfitriones, Alejandro y Lili, me ofrecieron su casa y su amistad por las dos semanas que estuve en Buenos Aires. Tuve la oportunidad de conocer el local de la FLA donde existe, sin lugar a dudas, la mejor hemeroteca y biblioteca anarquista del Continente y una de las mejores del mundo, la cantidad y el valor del material es abrumador y el trabajo que realizan los compañeros en dicho local sólo se puede comparar a la CIRA en Suiza. Existe de hecho un archivo importante para la historia del anarquismo en Cuba en algunos períodos del los que poco se sabe y aproveché mi estancia para organizar, leer y copiar estos documentos que sin duda tienen un gran valor histórico.
El 18 de mayo me reuní con casi todos los compañeros argentinos y además de intercambiar ideas, me hicieron una entrevista para El Libertario la publicación de la FLA y otra me dijeron, para una página del Internet. Expuse mis criterios, sin ánimo de convencer a nadie y alejándome de la confrontación que a veces se apodera de nuestros medios, Los compañeros argentinos por su parte oyeron la versión de un compañero anarquista cubano sobre los que pasó y sigue pasando en Cuba. El 19 de mayo se celebró una conferencia ya bien anunciada con bastante público y preguntas sobre lo que podría pasar en Cuba, indagación que siempre se presta a hipótesis y comentarios que no pasan de ser imponderables. La denuncia del castrismo no se hizo esperar para indiferencia de algunos e interés de muchos, pero fuí tratado con respeto y cortesía por todos. Conocí a Karina, mi traductora al portugués y gracias a ella me encontré, días más tarde en una plaza pequeña de San Telmo, a Kropotkin con un precio lo suficiente barato para poder comprarlo. Las atenciones que tuvieron conmigo en la FLA serían largas de contar pero siempre quedaran en mi memoria, Reclús, Malatesta, Kropotkin, Ghiraldo, Reparaz et al; las cenas de Marina, los tangos que cantamos y tantos momentos agradables y solidarios.
Aunque separados en tres sectores, la FLA, el Grupo Anarquista Libertad y la FORA que fueron de mi conocimiento – las cosas que siempre pasan entre todos los ácratas del mundo cuando no entra en crisis la sociedad que los rodea- noté la automarginación por parte de todos y esto no debería pasar entre gente joven con los mismo deseos de libertad. Ya esa sociedad en la que viven se encarga de marginarlos y estimo que es perjudicial que nos mantengamos reunidos en nuestras barricadas, leyendo y publicando nuestros materiales cuando nuestro deber es tener una relación más cercana con los elementos sanos de esa misma sociedad que trata de discriminarnos. También me pareció que no existe una influencia notable dentro de la clase obrera argentina, debido a causas de persecución y represión contra el anarcosindicalismo, pero estimo que en la situación actual de proletariado argentino se puede abrir un nuevo campo de praxis y educación ideológica entre los obreros. No se entienda todo lo escrito como un “consejo” sino como una opinión sincera. Además de El Libertario se publica Libertad, también con excelente material y una claridad meridiana con respecto a los elementos pro gubernamentales, pro chavistas y castristas que se mueven y tratan de penetrar dentro del campo ácrata, las experiencias recientes en México y Venezuela son buenos ejemplos. La FORA por su parte publica otro vocero llamado La Protesta. Tuve la oportunidad de leer Opción Libertaria que había llegado de Santiago de Chile con un interesante artículo contra el castrismo cubano.
A Montevideo llegué el 22 de mayo, siendo recibido por los compañeros Daniel y Beto que esperaron mi llegada con paciencia. Me domicilié en la Villa del Cerro, barrio obrero de larga tradición combativa desde el siglo pasado y en un lugar que me sentía como parte de la familia en la calle Ecuador, y donde combatíamos el frío con el calor solidario de dos anarquistas viejos, compañeras de toda su vida: Beto y Débora, una leyenda entre los anarquistas uruguayos y con los cuales estaré en deuda permanente por su interés y generosidad. Con más de sesenta años de trayectoria tanto Débora como Beto tienen una movilidad y dedicación que honra nuestra causa. Ya es difícil encontrar anarquistas de este temple y esa edad en cualquier lugar del planeta.
El 25 de mayo ofrecí una charla en la Biblioteca Luce Fabbri que también cuenta con un excelente archivo y biblioteca. Fui escuchado con atención y las preguntas siempre se ajustaron al tema, cosa que realmente agradecí. El 26 otra charla, después de una parrillada en una esquina del Cerro donde tienen su local los compañeros de la Biblioteka Anarkista, toda gente joven y alegre que estoy seguro entendieron el mensaje, que por supuesto fue el mismo de Buenos Aires y Montevideo y donde prevalece evidentemente también la automarginación y diferencias con los otros sectores anarquistas uruguayos como la FAU.
Por supuesto que entiendo que Cuba está muy lejos y que la revolución cubana todavía pueda ejercer una influencia sobre la gente joven que no tiene ni la remota idea de las condiciones en que vive el pueblo de Cuba, carente de espacio político, libertades individuales y derechos humanos.
Pero si se razona un poco esta falta de conocimiento, encontramos que la propaganda castrista ha podido llevar a muchos compañeros la idea de los “logros” en la salud y la educación, se trata de dos falacias repetidas hasta el cansancio y que aún admitiendo de que fueran una realidad, me gustaría referirme a unas recientes palabras del compañero italiano de Florencia Conrado cuando me escribe que “…..ningún logro por beneficioso que fuese, se puede comparar con el de la libertad.” Y por supuesto en Cuba no existe ninguna.
Razonemos con justicia esto de los “logros” que parecen haberse convertido en tres, la salud, la educación y la lucha sin tregua contra el imperialismo. El sistema de salud cubano es para los turistas que lo puedan pagar, el pueblo no recibe una sanidad positiva del Estado y los hospitales y centros de salud carecen de casi todo incluyendo medicinas. Se producen epidemias que casi han desaparecido en el Caribe y nadie las menciona. La educación es otra mentira, los cubanos teníamos casualmente, después de Argentina y Uruguay, el menor número de analfabetos en todo el Continente, y a la Universidad sólo pueden entrar en ella aquellos jóvenes que estén abiertamente apoyando al sistema castrista. Las carreras universitarias las dicta el Estado no la deciden los estudiantes. En cuanto a la lucha contra el Imperio se debe recordar que Cuba le ha comprado a las transnacionales norteamericanas un promedio de 1700 millones de dólares en los últimos cinco años y pagándoles al contado. Lo que prueba que el “bloqueo económico que sufre Cuba” es una falacia y la hipocresía de ambos lados del Estrecho es de proporciones cósmicas. Este tipo de comercio y la relación directa con inversionistas españoles, canadienses y hasta norteamericanos ha producido una fusión completa del capitalismo de Estado, administrado por una nomenclatura burocrática corrupta de corte mafioso y militar.
Pero aún en el caso de que fuera verdad esta “trinidad castrista”, si queremos hacer un balance justo de la situación actual y echar a un lado la propaganda cubana que sólo hace énfasis en sus supuestos “logros” y silencia categóricamente la parte negativa de su régimen totalitario, carcelario y represor. Hay que preguntarse ¿qué valor tiene para cualquier anarquista todos estos beneficios y logros que dice la propaganda que el régimen concede, cuando ese mismo sistema es de hecho, dictatorial, represivo y liberticida? ¿Se toleran nuestras ideas en Cuba?
Regresé a Buenos Aires el 29 de mayo y de nuevo tuve el gusto de charlar, leer, consultar y estudiar algunos materiales interesantes, que me fueron obsequiados, originales o copias de periódicos y revistas cubanas de antes del castrismo y después desde el exilio de Miami. Mis últimos días los dediqué a recorrer mi barrio de Constitución y en compañía de Alejandro por Corrientes, de Marina y Karina por Tigre y tener la oportunidad de conocer parques, plazas y museos, tomar café en Tortoni y caminar la ciudad con mis huesos a cuestas y un frío húmedo capaz de congelar a un pingüino.
No termino mi reseña sin agradecer a todos los que hicieron posible este viaje, al trato solidario y anarquista que me dieron en general. la generosidad y cortesía que tuvieron con éste viajero pero más que todo el calor humano y la oportunidad de conocer y aprender de tanta gente jovial y amable. Esperando que en el futuro la visita de cualquier anarquista cubano a Buenos Aires y Montevideo no se tarde medio siglo, les deseo a todos salud.
Cuba, la revolución que no fue
José Fernández Paniagua
[Publicado originalmente en TIERRA Y LIBERTAD, octubre 2007]
Así es y así me atrevo a decirlo, a pesar de las previsibles acusaciones de todo tipo: en nuestra débil democracia electiva, y en el injusto y embrutecedor sistema capitalista, existe la posibilidad de organizarse, instruirse y crecer individual y colectivamente en el movimiento libertario; existe la posibilidad de seguir luchando, cosa que en el sistema totalitario cubano no
El régimen cubano suscita pasiones por doquier, a favor y en contra, la mayor parte de las veces sin posibilidad de matizar entre los dos extremos. Los comunistas originados en Marx, a pesar de haber visto fracasar una y otra vez su doctrina “científica” y su praxis política, encuentran nuevas referencias -ahí está el inefable Chávez y su anacrónico populismo bolivariano- y persisten en algunas viejas, como es el caso de la cubana, a pesar de su negación de la libertad en todos los ámbitos de la vida -por otra parte, común en todas las dictaduras comunistas creadas en el siglo XX-. Si los anarquistas cubanos participaron activamente, como es lógico, en la lucha contra la dictadura de Batista, pronto se encontrarán con una represión en las filas anarcosindicalistas a la llegada de Castro al poder; advertirán en sus publicaciones sobre el centralismo estatal y el autoritarismo, señalarán la excesiva influencia del Partido Comunista Cubano y reclamarán democracia en los sindicatos. La autogestión y la emancipación de la clase trabajadora estarán, una vez más, muy alejadas de la praxis comunista; la deriva del Estado cubano, con su falta de libertad y de iniciativa propia, estaba cada vez más cerca del totalitarismo soviético. Conscientes de este desastre los anarquistas, en 1960 existió una Declaración de Principios llevada a cabo por la Agrupación Sindicalista Libertaria (siglas que escondían, por miedo a la represión, a la Asociación Libertaria de Cuba) en la que se atacaba al Estado de todas las formas posibles, al centralismo agrario propuesto por la Reforma Agraria Gubernamental, así como al nacionalismo, al militarismo y al imperialismo.
Los anarquistas hacían énfasis una vez más en la libertad individual (como base para la libertad colectiva), en el federalismo y en la educación libre. Era un sincero y feroz ataque ideológico a la llamada Revolución Cubana, y las acusaciones a sus autores de estar a sueldo de los Estados Unidos no tardaron en llegar. Acusaciones que, desgraciadamente, llegan hasta nuestros días contra todos aquellos críticos con la dictadura de Castro. Después de aquello, el anarcosindicalismo no pudo ejercerse al erradicarse la libertad de prensa y no poder hacerse propaganda de las ideas. Pocos militantes quedaron en Cuba, sufriendo un miserable despotismo. A mediados de 1960 comenzó el éxodo de los anarquistas hacia Estados Unidos, país elegido numerosas veces por aquellos perseguidos que lo consideraban un lugar con oportunidad de ganarse el sustento y también por su cercanía para proseguir la lucha. En el verano de 1961 se constituyó en Nueva York el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE); paralelamente, nació en Miami otro grupo similar. Por otra parte, en agosto de 1961 se publicó en Santiago de Chile un panfleto firmado por la Federación Anarquista Internacional con el nombre de Manifiesto de los anarquistas de Chile sobre la Revolución Cubana ante los imperialismos yanqui y ruso, que tuvo una pobre distribución y sufrió el boicoteo marxista; en él se denunciaba el castrismo por primera vez a nivel hemisférico y seguía la misma línea del publicado en La Habana por los libertarios. La posición anarquista con respecto al castrismo estaba ya clara, a pesar de las ambigüedades de ciertas figuras del anarquismo internacional, especialmente en Europa. Mas la incansable actividad intelectual de algunos anarquistas cubanos hace que se exponga con claridad meridiana conceptos como los siguientes: “expropiar empresas capitalistas, entregándolas a los obreros y técnicos, eso es revolución”; “pero convertirlas en monopolios estatales en los que el único derecho del productor es obedecer, esto es contrarrevolución”.
En 1963 vio la luz en Buenos Aires un folleto de cerca de 100 páginas llamado Revolución y dictadura en Cuba, escrito por el anarquista cubano Abelardo Iglesias, donde se especifican la sumisión a la política exterior soviética y la “táctica correcta” que supone la “Guerra revolucionaria”. No obstante, como señala Frank Fernández en su libro El anarquismo en Cuba -Fundación Anselmo Lorenzo, 2000-, a finales de la década la propaganda del castrismo parecía estar ganando la batalla y demasiados medios libertarios de Europa y América Latina tendían cada vez más a apoyar la Revolución Cubana, teniendo que soportar el MLCE nuevas acusaciones de estar al servicio de la reacción. Fernández sitúa un punto de inflexión con la publicación en 1976 en Canadá del libro The Cuban Revolution: A Critical Perspective (La Revolución cubana: un enfoque crítico), de Sam Dolgoff, excelentemente distribuido y que “hizo un impacto demoledor entre las izquierdas en general y los anarquistas en particular”. El libro constituyó un certero enfoque crítico del castrismo, recogiendo la lucha del MLCE y propiciando su reconocimiento internacional. Numerosas personas que se consideran progresistas se muestran condescendientes con la “revolución” cubana, debido al rechazo al monstruo estadounidense y su criminal bloqueo -tan criminal como el bloqueo al que somete Castro a la población cubana-. No es posible elegir entre lo malo y lo peor, como tantas veces nos indica un pobre análisis de la realidad, debe existir una vía que asegure la justicia y la libertad: la respuesta está en las proposiciones libertarias, llevadas a cabo en su momento histórico por pioneros de la cuestión social y que han sufrido y resistido en Cuba desde el colonialismo español hasta el actual sistema totalitario.
El régimen cubano, al margen de su despotismo, me parece doblemente perverso: por la triste magnificación de sus logros, y por dotarse de una autoridad moral apoyada en su supuesta naturaleza revolucionaria. Creo en la revolución social -naturalmente, hay toda una discusión en el concepto; igualmente en el de “reforma”-, lo que rechazo es esa pureza revolucionaria -Ernesto Guevara habló de hombres con “una conciencia revolucionaria superior”- que, copiando los patrones religiosos, conduce a la persecución religiosa y al castigo de herejes. El futuro es nebuloso para la Isla después de la desaparición de Fidel Castro; su hermano Raúl parece empeñado en hacer llegar el mensaje a los Estados Unidos de que Cuba no es la URSS ni existe una figura parecida a Gorbachov que lidere una supuesta transición -¿una transición hacia dónde?, penoso ejemplo el de la Rusia actual, pero del agrado del depredador norteamericano-. Sí parece existir un debate sobre el fin del caudillismo si desaparecen las figuras principales del Régimen; mal que le pese a cierta izquierda, Castro ha supuesto una continuidad histórica en ese aspecto. No obstante, la capacidad de Fidel de perpetuar su legado es digna de asombro; hay quien sostiene que Cuba ya ha entrado en una nueva etapa y que la sucesión es un hecho: el Partido Comunista de Cuba sería el heredero legítimo del legado fundacional de Castro. Más allá de toda esta retórica propagandística, la cuestión está también en qué pasará con el modelo económico estatalista, es perentoria la liberación de ese monopolio absoluto; la libertad individual resulta imprescindible, sin dejar la isla en manos del capitalismo. El modelo centralista ha demostrado su incapacidad para cubrir las necesidades de más de 11 millones de cubanos, no todo puede ser atribuible al bloqueo. Aunque Castro siempre se negó a ese camino, otra triste vía, dentro de esta continuidad comunista, sería la aplicación del modelo chino: aperturismo hacia el capitalismo e integración en la Organización Mundial del Comercio. Que los propios cubanos decidan su futuro económico, así como en todos los aspectos de la vida, la respuesta siempre será una mayor profundización democrática, sin represión interna, sin injerencias autoritarias externas, ni aplicación de modelos ajenos a la población. Como Frank Fernández menciona al final de su libro, el discurso anarquista no ha muerto en cuba; su tradición de lucha, a diferencia del marxismo, continúa vigente y propiciará un renacimiento “de un arquetipo elevado de la condición humana”.
Un monopolio absoluto sobre la vida del ciudadano, dictadura militar y estado policial en toda regla, una propaganda totalmente controlada y reducida a proclamas… imposible resulta justificar un régimen, y mucho menos desde una perspectiva libertaria, a pesar de sus repetidos logros en educación -con la sombra constante del adoctrinamiento político, no lo olvidemos- y sanidad. Como ya he comentado en ese breve apunte sobre el anarquismo en Cuba, en el régimen castrista están prohibidas las ideas libertarias -cosa que no debe extrañar a nadie con dos dedos de frente-, no hay ninguna posibilidad de que florezca un movimiento anarquista, que tiene que mostrarse forzosamente latente en todos los rincones del planeta -me atrevo a decir que es algo inherente a la condición humana-. Así es y así me atrevo a decirlo, a pesar de las previsibles acusaciones de todo tipo: en nuestra débil democracia electiva, y en el injusto y embrutecedor sistema capitalista, existe la posibilidad de organizarse, instruirse y crecer individual y colectivamente en el movimiento libertario; existe la posibilidad de seguir luchando, cosa que en el sistema totalitario cubano no. ¿Que el Estado, sea cual sea su forma, se enfrentará a quien lo combate? Por supuesto, pero hasta que ese momento llegue debemos demostrar que las ideas y la acción anarquista se muestran vivas y en desarrollo, debemos demostrar que nuestras ideas están presentes en la sociedad y llenas de fuerza; personalmente, rechazo a priori todo proyecto utópico pospuesto para una sociedad futura, ya que el propósito es que no exista división entre ideas y praxis. El socialismo de Estado ya es historia, basta de falsos mitos, su fracaso ha sido una triste realidad; habrá quien todavía sostenga que en las grandes revoluciones marxistas pudo haber una orientación libertaria, lo dudo mucho: ejecución, cárcel o exilio ha sido lo que ha esperado a los anarquistas, y a toda oposición, en esos regímenes. Los anarquistas no debemos posponer la ética para una supuesta sociedad futura, la ética debe ser también un medio para la consecución de todo bello fin; es por eso que me resulta lamentable toda mitificación de una acción violenta o la arbitraria connivencia con aquellos (tan deseosos de convertirse en Estado) que adoptan la lucha armada contra un Estado o contra el sistema capitalista.
La oscuridad y el silencio como opciones de vida: Sobre Cuba, la crítica y los anarquistas (Respuesta a Roberto Cobas Avivar)
Diógenes el cínico
[Tomado de http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=39824]
“Los hombres hablarán a hombres que tienen oídos y nada oyen, que tienen abiertos los ojos y nada ven; hablarán con ellos y no recibirán respuesta; pedirán piedad a los sordos y encenderán luces ante un ciego.”
Leonardo da Vinci
1.- ¡Mira tú los inconvenientes que puede provocar un minúsculo comentario anónimo cuyo autor jamás imaginó desatar tanta preocupación! A propósito de su texto “Cuba: ¿devoran las revoluciones a sus propios hijos?”[1], Roberto Cobas primero se tomó la molestia de realizar algunos comentarios propios y replicantes a esa inicial intervención mía y luego -con algo más de tiempo y exaltación digna de mejor causa aunque, por lo visto, sin demasiada meditación adicional- dedicó íntegramente su artículo “Cuba y el compromiso con su proyecto socialista más allá del anarquismo de la polémica”[2] a una supuesta refutación de mi respuesta a los mismos. Ahora sí habremos de ocuparnos puntualmente de este último aporte, aunque no sin antes presentar a los recién llegados al debate un resumen que entendemos pertinente.
En el principio está, por supuesto, el artículo de Cobas mencionado en primer lugar; pero vale la pena aclarar nuevamente, aburridoramente, que en ningún momento intenté discutirlo. Antes que eso, mi interés consistió -y ya lo dije, sin que Cobas impugnara expresamente la legitimidad de dicha operación- en contextualizar dicho artículo, ubicándolo como parte de una cierta atmósfera tibiamente crítica que ha venido cobrando cierta fuerza en los últimos meses entre quienes todavía mantienen una adhesión convicta y confesa al gobierno de Cuba y a su partido único y excluyente. Asimismo, me pareció especialmente importante llamar la atención sobre el hecho de que el tratamiento de los contenidos a partir de los cuales se explaya esta corriente de críticos tímidos y recientes tiene antecedentes muy anteriores y mucho más rotundos y consistentes; entre los cuales hice mención expresa, por una cuestión de afinidad ideológica que no requiere de mayores abundancias, al Movimiento Libertario Cubano. Los comentarios subsiguientes de Cobas demostraron no sólo que no había entendido el sentido de mi intervención sino también su infinita capacidad de ofuscación frente a lo obvio; y tan obvio es que, pese a mantener su ofuscación, en ningún momento ha osado desmentir ni la existencia de esa atmósfera ni la implacable y recidivante presencia de quienes la anticiparon con creces: con autonomía de criterios, con mayor profundidad y con innegable lucidez.
En síntesis: lo que pretendí dar a entender a través de mis comentarios volcados en el lugar en que se publicó el artículo que detonó esta polémica es, en primer lugar, que recientemente hemos visto aflorar, entre miembros de nivel medio o medio-bajo de la élite gobernante cubana,[3] una serie de expresiones escritas que denotan al menos insatisfacción con respecto a los resultados y al curso actual del “proyecto socialista” en Cuba; en segundo término, que dichas expresiones no representan todavía un ejercicio particularmente agudo de la crítica en profundidad; y, por último, que razones de justicia básica obligarían a reconocer que un complejo de cuestionamientos y alternativas de calado mucho más hondo ya fue puesto a consideración de la sociedad cubana en los propios albores del proceso revolucionario.
Esto último es particularmente importante y no sólo por esas razones de justicia a las que apelamos. En efecto; si una de las corrientes revolucionarias que confluyeron en las luchas anti-batistianas de los años 50 estuvo tempranamente en condiciones de avizorar los desvíos y deformaciones que sobrevendrían, eso seguramente obedece a que su modelo de análisis, sus propuestas y sus prácticas tenían entonces un grado de pertinencia que ya no es posible desmerecer con una mirada despectiva y hasta inculta que es la que Cobas persiste en ofrecer. Ese modelo de análisis, esas propuestas y esas prácticas conservan hoy toda su lozanía y es precisamente ése el tema de fondo que me propongo discutir. Ahora sí ha llegado el momento de ocuparnos del último artículo de Roberto Cobas.
2.- En el comienzo mismo, Cobas renueva sus reproches iniciales: “Polemizar con un escrito implica hacerlo con el acervo del pensamiento no sólo de su autor. Cuando se hace sin dialogar con el trabajo, y se expresa que la intención es sólo situarlo, con un escueto comentario, dentro de una corriente de ideas, ello merece un reconocimiento a la audacia intelectual. Puede ser incluso perfectamente anarquista. Sin embargo, lo realmente importante es el aporte perseverante, consecuente y honesto de ideas fuerza para repensar y hacer fecundo el socialismo en Cuba”. Pero, me pregunto: ¿entenderá Cobas alguna vez que mi intención no fue polemizar con su escrito original? Ya lo he dicho dos veces: ¿deberé repetirlo alguna vez más? ¿Para qué debería yo “dialogar con el trabajo” si no ha sido ése el objetivo de mis comentarios? ¿Será acaso Cobas narcisista hasta un punto tal en que, antes de emitirse opinión sobre algunos de sus pasos, debamos rendirle un preocupado tributo a su biografía? En el mejor de los casos, lo que Cobas podría reclamarme -y no lo ha hecho- es que justifique su incorporación a una cierta corriente de ideas; una inclusión que no implica ninguna “audacia intelectual” sino una elaboración conceptual mínima pero perfectamente defendible.
A mi modo de ver, esa corriente de ideas, esa atmósfera, se constituye no como una fracción partidaria organizada y reconocible sino como un clima de coincidencias perfectamente identificables a nivel de distintos militantes del Partido Comunista cubano; entre los cuales Roberto Cobas resulta ser una de las referencias más destacadas. Los participantes de dicha corriente son concientes de los peligros de restauración capitalista o bien califican ya la situación actual de “capitalismo de Estado”; han percibido que la burocracia o el burocratismo constituyen un obstáculo de fuste en el camino de construcción socialista; reconocen en diferentes grados las carencias del modelo en términos de satisfacción de las necesidades básicas; y, finalmente, se muestran como partidarios de un debate abierto capaz de reformular propuestas estructurales que representen una salida del actual estado de cosas; todo lo cual rara vez tiene la posibilidad de manifestarse en la prensa oficial del Partido Comunista cubano. Al mismo tiempo, todos o casi todos los exponentes públicamente conocidos de esta corriente de ideas conocen de primera mano que el mayor escollo a cualquier cambio más o menos enérgico radica en el poder central; no obstante lo cual se muestran incomprensiblemente cautelosos a la hora de hundir el bisturí a este nivel y no osan en ningún momento afrontar crítica alguna respecto a las figuras emblemáticas.
De tal modo, el debate “abierto” del que se dicen auspiciantes termina sufriendo dos drásticas amputaciones, limitando por un lado sus contenidos y por el otro definiendo tácitamente un numerus clausus de los habilitados para discutir. Probablemente no exista mejor ejemplo de lo que pretendemos ilustrar que la reacción desatada entre los intelectuales cubanos por la aparición de Luis Pavón Tamayo en un programa de televisión y el salomónico encauzamiento resuelto de inmediato por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, cuyo broche de oro dice lo siguiente: “No nos dividirán ni las torpezas ni los que quieren aprovecharse de ellas para dañar a la Revolución. La política cultural martiana, antidogmática, creadora y participativa, de Fidel y Raúl, fundada con ‘Palabras a los intelectuales’, es irreversible.”[4] En buen romance: Fidel y Raúl son incuestionables y en ningún debate tendrán lugar los “torpes” y los “aprovechadores”, aunque nadie sepa muy bien quiénes son. Ni qué decir que no hace falta ser muy perspicaz ni contar siquiera con una pizca de “audacia intelectual” para saber cuál sería la reacción de un comunista español, por ejemplo, frente a un hipotético debate en el que no se pudiera criticar a Juan Carlos I y en el que la Real Academia hubiera eliminado previamente a todos aquellos que fueran considerados “torpes” y “aprovechadores”.
He aquí pues, sintéticamente bosquejados, tanto la corriente de ideas, el clima o la atmósfera de que hablamos como sus obvias limitaciones; sin importar demasiado que las mismas lleguen por vías institucionales o sean expresión de una auto-censura. Convendrá retener esta pre-conclusión por cuanto la misma constituye una de las claves de entendimiento del asunto.
3.- La “audacia intelectual” en la que yo habría incurrido, sin embargo, no merecería mayor crédito sino que -Cobas dixit- “lo realmente importante es el aporte perseverante, consecuente y honesto de ideas fuerza para repensar y hacer fecundo el socialismo en Cuba”. No queda claro exactamente a qué tipo de aportes se refiere Cobas, pero tampoco sería de nuestra parte una muestra de intrepidez intelectual si suponemos que se está refiriendo al tipo de aportes que él mismo realiza. Aparentemente, “perseverante” y “consecuente” sólo podría ser aquel que todavía mantiene su adhesión al Partido Comunista; de modo que la perseverancia y la consecuencia no tendrían nada que ver con el talante crítico, con la capacidad argumental, con la claridad expositiva o con la autenticidad en el manejo de las ideas -rasgos, todos ellos, que hacen a un debate sano- sino fundamentalmente con la lealtad. ¡Bienvenidos los fanáticos, los devotos y los coros de grillos! siempre y cuando sean “perseverantes” y “consecuentes” hasta el último estertor. Porque en definitiva, por mucho que Cobas apele a la fecundidad del socialismo como objetivo, lo cierto es que él y los demás asocian tal cosa con la integridad y la evolución endógena de la trama de poder de que forman parte; sin sobresaltos, sin sorpresas y sin convidados de piedra.
Así, el Partido se reserva el “derecho de admisión” y renueva profilácticamente sus tradicionales prácticas purgantes. Las intenciones de todo cuanto esté por fuera debe ser sometido a un riguroso examen médico y sortear un inacabable surtido de sospechas. Por ejemplo; luego de haber recurrido a la declaración del Movimiento Libertario Cubano cuya lectura tuve la osadía de recomendar, Cobas se plantea cosas como la siguiente: “¿se estarán evitando de esa forma difusa definiciones de sí mismo demasiado comprometedoras?” o “no puede darse por sentado (…) que sus autores estén hablando de izquierda anticapitalista”. Y remata, con auto-complacencia tranquilizadora: “no hay ninguna falta de honestidad en ponerlo en tela de juicio”. De mi parte, una vez más tendré la temeridad intelectual de insistir: en esas afirmaciones hay ignorancia o deshonestidad o ambas cosas a la vez. Y esto es así por cuanto cualquiera puede comprobar, sin demasiado trabajo, que el Movimiento Libertario Cubano apela reiteradamente en dicho escrito al socialismo; aunque a Cobas no le apetezca que dicha apelación se haga en nombre de un socialismo libertario, genuino y radical.[5]
Y, por si Cobas necesitara adicionalmente extenderle al Movimiento Libertario Cubano un certificado de “perseverancia” y “consecuencia” en lugar de la acusación destemplada, rutinaria y jocosa de “oportunismo”, no tiene más que consultar la Declaración de Principios emitida por el Grupo de Sindicalistas Libertarios en junio de 1960. Allí encontrará que el anarquismo cubano, tal como se expresaba en aquel entonces, se pronunció claramente a favor del trabajo colectivo y cooperativo, reclamó un papel protagónico para sindicatos y federaciones, levantó la vieja consigna agraria de “tierra para el que la trabaja”, se manifestó en contra del imperialismo y del militarismo, defendió el federalismo como opción frente al “centralismo burocrático” y condenó las “tendencias autoritarias” que ya en aquel entonces podían discernirse.[6] Repárese en esto: ya se hablaba de tendencias autoritarias y de centralismo burocrático ¡en junio de 1960! ¿Quiénes serán los “perseverantes” y los “consecuentes” en torno a los dilemas de la construcción socialista?: ¿los anarquistas cubanos o quienes creen que acaban de inventar la imprenta luego del discurso de Fidel Castro del 17 de noviembre de 2005? Pensando las cosas desde este punto de vista ¿es o no pertinente, por razones de elemental justicia, que yo invoque los antecedentes más lejanos de algunas constataciones que hoy parecen estar ganando cuerpo -¡en voz bien baja y con casi medio siglo de demora!- entre los mismísimos militantes del Partido Comunista cubano?
4.- Hagamos ahora una digresión justificatoria de uno de los componentes del título que he querido darle a estas reflexiones: la oscuridad. Bien mirado el asunto, es claro -al menos para mí- que el estilo expositivo de Roberto Cobas se caracteriza por lo alambicado y difícilmente descifrable de sus enunciados. ¿Opción deliberada o imposibilidad? Tomemos una de sus frases que nos parece especialmente representativa: “Flaco favor se le hace al anarquismo como movimiento de ideas y praxis revolucionarias cuando se le reduce a la anarquía del pensamiento. Una ilusa intención de buscar el sentido de lo anárquico más allá del movimiento de la propia naturaleza. Empeño desdeñado hasta hoy incluso por la física, esa madre fecunda de la Dialéctica de la naturaleza (de F. Engels)”. ¡Apabullante, sin duda! cual si se hubiera clavado el estoque en la cerviz del toro.
Pero lo cierto es que Cobas sólo está siendo oscuro y enigmático para acabar diciendo absolutamente nada. Veamos. Es de celebrar que Roberto admita que el anarquismo es un “movimiento de ideas y praxis revolucionarias”, en lo cual coincido por entero; pero, entonces ¿exactamente quién lo ha reducido a la “anarquía del pensamiento”?, ¿a qué cosa se está refiriendo, con precisión y no ocultando sus blancos detrás de una nebulosa retórica?, ¿quién ha buscado el sentido de lo anárquico “más allá del movimiento de la propia naturaleza”? Es seguro que no fueron ni Bakunin ni Kropotkin ni Malatesta. Tampoco me parece que haya sido el Movimiento Libertario Cubano y yo mismo me declaro inocente frente al tribunal de la “ciencia”. Entonces ¿quién?
Y los desatinos no se detienen ahí sino que continúan en forma imperturbable. Es así que Cobas nos informa que ese empeño -el de buscar el sentido de lo anárquico más allá del movimiento de la naturaleza- ha sido desdeñado “incluso por la física”. De mi parte, confieso con toda franqueza no tener ni la menor idea de que alguna vez se hubiera reunido un congreso de físicos para declarar la incompatibilidad entre la anarquía del pensamiento y el movimiento de la naturaleza.[7] Hasta es posible que ello haya ocurrido en Cuba y que el mundo no se hubiera enterado de tan clarividente mensaje. Quizás, si Cobas abandonara la oscuridad detrás de la que se cobija su discurso, todos podríamos cultivarnos algo más al respecto y tal vez hasta coincidir con él. Pero mucho me temo que ello no habrá de ocurrir.
No obstante, las cosas no se detienen ahí, porque Cobas además nos informa que la física sí es la “madre fecunda” de la Dialéctica de la naturaleza de Federico Engels; es decir, la física renunció a toda relación filial con la anarquía pero sí reconoce su maternidad con el marxismo más estrecho y positivista de cuantos se puedan concebir. El problema es que la física que conoció Engels sólo dio lugar a una situación de crisis epistemológica que el propio Lenin reconoció, con algunos años de retraso, en su Materialismo y empiriocriticismo.[8] Engels no llegó a procesar en su libro ni el experimento de Michelson-Morley de 1895 ni el descubrimiento de la radioactividad ejecutado por Becquerel en 1896 ni el del electrón realizado por Thomson al año siguiente ni el concepto de quantum de energía pergeñado por Planck en 1900; para no hablar de las teorías especial y general de la relatividad elaboradas por Einstein y de todo lo que le sigue hasta el premio Nobel de Ilya Prigogine en 1977 y la actual teoría de las supercuerdas. Los hijos de aquella “madre fecunda” se han quedado huérfanos y la física actual seguramente no reconoce a los miembros del Comité Central del Partido como vástagos de su prole. ¿Se atreverá Cobas a redactar la Dialéctica de la naturaleza de nuestro tiempo en lugar de invocar textos rabiosamente desactualizados?
5.- Pero, por supuesto, esto no es más que un ejemplo introductorio de la oscuridad estilística, porque el gran tema en tal sentido no es la física sino los galimatías y enredos de que es capaz Roberto Cobas, en su ya proverbial tiniebla discursiva, en el momento de habérselas con el principal cruce de caminos: el problema de la libertad; un problema que sin duda se constituye en el non plus ultra de cuantos han querido enfrentarse disciplinada y no anárquicamente con los dilemas del proceso cubano.
En el caso de Cobas parece obvio que él mismo pretende presentarse como “libertario” y así intercala en un lado y en el otro menciones que lo acreditarían como tal. Así nos habla de la “fuerza libertaria del marxismo”, de la “dimensión libertaria del socialismo”, de que “libertaria es la Revolución cubana de 1959”, del “postulado libertario” de la misma y de un “espíritu libertario” que, aparentemente, nos estaría negado a los anarquistas pero que él sí puede expresar en sus dimensiones más complejas. No obstante, a mi modo de ver, es evidente que no ha terminado de reconciliarse con el problema ni cuenta con la más básica familiarización con el abordaje anarquista del mismo. Sólo así se explica que, en tono de didáctica reconvención, espete “recordatorios” absolutamente innecesarios tales como que “la idea de la libertad nunca ha tenido propiedad exclusiva”, que es “hija de su necesidad”, que “no existe sino condicionada”, que “surge por lo ineludible de las relaciones sociales”, que no es innata al individuo “sino el resultado de su conciencia social”, que para volverla tangible “habrá que defenderla en los contextos socio-económicos, políticos y culturales que la estarán (….) condicionando”, etc. ¡Hasta los clásicos del pensamiento anarquista podrían congratularse de un discípulo tan aplicado!
Tanto es así que bien puede suponerse que en este aspecto Cobas no está polemizando con el pensamiento anarquista sino con el fantasma del liberalismo. Y tal vez sea precisamente por eso que no termina de ubicar correctamente el problema. De no ser así, no se entiende muy bien a propósito de qué vienen al caso algunos mayúsculos desatinos. Como éstos, por ejemplo: “la idea de la libertad reducida a la satisfacción de la individualidad lo único que puede lograr es convertir el espíritu libertario en una mistificación egocéntrica” o “nada más apropiado como caldo de cultivo del comportamiento avasallador” o “la libertad robinsoniana no está precedida de su idea sobre la misma” o “la intensidad de la ilusión y la conformidad con su libertad quedarán en relación directamente proporcional al grado del consumo” o “el minimalismo que encierra la idea de las libertades individuales” o, peor aún, “la idea de libertad no presupone la necesidad de emancipación socio-humana”. O, ya en un terreno francamente grotesco, hacer alusión, con los tambores del reproche como música de fondo, a “la utopía de la libertad al margen del problema de la naturaleza de las relaciones de producción e intercambio (…), al margen de la lucha por derrumbar los fundamentos ideológicos del modo de producción capitalista”.
¿Con quién estará polemizando Roberto Cobas?: ¿con John Locke? ¿con Thomas Hobbes? ¿con el barón de Montesquieu? ¿con Friedrich Hayek? ¿con Ludwig von Mises? ¿Acaso con Max Stirner, Josiah Warren, Lysander Spooner, Benjamin Tucker o Émile Armand, entre otros; según lo que le contaron quienes ni siquiera se tomaron la molestia de leerlos? Sea como sea, lo que es seguro es que las formulaciones de Cobas se esconden detrás de un enigmático manto y es seguro también que no está discutiendo ni conmigo ni con el Movimiento Libertario Cubano ni con los pensadores clásicos del anarquismo ni con ninguna entre los cientos de agrupaciones libertarias ubicadas en algún tiempo y en algún lugar o sencillamente aquí y ahora.
6.- En definitiva, lo que Cobas proyecta no es otra cosa que la lectura desconfiada y temerosa que le provoca el problema de la libertad; fiel reflejo de las ambigüedades y contradicciones de un régimen político que ha consagrado constitucionalmente “el minimalismo de las libertades individuales”[9] pero lo ha cerrado con siete llaves bajo la custodia permanente y exclusiva del Partido Comunista. No es posible, en un trabajo tan breve como éste, discutir una por una esas proyecciones de Cobas, y debemos suponer, ateniéndonos a los antecedentes que hemos visto, que la libertad es una posibilidad sólo cuando así llegan a percibirlo los militantes del Partido Comunista y de ningún modo cuando quienes lo sostienen -¡horror!- se reivindican a sí mismos como anarquistas. En cambio, sí analizaremos muy someramente, a modo de ilustración, dos de sus enunciados.
Veamos esta oscura idea suya: “la idea de la libertad reducida a la satisfacción de la individualidad lo único que puede lograr es convertir el espíritu libertario en una mistificación egocéntrica”. Como ya se ha visto, es de suponerse que Cobas equipara el concepto anarquista de la libertad con su acepción liberal y se brinda a sí mismo ciertas comodidades que serían inadmisibles en otras circunstancias. Pero, yendo más allá, cabe preguntarse qué entidades conceptualmente pertinentes deberían ser satisfechas además de la individualidad: ¿el Estado? ¿la patria? ¿el Partido? Si fuera así: ¿cómo definir prioridades y valores cuando la satisfacción de la individualidad se da de bruces con la de esos agregados colectivos? Daría la impresión -y es sólo una impresión a confirmar- que Cobas observa con recelo la satisfacción de la individualidad, la asocia con el consumo y con la “mistificación egocéntrica” y privilegia entonces esas entidades supuestamente societarias. De tal modo, lo que consigue ocultar no es otra cosa que la trama de relaciones de poder propia de esas entidades vicarias de la sociedad; opacando así sus desigualdades, diferencias y asimetrías internas. Más aún; lo que se esconde detrás de ese velo de misterio no es otra cosa que la satisfacción de individualidades restringidas y bien concretas: las individualidades que componen la clase en el poder; las que, orwellianamente hablando, “son más iguales que otras”. Para los anarquistas, en cambio, la satisfacción de la individualidad es la satisfacción de todas las individualidades en los términos históricamente posibles;[10] sin haberle conferido en momento alguno a ninguna de ellas la facultad de arrogarse el poder de representación y sin pensar ilusoriamente que el socialismo pueda ser una construcción forzada e impuesta, al margen de los encuentros y desencuentros que los individuos sepan forjar en sus quehaceres colectivos. Porque, en definitiva, el individuo no es más que un ser social que ha sido modelado por las relaciones que lo preceden y por los conflictos, los antagonismos y las luchas que lo involucran. No hay en ello ninguna “mistificación egocéntrica” y, para entenderlo, basta con recurrir a la entera historia de entregas generosas del movimiento anarquista; desde sus comienzos hasta la muerte a manos de fascistas de Ilya Borodaenko, apenas ayer.
Y otro tanto ocurre -más ridículamente todavía, si ello es posible- con “el minimalismo que encierra la idea de las libertades individuales” de que nos habla Cobas. Ese “minimalismo” sería tan despreciable y sobrante que nada podría decirse, por ejemplo, de la requisa judicial de que recientemente fue objeto la revista satírica El Jueves en España[11] o de la ilegalización de la Unión de Jóvenes Comunistas en la República Checa.[12] ¿O acaso será que esas libertades son “minimalistas” cuando se trata de Cuba pero se vuelven extraordinariamente importantes cuando su conculcación ocurre en el resto del planeta? Es posible que sea así -casi seguro que es así- y lo que Cobas está oscureciendo con sus palabras es la imposibilidad absoluta de que, en su país, alguien cualquiera pueda burlarse del modo que le plazca de las principales figuras del Estado u organizarse políticamente de la forma que mejor le parezca; y ocultando, por tanto, las privilegiadas y nada “minimalistas” libertades que se toman en tal sentido las individualidades que componen la cúpula del poder.
7.- Pero lo definitorio al respecto está todavía por decirse. El gran error de Cobas sobre el problema de la libertad ocurre en el preciso instante en que nos dice que “la idea de libertad no presupone la necesidad de emancipación socio-humana”. Y, sin embargo, sí; sí la presupone y esto es lo terriblemente esencial. La libertad que proclamamos los anarquistas no es esa libertad “colgada del cielo” que provoca en Cobas mediocres suspicacias e ironías de corto vuelo. Esa libertad, la libertad de que hablamos los anarquistas, no es un meteorito ni una epifanía sino una dura e interminable batalla a librar en sociedad. Tampoco se agota en las libertades que graciosamente reconoce la Declaración Universal de Derechos Humanos ni en la ampliación a que se refiere el Pacto de San José de Costa Rica sino que guarda relación de sinonimia, ni más ni menos, con la capacidad individual y colectiva de decidir la propia vida, autónomamente y sin relación de dominación alguna.
Es harto conocida aquella frase de Mijail Bakunin que nos dice lo siguiente: “No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación. No me hago libre verdaderamente más que por la libertad de los otros, de suerte que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más vasta es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia se vuelve mi libertad”. Esto quiere decir que, para los anarquistas, la libertad se plantea, en primer lugar, en tanto configuración social entre hombres libres; en segundo término, en todas las dimensiones concebibles y con la mayor profundidad históricamente posible; y, por último, excluyendo los atentados y agresiones a la libertad de los otros.[13] Plantéese ahora Cobas la relación que se le ocurra, teniendo presente este pensamiento así sea como mera mnemotecnia, y comprobará sin extenuarse que esa concepción está presuponiendo de por sí “la necesidad de emancipación socio-humana” que tanto le preocupa y que, sin embargo, no termina de ubicar.
Tomemos un ejemplo particularmente privilegiado: el trabajo asalariado. Es obvio que la relación social mediada por el salario no es una relación entre hombres libres, iguales y solidarios y supongo que es innecesario demostrar lo contrario, al menos en este contexto de discusión: el salario es la expresión formal y codificada de una relación de dominación en la cual la parte dominante es la que fija las condiciones -volúmenes dinerarios, horarios y lugares de prestación, rendimientos, descansos, vestimentas, conductas, fechas de pago, etc.- de cumplimiento del “contrato”. Y, por cierto, lo mismo vale para cualquier otra relación desigualitaria de trabajo aunque fuera de naturaleza no salarial; sea cual sea el dispositivo de dominación e incluyendo, por ejemplo, las llamadas “escuelas al campo” cubanas. ¿Son o no tales relaciones una inhibición o un impedimento a la libertad? Evidentemente sí, y la línea de fuga libertaria no consiste en otra cosa que en el trabajo cooperativo y creador, en igualdad de condiciones; una línea de fuga que exige la apropiación por parte de los trabajadores de todo cuanto los involucra en tanto tales. Precisamente, la práctica de eso que de unas cuantas décadas a esta parte ha dado en llamarse autogestión. ¿Acaso ésta no es también una forma de que el problema de la libertad abarque, aunque Cobas no se haya percatado de ello, el núcleo mismo de “las relaciones de producción e intercambio” y de “derrumbar los fundamentos ideológicos del modo de producción capitalista”?
Piénsese, además, a modo de nuevos ejemplos, en las principales figuras de la cansada fantasía liberal: el “ciudadano”, el “consumidor”, el “contribuyente”. Es obvio que las mismas no se inscriben en el marco de libertad que defienden los anarquistas sino en un contexto de relaciones de poder donde la hegemonía es ejercida por las dirigencias partidarias, las élites empresariales y la alta burocracia estatal respectivamente; algo de lo cual la imaginería liberal se cuida meticulosamente de hablar. Piénsese, en definitiva, en cualquier relación entre miembros de la especie humana y siempre encontraremos que el problema de la libertad debería ubicarse en la raíz de todo proyecto de emancipación social. Y esto es así por mucho que Cobas se empeñe en no admitirlo.
8.- Cobas es oscuro al respecto: pero su oscuridad no escribe sola sino que es hermana literaria del silencio. La palabra de Cobas abandona entonces toda pretensión exegética y va apagándose sin pena ni gloria. Porque, en última instancia, si Cobas es oscuro en torno al problema de la libertad, lo es, entre otras cosas, en tanto la represión en Cuba le resulta un tabú impronunciable; o, al menos, no puede ponerle nombre y apellido sin antes extraviarla en una bruma de insinuaciones anónimas. Y que conste que llamar la atención sobre esta característica -en general y más allá de Cobas- no es una ocurrencia exclusivamente mía sino que va camino de transformarse en una extendida constatación sobre el estilo de los participantes de este clima moderada y parcialmente crítico que desde un comienzo he intentado situar. Muy recientemente, hasta pueden encontrarse frases como ésta en las páginas de Juventud Rebelde: “Pero hay más, en otros cómodos silenciamientos que fomentan el conformismo, la doble moral, la simulación y el oportunismo; todos tan interconectados y con una capacidad de sobrevivir superior al genoma de las cucarachas”.[14]
Cobas ciertamente se apena por la situación, ya se lo he mencionado y ahora corresponde volver a citar sus palabras: “De la misma manera que con demasiada frecuencia sucede hacia el interior de Cuba, sólo cuando el líder de la Revolución ha abordado la cuestión directamente, las mentes comprometidas con el pensamiento progresista, de adentro y afuera, se han sentido autorizadas a tomar voz en el asunto”.[15] El problema de Cobas radica en que no puede darle respuestas contundentes a sus propios lamentos y es completamente incapaz de abordar plenamente el asunto. Cobas no puede decirse a sí mismo que esas “mentes comprometidas” hablan sólo cuando “se han sentido autorizadas” por cuanto el régimen político que él no está en condiciones de desentrañar se apoya, entre otros pilares, en un exuberante culto a la personalidad y en un caudillismo a toda prueba; en un Partido que no puede ser interpelado en sus funciones eternas y que goza del don de la exclusividad en todas las áreas relevantes del quehacer social, en tanto monopolio incuestionable de los mecanismos de expresión y decisión. Y, por supuesto, en una puntillosa arquitectura represiva que ha hecho posible su continuidad a lo largo de casi medio siglo: la negación por excelencia de cualquier atisbo libertario y la máquina de picar carne en la que abortan todas las heterodoxias y todas las herejías. Cobas, Soledad Cruz, Pedro Campos y compañía pueden hacer referencia impersonal a la burocracia -o, más débilmente todavía, al burocratismo- pero lo hacen como si todo se redujera a la lentitud y a lo intrincado de las operaciones correspondientes; pueden hablar de la corrupción administrativa -ya han sido “autorizados” para hacerlo por cuanto el “comandante” en persona ha dibujado en el pentagrama las notas respectivas- pero no están facultados todavía para descifrar el sentido de la administración estatal de por sí; pueden hacer mención a los problemas ya reconocidos por la cúpula de poder pero no pueden responsabilizar de los mismos a sus inconfundibles hacedores: Santa Claus y el tío Raúl han de parecer antes, ahora y siempre definitivamente impolutos, clarividentes e infalibles.
El resultado no puede ser sino un silencio sepulcral y Cobas lo sabe muy bien. Sabe muy bien, por ejemplo, que tal vez se pueda hacer mención a las dificultades de un trámite migratorio y plantear como al descuido -no sin cierto pudoroso rubor- que Fidel y Raúl “no están al tanto”. Pero ¿podría decirse también que no están al tanto de la historia, de los cometidos, del volumen actual, de las tareas y de las ramificaciones de la Seguridad del Estado?, ¿podría decirse -sólo a modo de ejemplo mínimo pero ilustrativo- que no intervinieron ni en la confección ni en la existencia cotidiana de ese régimen sofisticado y absoluto de prohibiciones y coacciones “sabiamente” sazonado con un sistema arterial de delaciones que cubre por capilaridad a toda la sociedad cubana? No, no puede decirse tal cosa sin pagar el precio del ridículo como tampoco puede reconocerse por parte de los fieles que, en su lecho de convalecencia, El Que No Sabe continúa actuando como si reuniera en su persona las funciones ejecutivas, legislativas y judiciales del Estado y extendiendo por doquier anatemas e indulgencias que inmediatamente se transforman en la expresión oficial de “la Revolución”.[16]
9.- Además de lo ya dicho, hay tres expresiones que hacen su aparición en el alegato de Cobas que no son más que livianos recursos polémicos pero sobre los que es de interés realizar unas breves precisiones: las acusaciones de “desenfado escénico del anarquismo”, de “comportamientos políticos arribistas” y de “la inclinación a la rentabilización política”.
Respecto al “desenfado escénico” sólo cabe preguntarse si Cobas habrá confundido o no mis comentarios o la ya mencionada carta del Movimiento Libertario Cubano a Celia Hart con una coreografía de Bob Fosse. Ya le solicité a Cobas en mis comentarios a su primer artículo que ubicara el lugar del “ansia de protagonismo escénico” de que habló: y ahora no sólo no responde al requerimiento sino que lo transforma en un más edulcorante “desenfado”; un “desenfado” que vuelve a carecer de fundamentación pero al que parece bueno apelar como anzuelo para los incautos y los lectores apresurados.
Lo de los “comportamientos políticos arribistas” y “la inclinación a la rentabilización política” sí que es una más grave demostración de ignorancia. ¿Cuál sería la escala en la que los anarquistas pretenden ascender luego de haber hecho de la desaparición del “arriba” y del “abajo” la razón misma de su existencia como movimiento revolucionario? y ¿cuál la “renta” política a recoger por tan deleznables sujetos en una participación extendida del debate sobre los caminos que habrá de seguir la sociedad cubana para superar su actual encrucijada?
Estas preguntas no tienen respuesta de parte de Cobas ni de nadie que realice sin ton ni son similares insinuaciones, pues lo que en realidad está en juego no es si los anarquistas habrán de ser obsequiados con alguna dirección aduanera para acelerar los trámites migratorios o si se les permitirá a sus militantes lanzar octavillas al aire las noches de apagón en La Habana: lo que está en juego -y eso sí le preocupa a los anarquistas- es saber si los cubanos todos podrán adueñarse o no de su propia vida; casualmente, ese lugar en el que precisamente no hay margen para los “arribismos” ni para las “rentabilizaciones”.
En definitiva, cualquier planteo medianamente racional de este asunto exigiría que Cobas abandonara tonterías de tanto calibre; tonterías que no pueden tener un vuelo más extendido que el que suele apreciarse en los gallineros.
10.- Aun así, hay algo en lo que sí es posible coincidir con Cobas. Reparemos en esta frase suya: “La reticencia del poder central aún impide que el pueblo se apropie definitivamente de dicho debate.” Por supuesto que yo no calificaría el papel del poder central con el eufemismo de “reticente” -una opinión simpática y que tiende a ponerse de moda- pero tampoco encuentro motivos para dudar que Cobas efectivamente quiere que la gente cubana se apropie enteramente del debate. Ése es el punto y es sólo después de haberlo formulado como deseo que Roberto comienza a dar palos de ciego. Porque la posibilidad de que el pueblo cubano haga suyos los dilemas en curso no se produce con declaraciones de buena voluntad o con actos de prestidigitación sino que tiene exigencias políticas bien delimitadas, cuya satisfacción no puede ser anterior al cese de la amenaza represiva institucionalizada y permanente. En otras palabras: si realmente se desea una extendida participación popular, no hay ni puede haber otra alternativa previa que la instauración de un amplio régimen de libertades; incluso aunque Cobas considere que éstas no habrán de superar el limitado “minimalismo” de que nos ha hablado. Mientras tanto, no habrá participación ni ésta habrá de producirse gracias a la ingenua invocación mediúmnica de que hace gala la corriente de intenciones que integra Cobas; y lo que sí habrá de recrearse hasta el infinito es la tediosa celebración litúrgica de las “reflexiones del comandante” o la patética “búsqueda del tesoro” detrás de las palabras pronunciadas por Raúl Castro el último 26 de julio.
Lo que los cubanos comunes y corrientes tienen por delante es no el segundo sino el enésimo plato de sopa o la posibilidad de definir su menú. ¿Cobas tiene alguna duda de que esta última opción reclama a voz en cuello la virtualidad de expresarse y organizarse de la forma que mejor le parezca a cada quien? Porque si hay algo que ha quedado demostrado sin el más mínimo atisbo de duda es que en Cuba habrá socialismo si el pueblo mismo quiere que lo haya y que ello no guarda ni la menor relación de parentesco con esas absurdas antiguallas todavía contenidas en el artículo 5º de la Constitución que nos siguen hablando de la orientación indefectible del Partido Comunista. Porque, en definitiva, lo único que ha vanguardizado el tal partido -más allá de los viejos logros en materia de universalización de la salud y la educación, subsidio soviético mediante y hoy bastante venidos a menos- es la construcción de un país en ruinas y la desintegración de un tejido social autonómico que urge recuperar.
Liberar la palabra y la acción de la gente o mantener su sujeción a “la reticencia del poder central”: he ahí el dilema. Cobas y sus compañeros de ruta se mantienen a media agua y creen todavía que es posible vencer las “reticencias” mediante una sutil y enrevesada práctica de seducción; entre otras cosas, porque saben perfectamente bien que, de lo contrario, su único futuro es la proscripción y el exilio. Pero esos intentos de persuasión ya no pueden funcionar frente a una maquinaria anquilosada y sin ideas: hoy sólo cabe desmontar ese complicado engranaje de privilegios políticos que alguna vez creyó poder conducir al pueblo cubano hacia su emancipación y ahora sólo piensa en el oxígeno de la inversión externa como última tabla de salvación y sobrevivencia. Hoy sólo cabe que la gente cubana se apropie de su vida, salvando no las “reticencias” sino el obstáculo infranqueable que constituye la élite del poder; sólo cabe pensar no en los remiendos burocráticos del capitalismo de Estado sino en un socialismo autogestionario que no puede dejar de apoyarse en la libertad de los cubanos todos y en la voluntad de practicarlo. Ése es precisamente el momento fundacional en el que el pensamiento y la acción anarquistas como modelo de análisis, como bagaje de propuestas y como práctica liberadora tienen una enorme cantidad de cosas por decir; codo a codo con la gente y sin aspirar a otra cosa que a ser tratados en un pie de igualdad.
En cuanto al futuro de esta polémica no estaría de más cerrar estas reflexiones con unas palabras de Karl Marx contenidas nada menos que en Das Kapital; palabras que no sólo hago mías sino que recomiendo su adopción al mismísimo Roberto Cobas Avivar: “En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, será mi divisa, como siempre, la del gran florentino: ‘Segui il tuo corso e lascia dir le genti’.”
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[1] Quizás sea innecesario aclararlo a los seguidores de esta polémica. De todos modos, es de orden remitir al artículo en cuestión: http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38755. En adelante, y a efectos de facilitar el seguimiento de las referencias, remitiremos, en la medida de lo posible, a artículos publicados en Kaos en la Red.
[2] También recogido en Kaos en la Red: http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=39087.
[3] Para corroborar esta expresión habría que reparar en los lugares ocupados por algunos de sus exponentes. Por ejemplo, Roberto Cobas fue especialista del Instituto de Investigaciones del Transporte; Pedro Campos ocupó cargos diplomáticos y también fue Investigador Jefe de Proyecto en el Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana; Soledad Cruz fue embajadora cubana ante la UNESCO; Celia Hart fue -o todavía es- directora del Museo “Abel Santamaría” y así sucesivamente.
[4] Luis Pavón Tamayo fue presidente del Consejo Nacional de Cultura a principios de los años 70 y se le atribuye responsabilidad directa como brazo ejecutor de los desplazamientos y marginaciones de cientos de escritores y artistas. Apareció el 7 de enero del corriente año elogiosamente tratado en el programa Impronta del canal Cubavisión y desató una airada respuesta de muchas de sus antiguas víctimas y también de muchos escritores y artistas jóvenes. Cf., de Pedro Campos Santos, a quien ya hemos mencionado como partícipe del clima que nos ocupa, su artículo “Es irreversible la política cultural de la Revolución” en http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=29626.
[5] Ver nuevamente el trabajo aludido: Explorando el barranco: una respuesta libertaria a Celia Hart, en la dirección http://www.ainfos.ca/05/apr/ainfos00437.html.
[6] La referencia a dicha declaración puede encontrarse en Frank Fernández, El anarquismo en Cuba, pág. 94; Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2000.
[7] Sin embargo, sí ha habido quienes defendieron la forma anarquista de pensar como recomendación epistemológica. Vid. de Paul Feyerabend, un sesudo conocedor del método de la física, Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento; Editorial Ariel, Barcelona, 1974, Tratado contra el método; Editorial Tecnos, Madrid, 1986 y La ciencia en una sociedad libre; Siglo XXI Editores, Madrid, 1982.
[8] Es curioso, pero lo cierto es que Lenin nunca tuvo la oportunidad de leer la Dialéctica de la naturaleza, con lo cual se puso a salvo de tanto newtoniano lugar común. Sin embargo, es de hacer notar que su Materialismo y empiriocriticismo fue escrito en 1908 y se publicó al año siguiente; razón por la cual no tiene disculpa alguna que tampoco haya sabido comprender -distraído entre otras cosas en filosóficas polémicas tangenciales con Ernst Mach- las respuestas dadas por la física de su tiempo.
[9] Véase, por ejemplo, el Capítulo VII -Derechos, deberes y garantías fundamentales- de la Constitución cubana vigente; aprobada el 24 de febrero de 1976 y modificada por la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio de 1992.
[10] Esto es así incluso en el tan denostado, tan poco leído y rara vez entendido escrito de Max Stirner. Ni qué hablar, por tanto, que lo mismo ocurre -y con menos giros retóricos, acertijos y charadas que en Stirner- en las elaboraciones de Bakunin, Kropotkin o Malatesta.
[11] Vid., al respecto, “El juez Juan del Olmo retira de los quioscos la revista satírica El Jueves”, en http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38677.
[12] Vid. ahora el artículo “La República Checa ilegaliza a las Juventudes Comunistas” de Jaume d’Urgell en http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=25067.
[13] Exactamente lo mismo que cien años después de Bakunin se plantearon en clave poética y para-lógica los “rabiosos” del mayo francés: “interdit interdire”.
[14] José Alejandro Rodríguez en “El baldeo de la crítica”, publicado en Juventud Rebelde. Vid. la reproducción del artículo en http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=39625; subrayado mío.
[15] En “Cuba y el discurso de la Universidad de la Habana: más allá de las interpretaciones en debate”, publicado en Rebelión el 13 de enero de 2006; subrayados míos.
[16] Revísese, por ejemplo, la reciente y súbita alternancia de condena y “absolución” administrada por Fidel Castro a propósito del caso de los boxeadores cubanos que abandonaron su delegación en los últimos Juegos Panamericanos; incluso antes de que hubiera la más mínima investigación sobre el punto.
Tres entrevistas en 2007 a Canek Sánchez Guevara
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Miércoles, mayo 09, 2007 – Diario de Mallorca
Entrevista. Historia. Visión crítica del castrismo y el guevarismo
* Sánchez Guevara y Masetti critican la aniquilación de todo movimiento social en la isla.
El nieto del Ché, Canek Sánchez Guevara, de visita en Palma, escucha con entusiasmo Porno para Ricardo, “un grupo punk cubano que hace una crítica nada metaforizada, que denuncia sin eufemismos ni disimulos la dictadura totalitaria de Fidel”.
En la sede palmesana del Ateneu Llibertari Estel Negre, Canek Sánchez Guevara, autor del libro El furor y el delirio (editorial Tusquets) revisa la figura de su ilustre abuelo y sus propios principios. “Admiro a las personas que están dispuestas a jugarse la vida por sus ideas. El Ché no era pura retórica, pero también tengo mil críticas que hacerle. No me gusta su concepción del hombre nuevo, su concepción del socialismo del Estado, de dictadura del proletariado. También pienso que no podría haber sido de otra forma. Era un hombre de su tiempo”.
Canek Sánchez Guevara ofrecerá hoy a las ocho en la Casa de Cultura de Palma una conferencia sobre ´Cuba: de la revolución al totalitarismo´, junto a Jorge Masetti, periodista e hijo del célebre guerrillero guevarista Masetti asesinado en Argentina. “El Ché era un hombre que vivió los grandes males de la humanidad y trató de subsanarlos sin dejar de ser autoritario y crear un sistema autoritario”, añade Masetti, quien trabajó para el Departamento América de los servicios de inteligencia cubanos. Se instaló en Cuba con su familia cuando contaba tres años de edad y la abandonó tras los fusilamientos del 89. “No quería vivir entre tanto cinismo”, sostiene el autor de Diario de Bolivia del Ché.
Ambos preparan un libro conjunto sobre Cuba y el guevarismo. Coinciden en la percepción de la complejidad del pensamiento y la personalidad del Ché y en la denuncia de la perversa utilización de su figura por parte de Fidel Castro. “Hasta los 80, el Ché fue utilizado como capital simbólico, moral y ético de la revolución. Luego, como mercancía de los residuos de la revolución, por el Estado. En Cuba impera el capitalismo de Estado”, denuncia su nieto, más entusiasta del ideario anarquista. Hijo de mexicanos, nació hace 33 años en La Habana, que abandonó con 22 “para ver mundo, la obsesión de todos los jóvenes cubanos”. Reside en Francia, donde trabaja como diseñador gráfico, escritor y compositor, aunque está muy al tanto del acontecer de la isla del Caribe. “Hay mucho movimiento entre los jóvenes cubanos. Están cansados de que se les diga que hay que ser disciplinados como el Ché, rebeldes como el Ché… y aplaudir al Comandante. No hay estructuras orgánicas, ni ideología, más bien mucho componente contracultural de crítica constante”, explica Sánchez Guevara. A su juicio, la juventud se desespera “cuando ve las fuerzas productivas ancladas en la inutilidad. Trabajas y no generas riqueza ni para ti ni para tu entorno”.
“A diferencia de otras dictaduras, la totalitaria exige que, además de aplastarte, la aplaudas. Se aniquila todo movimiento social y te exige participar. Por eso resulta tan difícil a un cubano rebelarse porque es como rebelarse contra sí mismo. Primero se está por entusiasmo, luego por inercia, al final para sobrevivir”, explica Masetti, quien sostiene que “los ingredientes del sistema estaban desde el principio ya en Sierra Maestra”. Ambos se muestran molestos por el estereotipo simplista que se maneja de la disidencia cubana, donde “hay de todo el abanico de una sociedad democrática. Se ha diabolizado”. “En Cuba hacemos como que trabajamos y el Gobierno hace como que nos paga”, cuentan que dice un dicho en Cuba, donde “el salario medio alcanza los 12 dólares y un litro de aceite cuesta 13″.
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Ernesto -Che- Guevara, icono del ideal revolucionario del siglo XX
por Homero Campa
Revista Proceso, (México) Domingo 7 de Octubre de 2007
“La fascinación que despierta el Che tiene que ver con la rebeldía, y un rebelde bien podría oponerse a la opresión política existente en Cuba. Por desgracia, no siempre ocurre así”, dice Canek Sánchez Guevara, el mayor de los nietos de Ernesto Guevara de la Serna. Con mirada crítica, Canek aborda en entrevista con Proceso la construcción del mito sobre el Che Guevara, revisa sus tesis revolucionarias y analiza el uso político y comercial que se hace de su figura.
Canek Sánchez Guevara, el mayor de los nietos del Che Guevara, analiza el mito del “guerrillero heroico”. Y al hacerlo revisa críticamente dos de las tesis que éste planteó en sus escritos: el “foquismo revolucionario” y “la construcción del Hombre Nuevo”.
Reservado, renuente a los actos públicos y a las entrevistas, Canek aceptó contestar por correo electrónico varias preguntas formuladas por Proceso a propósito del 40 aniversario de la muerte de su abuelo. En sus respuestas aborda la construcción del mito del Che Guevara, la vigencia de sus tesis y el uso comercial y político de su figura.
El mito
A continuación se presenta el cuestionario que se le envió a Canek, así como sus respuestas.
–Pasada la efervescencia revolucionaria, ¿por qué aún se mantiene la imagen del Che?
–En principio, porque el hombre siempre ha necesitado figuras trágicas para sobrellevarse a sí mismo. Nuestra necesidad de tragedia ha sido fuente de religiones e ideologías pero también de espectáculo “culto” y de entretenimiento popular: del teatro griego a Shakespeare, de Jesús al Che, pasando por telenovelas y narcocorridos, más una repasadita a los titulares de cualquier periódico o noticiero, dan una idea del catálogo.
También necesitamos épica: el heroísmo en estado puro, el relato de las grandes cosas que el hombre es capaz de hacer. Sin duda, la vida y muerte de Ernesto Guevara abunda en ambos elementos.
“El Che fue un hombre consecuente con sus propias ideas, con sus valores y su estilo de vida. Vamos, de joven recorre América Latina, en México conoce a unos locos y parte con ellos en un barquito para ‘hacer’ la revolución en un país que le resulta del todo desconocido. Para sorpresa del mundo, aquella revolución triunfa, y los jovencitos que la hicieron son ahora gobierno y, de pronto, el Che, hombre importante en el nuevo Estado, abandona sus cargos para ir a luchar a otro país que tampoco es el suyo, donde muere fusilado por un soldado al que le tiemblan las rodillas mientras jala el gatillo. No es así como vive y muere el hombre común, de ahí que su imagen fascine.”
–¿Qué circunstancias provocaron que el Che se convirtiera en mito? ¿Cómo se construyó éste? ¿El mito se corresponde al hombre de carne y hueso que fue el Che?
–Todo mito se construye a partir de realidades concretas, pero también es cierto que el hombre mitificado ya no puede ser el hombre “humano” que le dio origen. La izquierda redujo al Che a la categoría de “guerrillero heroico”, puro, sin tachas que luchó siempre por “un mundo mejor” –cualquier cosa que eso signifique–. La derecha, por su parte, lo conoce como “el carnicero de La Cabaña”, aludiendo a la antigua fortificación cubana del mismo nombre donde, durante los años siguientes al triunfo revolucionario, se llevaron a cabo cientos, tal vez miles de fusilamientos (muchos sin el engorroso trámite que supone el proceso judicial), siendo Ernesto Guevara jefe militar de dicha prisión.
“Ambas formas de verlo son reducciones del ‘todo’ que fue el Che. Y es que un hombre no puede caber en el estrecho universo de los mitos, donde –a diferencia de la realidad– todo es absolutamente bueno o absolutamente malo. Sin embargo, otra vez, en la vida y muerte del Che se encuentran todos los elementos necesarios para dar pie a una mitología. Y así ocurrió.
–Cuarenta años después de su muerte, ¿son vigentes sus tesis y sus ideas? ¿La guerra de guerrillas es hoy posible? ¿Dónde quedó la construcción del Hombre Nuevo?
–El Che no inventó la guerra de guerrillas. Hasta se podría afirmar que antes del surgimiento de los grandes ejércitos estatales toda guerra fue, en mayor o menor grados, “guerrillera”. Pero, en lo que sí insistió mucho –y puso en práctica en Bolivia– fue en la tesis del foquismo revolucionario, que plantea que una pequeña vanguardia armada puede desencadenar una gran revolución social. Esta tesis nace de la lectura de la propia revolución cubana, donde la historia oficial nos cuenta que un pequeño grupo de hombres logró liberar al país de las garras de un tirano, cuando, otra vez, la realidad es mucho más compleja que los mitos y las leyendas.
“Las revoluciones son acontecimientos inevitables en el desarrollo de las sociedades, pero no ocurren por decreto vanguardista alguno, sino por hartazgo generalizado. Las revoluciones no se planean, no obedecen a complejos organigramas y, por supuesto, no se hacen. No se hace una revolución, se participa en ella”.
“Con el Hombre Nuevo ocurre algo similar. El hombre no es un edificio que se construye de acuerdo con un plano arquitectónico, ni es la ‘arcilla maleable’ de la que habló el Che. Desde luego, la revolución en sí misma transforma –y transforma, ante todo, a los hombres mismos: a los que participan y a los que no, a los que se quedan y a los que se van, a los que luchan y a los que fingen que la revolución no existe, a los que la aman y a los que la detestan– pero aspirar a controlar y dirigir dicha transformación para ‘crear’ hombres y mujeres de acuerdo a una serie de valores preestablecidos es ya otra cosa. Es una idea que no sólo me parece ingenua, sino también demasiado absolutista.”
–La caída del Che en Bolivia fue un duro golpe para la Revolución Cubana. Sin embargo, ¿su mitificación posterior le ha servido a ésta? En este sentido, ¿hay un uso político del Che?
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–Sí, al grado que a veces me pregunto quién ha sido más útil al Estado cubano, si el Che mismo o su mito. La utilización de la imagen del Che en Cuba ha pasado por dos etapas fundamentales: primero, desde su muerte hasta los años ochenta, el Che fue utilizado como símbolo ideológico. Posteriormente, con la reaparición del capitalismo en Cuba, como mercancía. Es un símbolo irresistible, y el Estado cubano lo sabe.
“Por supuesto, aunque el Che sea un icono en sí mismo está también indisolublemente ligado a la épica de la Revolución Cubana y, por tanto, a Fidel Castro. De ahí que la admiración que despierta el Che, un hombre capaz de abandonar el poder para continuar la lucha, parece trasladarse acríticamente hacia ese otro individuo que lleva 50 años ejerciendo el poder absoluto. La fascinación que despierta el Che tiene que ver con la rebeldía, y un rebelde bien podría oponerse a la opresión política existente en Cuba. Por desgracia, no siempre ocurre así. De alguna manera al régimen cubano se le disculpan algunas pequeñeces que de venir de otro gobierno (sobre todo si es el propio) resultarían inadmisibles.”
–Si el Che viviera, ¿cómo crees que vería a la Revolución Cubana?
–La verdad no tengo idea. Imaginar cómo reaccionaría un hombre al que no conocí me resulta imposible. Puedo imaginar qué pensaría un buen amigo ante una situación dada, pero no un desconocido. A estas alturas creo haber leído casi todos sus textos publicados, pero aún así no puedo aventurar una opinión.
“Lo que sí sé es que para el Che la Revolución era intocable, y aunque llegó a ser crítico con algunos vicios y actitudes –sobre todo sociales– que se reproducían en su seno, consideraba que cualquier cuestionamiento a la Revolución misma era darle armas al enemigo. Le habría parecido inaceptable la sola idea de criticar al gobierno cubano desde fuera.
“Por otra parte conviene recordar que Fidel era el político y el Che el idealista; que el Che se fue de Cuba porque su obsesión era la revolución y necesitaba otra, mientras la obsesión de Fidel, en cambio, era y es el poder. Esta diferencia fundamental generó fricciones, como cuando el Che pronunció un largo discurso en Argel en el que acusó a la URSS de lucrar con la lucha popular al venderles armas a los movimientos de liberación nacional, en lugar de donarlas solidariamente como mandaba el internacionalismo proletario. Lo dijo, además, en pleno acercamiento cubano-soviético, costándole un buen regaño por parte del jefe.”
–¿El uso comercial de la imagen del Che ayuda a conocerlo o lo desvirtúa?
–No lo sé. Vivimos en una época en la que se descubrió que la mejor manera de anular las ideas subversivas es vendiéndolas como mercancías culturales: los libros anticapitalistas ahora los encuentras en las grandes librerías (y algunos hasta son best-sellers, como No logo –de Naomi Klein– e Imperio –de Toni Negri–) y en general, la “estética de la subversión” vende bien. Pero ya no pasa de ahí: la subversión se compra, no se ejerce.
“Es en esta categoría en la que está el Che hoy: es un icono pop y como tal se difunde y se consume. Es una imagen que resume ideas y, sin embargo, sus escritos –ahí donde plasmó sus ideas– son bastante poco conocidos. Lo que se ‘reconoce’ es la marca, al punto de dar la impresión de que la imagen del Che es resultado de una intensa campaña publicitaria, y no de la profunda épica revolucionaria que le dio origen.
“Pero también hay que ser honesto en este punto. Los capitalistas nos venden ahora el icono del Che en cuanta chingadera se les ocurra; sí, pero fue la izquierda la que lo convirtió en eso. La simplificación del Che Guevara no comenzó con su comercialización, sino con su canonización revolucionaria”.
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Entrevista Canek Sánchez Guevara, nieto del Che y editor:
[Diario El País, 16-12-2007, Madrid]
«Ahora se lleva al Che del altar del bien al del mal»
Por su envergadura (alto, algo encorvado, corpulento), parece más pariente de Fidel Castro, pero la larga perilla rizada y su discurso le devuelve a su abuelo, Che Guevara. Hijo de Hilda, primogénita del comandante, Canek Sánchez Guevara (La Habana, 1974), acaba de editar, junto a Radamés Molina, Diario de Bolivia (Linkgua), anotaciones del revolucionario en su última batalla. La edición cuenta con 400 notas, de una objetividad casi contranatura. “No puedo hablar del Che como mi abuelito; mi madre tenía 10 años cuando murió; hay que encontrar siempre la distancia real”, afirma desde Barcelona, ciudad que alterna con Francia como residencia y donde hace de editor. El gen intelectual del abuelo es, adaptado a los tiempos, más notorio de lo que parece.
Pregunta. ¿Qué idea quedó en su madre sobre el episodio de Bolivia?
Respuesta. De entrada, la de la muerte del padre, en cualquier sitio o circunstancia que fuese. En otro estadio, no puedo hablar por mi familia, pero creo que se valora como el triste resultado de una decisión apresurada.
P. ¿Y las causas? ¿Una traición de Fidel, un Che desengañado que optó por una acción suicida o una chapuza militar?
R. Incidieron los tres factores, con el protagonismo de Fidel: la obsesión del Che era la revolución, el ideal; la de Fidel, el poder, el pragmatismo; en algún momento tenía que haber un choque. Es evidente que había celos profesionales.
P. En Occidente se revisa ahora la figura de su abuelo, casi acusándole de ser el culpable del surgimiento de las dictaduras en América Latina.
R. Es un giro coperniquiano ridículo: se hace bajar al Che del altar del bien para llevarlo al del mal. Cierto que, a pesar del fracaso, con su postura dio el banderazo de salida de los grupos armados en América Latina, pero nadie les obligó a seguir ese camino. Ningún hombre es absolutamente bueno o malo, claro… El problema está en el mismo término: revisionismo. El revisionismo del Holocausto es la negación de las masacres; algo similar está sucediendo con el del Che. Es un error historiográfico analizar según qué con los parámetros de hoy; uno de los mitos de la posmodernidad es que la imparcialidad no existe; viendo cómo están las democracias actuales, no es de extrañar que se vean como extremismos cosas que antes eran naturalmente asumidas por la izquierda.
P. En parte de Oriente pasa al revés: Bin Laden es equiparado al Che.
R. Como en todo icono, al volverse símbolo pierde parte de su esencia, de su ser real y sólo quedan ciertos valores más o menos universales que pueden ser utilizados en cualquier contexto. Y eso es válido para iluminados, desde Bin Laden a Hugo Chávez.
P. Usted se marchó de Cuba en 1996 y no ha vuelto.
R. En los noventa Cuba estaba muy mal y a ese estado general se unió una crisis personal y laboral, una imposibilidad para hacer mi vida; siempre me moví en ámbitos contraculturales y ya se sabe en tiempos de crisis: primero, comer y luego, la poesía.
P. ¿Actuaba en una banda de heavy con una camiseta con la bandera americana?
R. No, pero sí es cierto que lo hacía con un billete de un dólar pegado en la guitarra… Era una broma personal. El rock estaba ya despenalizado, pero nunca fue legalizado del todo, siempre había un policía jodiendo.
P. Hace tres años atacó duramente a Fidel. ¿En qué ha traicionado la revolución?
R. La primera traición es que no se quería hacer tanto una revolución como recuperar la Constitución de 1940 y llegar a unas elecciones. Luego el proceso revolucionario se radicalizó, pero la propiedad privada pasó toda al Estado, que se convirtió en el nuevo patrón: los ciudadanos trabajan para el Estado, cobran del Estado y acaban gastando en el Estado; es el sueño de todo oligarca.
P. Sus críticas pueden servir a los grandes enemigos de la revolución cubana.
R. El acriticismo militante ha sido nefasto para la izquierda: sin ser crítico no se puede ir a ningún lado, se estanca y se reproduce lo peor; para mí, ser de izquierdas no significa estar en contra de la derecha, sino del poder, sea quien sea quien lo ejerza. Me costó mucho distanciarme de todo lo aprendido en Cuba… Quizá se acabó la lucha armada revolucionaria, pero no la lucha como tal.
P. ¿Existen canales para ello en las sociedades actuales?
R. Si no los hay, debemos crearlos. Existen organizaciones sociales, ONG y otras de carácter cívico-personales, como los colectivos lésbico-gays, o los antimilitaristas, que no aspiran al poder, pero que con su presión acaban forzando leyes.
P. ¿La lucha armada está ya descartada como vía?
R. Por ahora, sí. Por siempre sólo está la muerte. Hoy no forma parte de las obsesiones sociales.
P. ¿Qué siente cuando ve el merchandising sobre su abuelo?
R. Soy un iconoclasta, pero siempre impresiona ver que un hombre que eligió el capitalismo para ponérselo al frente como enemigo haya acabado así.
P.¿Algún objeto especialmente hiriente?
R. Mi único choque visceral es con una camiseta con un rostro con la mitad de la cara de Jesucristo y la otra, la del Che. Soy ateo y esas santificaciones…
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Los “herederos” del Che. Mito y realidad de una leyenda (2007)
Octavio Alberola
[Tomado de http://divergences.be/spip.php?article775]
En ocasión del 40 aniversario de la muerte de Ernesto Guevara, más conocido por el Che, la editorial francesa Presses de la Cité, ha publicado un libro, Les héritiers du Che, de Canek Sánchez y Jorge Masetti, que se ha agregado a la larga lista de los editados este año con ese pretexto. Una efemérides que, paradójicamente -por lo que pretendidamente representaba el Che- se ha convertido en una de las más comerciales del mundo.
El presidente boliviano René Barrientos debía estar muy lejos de imaginar que, al ordenar la ejecución del Che y hacerlo enterrar secretamente el 8 de octubre de 1967 en los alrededores de un pueblito de la sierra boliviana, lo convertía en mártir y contribuía decisivamente a forjar una de las leyendas más mediatizadas y mundializadas del siglo XX. Una leyenda transformada rápidamente en mito y culto ideológico entre los jóvenes en rebeldía de los cinco continentes; pero también en una fuente inagotable de explotación mercantil de la idolatría juvenil por los iconos mediáticos que la sociedad de consumo ha extendido por todo el planeta globalizado.
El hecho es que, mientras los homenajes al célebre guerrillero, “heraldo de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo”, se han quedado reducidos a los actos que ritualmente organizan los Castro, Chávez y compañía para hacer creer que siguen su senda, la efigie del Che está cada vez más presente en los comercios y mercados del mundo entero, adornando toda clase de objetos y vestimentas: desde pañuelos, bufandas, camisetas, playeras y prendas diversas de los grandes costureros, hasta mecheros, cartas postales, etiquetas de vino y artículos de uso corriente, como platos, cafeteras, bandejas, hueveras, etc.
La paradoja de esta leyenda no es sólo el haberse quedado reducida a una aureola mesiánica sino que, además, el mito es interpretado de mil maneras diferentes y en la mayoría de los casos únicamente por interés partidista o codicia mercantilista. No obstante es verdad también que, para algunos sectores de las nuevas generaciones con conciencia política, el nombre del Che les suena y recuerda un rebelde contra las injusticias de este mundo, y que por ello lo reivindican en sus protestas contra la mundialización capitalista. Inclusive entre los sectores más alérgicos al mesianismo y al dogmatismo marxista suele aún manifestarse esta simpatía hacia el rebelde que, abandonando los privilegios y vanidades del poder instituido en Cuba, fue a morir luchando en los Andes bolivianos para “liberar el continente americano de las garras del imperialismo yanqui”.
Pues bien, aunque ya en algunos libros dedicados anteriormente al Che ha sido puesta en evidencia la personalidad profunda de este icono revolucionario, los testimonios de Canek Sánchez Guevara, nieto del Che, y de Jorge Masetti, hijo de uno de los compañeros de armas más cercano al Che y ex agente de los servicios conspirativos cubanos, aportan informaciones sorprendentes y enfoques muy valiosos sobre este arcángel a doble cara. Sobre todo para no olvidar su rigidez ideológica y una severidad insospechable tras su cara de ángel; pero también para comprender la verdadera naturaleza del régimen dictatorial cubano, que también era el modelo del régimen que el Che quería instalar en el resto del continente.
En diferentes periodos, Canek y Jorge vivieron en Cuba cuando eran jóvenes y saben por experiencia propia cómo vivía la juventud cubana la realidad cotidiana de esa Revolución impuesta desde arriba, que rápidamente quedó reducida a lemas publicitarios y desfiles para aclamar a sus jefes y a los mártires de la lucha revolucionaria. Lejos de la visión mitológica del Che y del régimen cubano, Canek Sánchez Guevara y Jorge Masetti esbozan una imagen muy diferente de la mitificada por los servicios de propaganda pro castristas, mostrando la dureza implacable de los jefes revolucionarios, las mentiras y timos de la casta de privilegiados y los brutales comportamientos de un mundo policiaco omnipresente y represivo. Sus testimonios revelan la existencia de una sociedad petrificada en un apartheid social y de un sorprendente “underground” en el que los jóvenes rebeldes se identifican más a la cultura rock, punk o hippie que al martirologio oficial y a los códigos de la burguesía castrista. Una juventud que aspira a la libertad y a la que hace reír la gesta guevarista promocionada y explotada por la oligarquía revolucionara para su provecho exclusivo. Estos testimonios hacen caer las máscaras y desmitifican la leyenda del Che y su guerrilla, pero sobre todo la de la Revolución cubana.
Un libro a leer y a recomendar su lectura.
Porno Para Ricardo: Punk cubano llamando a las cosas por su nombre (2008)
Rafael Uzcátegui
[Tomado de: http://rafaeluzcategui.wordpress.com/2008/08/28/mucha-policia-poca-diversion-tambien-en-cuba/]
¿Es posible hacer del punk una amenaza de nuevo? Difícil, si dentro del propio movimiento son pocas las cosas que se tienen claras. Después de 30 años, algunas de las fórmulas estéticas y musicales han envejecido, y lo que es peor, han sido institucionalizadas y normalizadas por el status quo. Y cómo si esto fuera poca cosa, algunos, desde “el punk”, llevan agua al molino de candidaturas presidenciales, organizaciones autoritarias y nacionalismos de diversa índole. Dentro de toda esta confusión, la más lamentable son aquellos que desde una presunta postura antisistema y antiautoritaria, han venido alabando a dictaduras como la de Fidel Castro.
El contrasentido es múltiple si recordamos que el rock, como manifestación cultural, durante mucho tiempo fue literalmente prohibida en Cuba por ser, según la vanguardia del Partido Comunista Cubano (PCC), una “expresión del imperialismo” típica de la “pequeña burguesía”. Dicha revelación celestial fue, durante las décadas de los 70´s y los 80´s repetida por la izquierda más dogmática de América Latina. En Ecuador, por ejemplo, el trovador Jaime Guevara recordaba como en la Universidad los intentos de hacer conciertos de rock durante los 80´s eran saboteados por bandas armadas maoístas y stalinistas. En segundo lugar, por la estatización de la vida cotidiana de los cubanos, negadora de múltiples libertades justificadas por la impostura de un férreo capitalismo de Estado. En tercer lugar, por la represión y prohibición de las corrientes más heterodoxas y revolucionarias de la familia socialista –las cuales se emparentaron con el punk en el resto del planeta-, en cuya primera línea se encuentran las ideas libertarias, como bien se encuentra relatado en el libro “El anarquismo en Cuba” de Frank Fernández.
Si lo anterior no son argumentos de peso tenemos la propia represión que existe sobre los punks en Cuba. En el enclave del Caribe se da la paradoja que se le abren las puertas a los “punk-rockers” del Primer Mundo (Reincidentes, Boikot por nombrar sólo dos ejemplos), mientras los punks locales están condenados al ostracismo. Pero al igual que sus pares en todo el planeta, algunos adolescentes han seguido empeñados en utilizar la música para expresar su indignación y su repulsa a la opresión, y si bien el movimiento punk cubano es pequeño y clandestino, existe y resiste. Es difícil hacer una cronología exhaustiva del fenómeno, pero sus primeras expresiones datan de los años posteriores a la caída del Muro de Berlín, y por ende, de la tutoría soviética. Se dice que en 1991 aparece la primera banda, bajo el nombre de Rotura. Un año después Detenidos, quienes fueron registrados en algunos fanzines latinoamericanos de la época y, bajo la mano de Fermín Muguruza, internacionalizados como “Garage H”. En 1994, otra bajo el nombre de Escoria, y así. Las bandas le cantaban a tópicos puntuales, como los excesos policiales o la segregación para entrar a sitios turísticos. Pero no es sino años después que una se atreve apuntar sus dardos al propio gobierno y al Estado comunista. Por ello, es es quizás Porno Para Ricardo, la banda más osada y conocida de la contracultura punketa isleña.
Nacidos como banda en 1998, hasta el 2008 han grabado y editado 5 producciones: “Pol tu culpa” (2001), “Rock para las masas cárnicas” (2002), “Porno Para Ricardo” (2003), “Soy Porno, soy Popular” (2006) y “A mi no me gusta la política, pero yo le gusto a ella compañero” (2006), no sin diferentes contratiempos y peripecias, como el hecho de tener que grabar la música en unos lados y las voces por otro, pues pocos estudios se animan a plasmar las irreverentes letras de la banda por el temor a represalias. Musicalmente ejecutan un buen punk vieja escuela, muy mezclado con otros estilos roqueros, incluso con cierto virtuosismo. Sus letras destilan crítica directa: “Todo el arte que se produce en este país –declaró Gorki, el vocalista- está, de alguna manera, enmascarado en un doble sentido, y yo ya me cansé de esas letras poéticas llenas de insinuaciones indirectas. Ya llegó la hora de llamar a las cosas por su verdadero nombre”. Pero también en sus temas hay espacio para el ácido humor negro acerca de la situación de los cubanos y cubanas, o simplemente, para la irreverencia provocadora llena de referencias sexuales. De hecho, su logotipo es una adaptación de la hoz y el martillo como una vulva y un pene.
Si bien existen otras bandas punks dentro de la incipiente escena rockera cubana, ninguna llega a los niveles de los PPR. Su tema “Comandante” circula de mano en mano, clandestinamente, en casetes entre jóvenes en La Habana, pero debido a su postura son nulos los conciertos en la que la podrían tocar. Incluso, no sin la picardía característica de la cubanía, han dicho que intentan grabar lo más posible para que no se les olviden los temas “por falta de práctica”. Además del permanente hostigamiento y citaciones a la comandancia policial Gorki Aguila, voz de la banda, estuvo dos años en la cárcel Kilo 5 en un montaje por tráfico de estupefacientes.
Frente a esas críticas sosas que los acusan de soñar con “el paraíso norteamericano”, y para dejar evidente su distancia con ese exilio cubano tan propagandeado por algunos medios de comunicación, los PPR han dejado las cosas suficientemente claras, en un manifiesto difundido en su sitio en internet: “No recibimos fondos de ninguna organización política, ni se los damos tampoco; No pertenecemos ni representamos ningún partido político de Cuba o de fuera de Cuba y por tanto no autorizamos el uso de nuestra música, o de la letra de nuestras canciones en forma ni medio alguno por parte de ninguna organización política como medios de campaña política ni de recaudación de fondos; Todas las canciones, letras, música, imágenes, entrevistas, sitio web y audiovisuales producidos por Porno Para Ricardo son de propiedad intelectual exclusiva de la banda y todos los derechos están reservados para uso único por parte nuestra; Este material no se ha hecho para ser utilizado con propósitos políticos por nadie, mucho menos sin la expresa autorización por escrito por parte de Porno Para Ricardo”.
Gracias a los adelantos en la tecnología y, especialmente, a una red de afinidades que han ido construyendo en el exterior con el paso del tiempo, los PPR cuentan con un sitio web (www.pornopararicardo.com), diversos videos en you tube, descargas de algunos de sus discos en blogs –uno de ellos en www.nodo50.org/ellibertario- y su testimonio en un documental de próxima aparición llamado “Cuba Rebelión”.
En 10 años de andadura, los PPR han devuelto al adjetivo punk la rebeldía e inconformismo de sus inicios. Es un misterio, por otra parte, que hayan tenido tan poco eco y solidaridad en el denominado movimiento “anarcopunk”, el cual con su silencio repite el triste capítulo de aislamiento vivido por los anarquistas cubanos exiliados de la isla durante finales de los 60’s, 70’s y 80’s. Porque, si en algún lugar de América latina es peligroso ser punk, tanto como lo es ser anarquista, es precisamente en Cuba.
Índice de textos sobre anarquismo y anarquistas de Cuba en El Libertario, Venezuela (2009)
Este conocido vocero ácrata venezolano ha mantenido un compromiso consecuente y consistente para con la causa del anarquismo cubano, que se ha expresado solidariamente de diversas maneras, entre las cuales figura la publicación continuada en sus páginas de textos referidos al tema. Aquí va una lista de esos artículos, señalando título, autor, número en que apareció y año:
- Frank Fernández-Cuba (Entrevista): “La primera ley de los anarquistas: ser optimistas”. Rodolfo. # 31, 2003.
- Cuba, el socialismo y la libertad. Daniel Barret. # 32, 2003.
- El castrismo contra los anarquistas. Redacción. # 32, 2003.
- Cuba: una revolución frustrada. Humberto Decarli. # 33, 2003.
- Por Cuba Libertaria. GALSIC. # 35, 2003.
- Grupos de apoyo a los libertarios y sindicalistas independientes en Cuba. GALSIC. # 36, 2004.
- Bibliotecas independientes en Cuba: por una cultura sin mordaza. GALSIC. # 37, 2004.
- Octavio Alberola (Entrevista): “hay que recuperar la memoria que el castrismo ha desvirtuado”. Redacción. # 39, 2004.
- Política, petróleo y plata. Frank Fernández. # 40, 2004.
- Explorando el “barranco”: respuesta libertaria a Celia Hart. Movimiento Libertario Cubano. # 43, 2005.
- Reflexiones en torno a la VI Declaración de la Selva Lacandona y la nueva izquierda latinoamericana (I) y (II). Movimiento Libertario Cubano. # 44 y # 45, 2005.
- James Petras y Cuba: portafolio de un fotógrafo perplejo. Movimiento Libertario Cubano. # 47, 2006.
- Al habla con el Movimiento Libertario Cubano. Revista Situación. # 50, 2007.
- Otra Cuba es posible. GALSIC. # 53, 2008.
- Entrevista a Porno Para Ricardo. Movimiento Libertario Cubano. # 54, 2008.
- El rito de la servidumbre. Frank Fernández. # 55, 2009.
Para tener acceso a estos textos, basta con ir a la página web de El Libertario www.nodo50.org/ellibertario y localizar la respectiva edición. Para lo publicado en aquellas ediciones del periódico que aún no estén en ese “archivo virtual”, hacer la solicitud del artículo requerido al e-mail ellibertario@nodo50.org.
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El dolor de ya no ser (2009)
* Fragmento de un trabajo de Daniel Barret que trata sobre la evolución del régimen político cubano desde el 17 de noviembre de 2005 hasta nuestros días. El fragmento intenta situar el papel jugado por Fidel Castro en los últimos meses.
Tratándose como se trata de un régimen político altamente dependiente de su tótem tribal, no tiene nada de extraño que un capítulo fundamental de su deriva gire en torno a la persona de Fidel Castro; “comandante en jefe” por méritos guerrilleros propios y per saecula saeculorum. Fidel pareció estar muerto sin sepultura allá por el 11 de enero de 2009 y pocos se atrevieron a extrañarlo demasiado intensamente de labios para afuera. Para ese entonces, ya había abandonado sus Reflexiones desde un tiempo atrás y tampoco mostraba mayor interés en responder de cuerpo presente ante la visita de mandatarios extranjeros como Rafael Correa de Ecuador y Martín Torrijos de Panamá. Coronando esa situación, ese día, en uno de sus periódicos informes médicos, un emocionado Hugo Chávez dejaba constancia de lo siguiente: “Sabemos que el Fidel aquel que recorría calles y pueblos con su estampa de guerrero, con su uniforme, y abrazando a la gente, no volverá”. Para rematar diciendo: “Quedará en el recuerdo. Porque Fidel va a vivir, como está vivo, y vivirá siempre, más allá de la vida física. Y debe vivir, él lo sabe, años”. Aquello pareció un poético epitafio producto de la proverbial incontinencia de Hugo Chávez, quien quizás no pudo privarse de ofrecerle al mundo una primicia de ese tenor. Pero lo que probablemente Chávez no tuvo en cuenta en ese momento fue la decisión de la conducción política cubana respecto a la inmortalidad de su figura consular y así tuvo que desdecirse casi súbitamente y anunciar entre nuevos redobles que Fidel estaba “vivito y coleando”.
La situación se mantuvo en stand by durante unos días hasta que el snobismo y la novelería de Cristina Fernández de Kirchner puso las cosas en su lugar o fuera de él. Usando y abusando de sus prerrogativas de dama, según las explicaciones oficiales en circulación, insistió en mantener una entrevista con la historia, así fuera con la momia de Tutankhamón: si los visitantes del Museo del Louvre suelen fotografiarse junto a la Victoria de Samotracia, ella no podía dejar de incorporar a su patrimonio de souvenirs una ilustración gráfica de su encuentro con un Fidel Castro redivivo. Fidel,[1] en un majestuoso rapto de galantería, aceptó sin hesitar el rendez-vous que le proponía la extravagante amazona y abandonó su obligado ostracismo interno. Hubo algunas dudas y contradicciones respecto a la duración del encuentro, pero lo cierto es que el mismo ocurrió “oficialmente” y fue sucedido de elogios mutuos, además de hacerlo por una fotografía que dejó mucho que desear en cuanto a su calidad técnica pero en la cual Fidel apareció algo encogido y sin embargo con mayor kilaje y apostura facial que en su anterior comparecencia ante los flashes. Y, como de damas se trataba, si Fidel se había reunido con Cristina Fernández también debía hacerlo con Michelle Bachelet. Las cosas se complicaron algo en este caso puesto que el “redactor en jefe” cometió la inmediata imprudencia de sostener por escrito que ya le había hecho saber a la presidenta chilena de su toma de partido a favor del país altiplánico en el contencioso Chile-Bolivia; algo que, según se dijo a modo de excusa, no sería demasiado importante en boca de quien no ocupa ningún cargo en la estructura del Estado cubano sino que apenas si es el primer secretario y el líder indisputable del único partido político de actuación legal por esos lares. Michelle Bachelet se curó en salud declarando que ya le había hecho saber de su disgusto al presidente real de los cubanos y todo quedó en una tormenta pasajera y sin consecuencias demasiado visibles puesto que los problemas entre Chile y Bolivia ya los resolverían exclusivamente esos dos países por sí mismos mientras que Fidel -para mayor desconsuelo de su vasta grey de adoradores incondicionales y compungidos- no habría de ser invitado a integrar ningún tribunal arbitral que ulteriormente pudiera pronunciarse sobre el diferendo.
Pero la romería de visitantes presidenciales no se detendría allí sino que, acto seguido, haría su aparición en escena el guatemalteco Álvaro Colom, portando en este caso, como impar homenaje al ilustre convaleciente, la máxima distinción otorgada por su país: la Orden del Quetzal en el grado de Gran Collar. El mundo contuvo la respiración, quizás aguardando ahora que el “comandante” en persona, actuando en relación de coherencia con sus antecedentes, le recomendara a Colom que se metiera la Orden en aquellas partes anatómicas normalmente vedadas a los rayos solares. Pero, afortunadamente, nada de eso ocurrió: Fidel se limitó a agradecer la distinción recibida por Raúl en tanto apoderado suyo al tiempo que éste aclaraba que su hermano no podía estar haciendo sociabilidad con cualquiera que se allegara por La Habana y que ese privilegio era una exclusiva prerrogativa de las presidentas.
El problema fue que, en ese preciso momento, a Chávez se le ocurrió asomarse por sorpresa en las tierras de su padre putativo y, en este caso tan especial, para no ser menos ni tampoco igual que las damas, las entrevistas con la historia tuvieron que ser dos en lugar de una. Casi nadie puede saber a ciencia cierta ni dónde se habló, ni cómo se habló ni de qué se habló pero sí era claro que la coartada vigente hasta pocos días antes se desplomaba a vista y paciencia de los innumerables seguidores del culebrón. Y, si ahora Fidel estaba disponible también para los masculinos ocupantes de máximos cargos ejecutivos en los países hermanos, ¿qué nueva razón podría esgrimirse para no aceptar que también mantuvieran amenas pláticas con el longevo guerrillero los presidentes de República Dominicana y de Honduras? Todo pareció caminar a las mil maravillas con Leonel Fernández pero no dejó de plantearse algún módico altercado de coordinación con Manuel Zelaya. Tanto es así que, mientras Fidel afirmaba que no podía inventar tiempo alguno para encontrarse con el hondureño,[2] éste sostenía que el Gran Jefe se había dignado a retratarse ¡nada menos que con su sombrero![3] Sin embargo, todo se arregló con presteza digna de mejor causa y también Zelaya tuvo el honor de verse ensalzado por la siguiente “reflexión” de Fidel, que se encargó de ubicar por las nubes y más allá de ellas su inteligencia, su don de gentes y hasta la ubicuidad de encontrarse en Managua, siendo casi un niño, en el preciso instante en que el Profeta pronunciaba una de sus inigualables homilías. A todo esto, la comedia no podía dejar de mostrar su faceta bíblica y, puesto que nadie habría creído en una nueva multiplicación de los panes y los peces, Hugo Chávez, en tanto inefable locutor de estas historias, nos había presentado antes a Fidel Castro paseando por Jaimanitas; algo de lo cual él, y solamente él, tenía el privilegio y la exclusividad de atesorar en los correspondientes testimonios gráficos que nadie más en el mundo habría de poseer. No obstante, no se privó de calificar el paseo de “milagro” ni de aseverar que la gente “lloraba al verlo”, incluso prescindiendo de ese hecho sumamente menor según el cual el manto sagrado es sustituído en este caso por un equipo deportivo marca Addidas.[4]
Pero el acontecimiento político más importante no sería ninguno de estos anodinos movimientos en el tablero de ajedrez sino que el mismo estaría constituido por el pronunciamiento de Fidel en torno a los cambios ministeriales acontecidos a principios de marzo. La comunicación oficial fue lacónica y poco le faltó para parecerse a un memo gerencial, aunque entre los desplazados se encontraran nada menos que Carlos Lage y Felipe Pérez Roque; dos ex estrellas del firmamento “fidelista” y del más íntimo círculo aúlico del “comandante en jefe” que quizás nunca imaginaron que también a ellos habría de llegarles el turno de la defenestración. Pero la celestial divinidad no podía dejar de poner en la instancia su sello personal y así fue que transformó tales cambios en una lapidación: “La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos.” Unos pocos renglones antes había dejado en claro que los cambios le habían sido consultados y que nadie debía interpretarlos como una sustitución de los “hombres de Fidel” por los “hombres de Raúl”. Y, como quien no quiere la cosa y sin decir “agua va”, dedicó el tramo restante de su “reflexión” al mucho más importante Clásico de Pelota, haciéndose responsable directo de cualquier fracaso eventual en el mismo;[5],[6] fracaso que luego, en uno de sus habituales gestos de magnanimidad, se encargó de distribuir entre el cuerpo técnico, la cúpula directriz del deporte beisbolero y también, si cabe, en una vasta y difusa estructura que ha sido incapaz de incorporar la ciencia materialista del pitcheo de que han hecho gala japoneses y coreanos. Cabe añadir, como elemento novedoso, que este último giro de la “comandancia” produjo un extendido estupor entre los “amigos de Cuba” dispersos por doquier y así fue que en los días subsiguientes pudimos encontrarnos con urgidas señales de humo enviadas a La Habana por articulistas de lealtad irreprochable y sin fisuras como Narciso Isa Conde, Pascual Serrano, Carlo Frabetti o Miguel Urbano Rodrigues.[7] Tal vez hasta los “amigos” más fieles estén intentando decirle a la conducción política cubana que el juego tiene sus límites y que ni ellos mismos saben ya qué comunicarle a sus espacios más próximos de irradiación.
Este culebrón, claro está, es indescifrable; entre otras cosas porque el secreto en Cuba es un deporte de Estado y, además, porque los servicios de inteligencia y contra-inteligencia casi nunca en estos casos dejan de depositar en un lado y en el otro sus propias semillas de confusión y de desconcertante incoherencia. Sin embargo, los elementos externos a estas intrigas palaciegas sí son perfectamente comprensibles. Por lo pronto, es obvio que ni el “secretismo” vocacional ni la Seguridad del Estado pueden hacer absolutamente nada con una economía en ruinas, con el descreimiento de la gente y con la ineficiencia burocrática: frente a estas cosas, el sempiterno formato bélico de plantear los problemas y la paranoia omnipresente no son más que un obstáculo y mal pueden constituirse en clave explicativa y en razonable curso de acción. Y es precisamente ahí donde están los problemas más acuciantes e inmediatamente visibles del régimen político cubano; es precisamente ahí donde el Estado y sus pugnas de poder se han revelado rotundamente inoperantes.
El planteo gubernamental del problema parte de la base de que la resolución del mismo reclama la reincorporación plena de Cuba por lo menos al sistema interestatal americano, la posibilidad de mantener relaciones comerciales normales con el resto del mundo y la generación de atractivos apetecibles para un nuevo brote de inversión extranjera;[8] nada de lo cual es ajeno a un replanteo de las relaciones con los mismísimos Estados Unidos. El espaldarazo más fuerte a estas pretensiones ya había sido logrado en el mes de diciembre de 2008, en el encuentro habido en la brasilera Costa de Sauípe; ocasión en la cual Cuba fue admitida como miembro del Grupo de Río. Ése y no otro es el origen del posterior desfile de visitas presidenciales a Cuba en los primeros meses del 2009: en el código Morse de la diplomacia, si los presidentes de Ecuador, Panamá, Argentina, Chile, Guatemala, Venezuela, Dominicana y Honduras visitan Cuba en ese orden, eso quiere decir que quien habrá de discutir el asunto con los Estados Unidos tiene que ser Brasil; incluso aunque Lula se haya abstenido discretamente de participar en el desfile y nadie, ni siquiera Chávez, haya tenido el privilegio de ver a Fidel fotografiado como porta-estandarte de una scola do samba. Porque, en definitiva, el trasfondo de todo esto no es más que la afirmación de Brasil como global player y como líder regional; un país capaz por sí mismo de asumir la representación de sus “hermanos menores” y de poner en orden los asuntos latinoamericanos sin que los Estados Unidos puedan reclamar prioridad alguna sobre el punto.
Todo marchaba a las mil maravillas en este plano y Cuba pudo anotarse, en el terreno de las relaciones internacionales, algunos logros diplomáticos que eran impensables hasta poco tiempo atrás. El problema adicional, sin embargo, es que el Estado cubano y su Partido Único carecen de otra legitimación que no sea aquella, proveniente de la Sierra Maestra y de su épica fundacional, que procede de la biografía y del destino de su “comandante en jefe”. Dicen los entendidos que Raúl se ha caracterizado por ser un adalid de la institucionalidad como dique de contención de esa historia de ocurrencias, arbitrariedades y caprichos sin frenos que caracterizó a su hermano mayor; pero el drama del régimen político cubano consiste en que ya no hay demasiado tiempo ni ideas disponibles para darle carácter formal y estatutario a un estrepitoso fracaso y tampoco se puede tener a mano, como sucedió durante los últimos 50 años, el carisma opiáceo del interminable conductor. Ante ese callejón sin salida, muy a pesar de los esfuerzos de Brasil puntualmente secundados por el resto de los países latinoamericanos, la conducción histórica ha optado por el ridículo y no se le ocurrió nada mejor que acentuar la militarización de los círculos de poder y llevar hasta el límite su promedio de edad, transformándose además en un gobierno mediúmnico comunicado con el más allá y cuya legitimación adquiere ya un carácter espectral; incluso aunque el espectro, según declaraciones recientes, nade en una piscina privada, se dedique a estudiar a Darwin, salga a caminar por el barrio y se apersone en un kiosko de periódicos a conseguir el Granma nuestro de cada día. Y, claro, mientras dure el sainete, nunca faltarán presidentes latinoamericanos dispuestos a intercambiar dulzuras con Fidel, tomarse fotografías que engalarán los álbumes familiares y, de paso, intentar presentar al interior de sus países una imagen progre que contenga al menos algunos de los flancos de ataque de sus adversarios de izquierda más desprevenidos.[9] Aunque, claro, todo esto no esté produciendo otra cosa que el desgaste de la imperecedera imagen del espectro;[10] ya sea porque sus últimas apariciones constituyen dislates propios ya porque se trata del desvencijado ingenio de los ventrílocuos de turno.
[1] Existe una alta probabilidad de que al decir “Fidel” estemos nombrando apenas a una entelequia y es poco lo que puede hacerse para saber si en ese caso nos referimos a una persona, a un círculo de poder, a un elenco de dobles cinematográficos o a los taxidermistas del CIMEQ. Sin embargo, por pura comodidad, nos atendremos a la narración que discurre frente a los ojos del mundo y entenderemos por tal al conjunto de entrevistas, fotografías y Reflexiones que se presentan bajo esa denominación.
[2] El 4 de marzo, a las 3.35 p.m. Fidel había sostenido en su “reflexión” lo siguiente: “Lástima que se marche hoy sin saludarlo. Es la segunda vez que visita Cuba. ¿Pero qué hago, de dónde saco tiempo?”; lo cual puede constatarse en la dirección más oficial que pueda concebirse: http://www.cuba.cu/gobierno/reflexiones/2009/esp/f040309e.html.
[3] Las afirmaciones de Zelaya pueden encontrarse en la cobertura realizada por Cuba Encuentro, en la dirección http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/noticias/zelaya-se-reune-con-los-castro-160643.
[4] Un relato de la historia puede encontrarse en http://yohandry.wordpress.com/2009/03/02/fidel-castro-camina-por-la-habana/.
[5] Vid., de Fidel Castro, “Cambios sanos en el Consejo de Ministros” en la dirección http://www.cuba.cu/gobierno/reflexiones/2009/esp/f030309e.html.
[6] Con posterioridad, ha circulado la interpretación del mexicano Jorge Castañeda de que algunas de las referencias beisboleras realizadas en este artículo de Fidel Castro no son más que un mensaje cifrado a Hugo Chávez respecto a su supuesta participación en un complot junto a Lage y Pérez Roque. De todos modos, esa conjetura de Castañeda sólo se aplica a una frase bien específica, por lo cual el resto de las menciones beisboleras de Fidel Castro, tanto en este artículo como en los siguientes, parecen no referirse a otra cosa que al béisbol mismo.
[7] Vid., de Narciso Isa Conde, “El caso Lage-Pérez Roque y los cambios en Cuba en http://www.kaosenlared.net/noticia/caso-lage-perez-roque-cambios-cuba; de Pascual Serrano, “La institucionalidad y la luz” en http://www.kaosenlared.net/noticia/la-institucionalidad-y-la-luz; de Carlo Frabetti, “Política y dignidad” en http://www.kaosenlared.net/noticia/politica-y-dignidad y, finalmente, de Miguel Urbano Rodrigues, “A propósito de las Reflexiones de Fidel” en http://www.lahaine.org/index.php?p=36756.
[8] La inversión extranjera en Cuba no ha seguido una trayectoria lineal sino que ha tenido múltiples bemoles. Luego del alud inversionista de los años 90 -alud principalmente europeo y canadiense- las aguas parecieron volver a su cauce normal e incluso retraerse en tiempos más recientes en virtud de los incumplimientos administrativos del gobierno cubano. Sin embargo, el descubrimiento en los últimos años de importantes yacimientos petrolíferos en aguas territoriales cubanas y la imposibilidad del Estado de explotarlos por sí mismo ha puesto el tema en el tapete, con carácter urgente, una vez más.
[9] Pero el éxito de este lineamiento es más que dudoso, puesto que en esta ronda no han faltado pronunciamientos significativos sobre estos amoríos en falsa escuadra. Vid., a modo de ejemplo, la “Carta al gobierno de Cuba. ¿Quién es Rafael Correa?” del Secretariado por la Unidad de la Izquierda, en http://www.kaosenlared.net/noticia/carta-gobierno-cuba-quien-rafael-correa; la “Carta de los mapuches a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Bolivia” en http://www.kaosenlared.net/noticia/carta-mapuches-gobiernos-cuba-venezuela-bolivia y, por último, de Narciso Isa Conde, “No fue así, comandante Fidel” en http://www.kaosenlared.net/noticia/no-fue-asi-comandante-fidel.
[10] Un listado de las incongruencias y disparates pronunciados por el Venerable a través de sus Reflexiones sería una tarea titánica que la preservación de nuestra salud mental nos impide acometer. Bástenos ahora con señalar dos botones de muestra. Digamos, en primer lugar, que en su “reflexión” del 22 de enero explicó que la reducción de sus escritos obedecía a la decisión de “no interferir ni estorbar a los compañeros del Partido y el Estado”, para despacharse de ahí en más con una frondosa retahíla de artículos. Recordemos, en segundo término, que en su artículo del 12 de marzo utilizó como referencia analítica de la crisis mundial a Joseph Stiglitz, siendo que, por esos días, el economista de marras sostenía que, en América Latina, ningún país se vería más afectado por la misma que Venezuela; y, por simple aplicación de la propiedad transitiva, la propia Cuba.