:: Otros escritos sobre anarquismo y anarquistas de Cuba [1]

 

 

Dos artículos sobre anarquismo cubano en CORREO A, Venezuela (1990 y 1993)

 

I. Los Anarquistas Olvidados

 

En lo profundo de los calabozos de una de las más notorias prisiones cubanas, se encuentra un militante anarcosindicalista que cree que ha sido olvidado para siempre. Ángel Donato Martínez es uno de los pocos miembros que restan del grupo Zapata, una agrupación agraria anarcosindicalista que apareció al comienzo de los 80 para desafiar las prácticas stalinistas del régimen.


El grupo se consideró seguidor de la tradición de los grandes revolucionarios mexicanos Emiliano Zapata y Ricardo Flores Magón; participaron en la agitación industrial y la sindicalización. Como los sindicatos libres no eran tolerados, los miembros de este colectivo se vieron obligados a actuar clandestinamente. En 1982 tuvieron lugar varias huelgas en gran escala. Las autoridades decidieron apretar los tornillos y librarse de los activistas huelgarios. La policía actuó con cautela y capturó a 20 miembros del grupo Zapata. Fueron acusados de tratar de organizar un sindicato independiente y de sabotaje industrial.


Una de los 20 detenidos, Caridad Parón, murió en prisión, víctima de torturas aplicadas en el centro de interrogatorios de la Villa Marista. Otros cinco fueron sentenciados a muerte. Exilados anarquistas comenzaron inmediatamente una campaña para salvarlos. Se enviaron comunicaciones relatando su situación a todo el mundo. Muchos de esos mensajes no llegaron a su destino, se suprimió la información sobre esta campaña y algunos no podían creer que este tipo de cosas pudiera suceder en Cuba, subrayándose la ignorancia general de muchos fuera de la isla acerca del verdadero cuadro de lo que sucedía en ese país. En consecuencia, el apoyo internacional se redujo a los desterrados en Centroamérica y los EE. UU.


Como resultado de ese apoyo, se conmutaron las sentencias de muerte para los cinco por largas condenas de prisión. Hoy se conoce solo el destino de uno de ellos, Donato, mientras que los otros cuatro pueden estar todavía en prisión o quizás muertos. Se cree que Donato puede estar en la cárcel del Combinado del Este, cerca de La Habana. No se tiene información precisa acerca de sus condiciones actuales. Los que lo apoyan en el exilio piensan que su situación mejoraría si aumenta el interés por su caso en el extranjero.


A lo largo de los años, el tratamiento a los anarquistas y sindicalistas agrarios cubanos – que demandan libertad, tierra y colectivización – ha sido de persecución, prisión y – con frecuencia – la muerte. Suele ocurrir que para los activistas no haya lugar en la cárcel sino que son asesinados por la represión. Desde 1982 se conoce de varios militantes que terminaron sus días de esa forma. Ramón Toledo Lugo y Armando Hernández fueron asesinados por escuadrones de la muerte. A otros se les condenó a 30 años de prisión como a los hermanos Carlos, David y Jorge Cardo, a Jesús Varda, a Israel López Toledo y a Timoteo Toledo Lugo. También las esposas de algunos de ellos fueron apresadas bajo cargo de conspiración.


Todo esto representa solo una pequeña fracción de la lucha anarquista y sindicalista en Cuba. Las acciones han sido aisladas pero continuas, procurándose desde hace tiempo su extensión y el conocimiento internacional de ellas.


Traducido del vocero anarquista ingles BLACK FLAG, # 195, nov.-dic. 1989
(CORREO A, # 12, p. 15; febrero 1990)

 

II. Anarquismo hoy en Cuba


(Artículo enviado a CORREO A por el Colectivo Guángara Libertaria de Miami. Fue publicado en versión mas extensa en CNT, # 140, agosto 1992)


Para poder explicar las condiciones existentes dentro y fuera de la Isla y tratar al menos de hacer inventario, producir un informe coherente o gritar nuestra verdad, es necesario revisar a “grosso modo” los últimos 30 años del castrismo.


- Triunfo del castrismo y “apoyo crítico” externo


Antes del triunfo revolucionario los anarquistas cubanos se agrupaban dentro de la Asociación Libertaria de Cuba (ALC), una organización de relativa membresía y pocos recursos que actuaba con efectividad dentro del campo sindical. La opinión generalizada era anti-Batista y muchos compañeros participaron activamente en la lucha armada. Por otra parte, y dentro de las ideas, la figura de Fidel Castro no era muy popular en los medios ácratas, debido a su formación y a su conducta anterior. Se apoyaba en esos momentos a otros organismos revolucionarios y no precisamente al liderado por Castro.


El triunfo de Castro en 1959 fue recibido con júbilo por todo el pueblo de Cuba y naturalmente por los componentes de la ALC. Sin embargo, las medidas arbitrarias que tomó el gobierno dentro de los sindicatos obreros, en nombre de la revolución y con el apoyo de los comunistas cubanos, hizo cambiar esta posición por parte de la ALC y comenzó a dudar de las verdaderas intenciones de los revolucionarios.


Para 1960, y después de una polémica con los comunistas ya dentro del gobierno, comenzó una persecución contra los militantes anarquistas que se encontraban en la oposición. La receta castrista fue, como sigue siendo, el paredón, la cárcel o el destierro. Abnegados compañeros fueron pasados por las armas, condenados a largas penas carcelarias u obligados a desterrarse. Este fue un golpe de muerte para las ideas libertarias dentro de Cuba y el aparente final de muchos sacrificios.


En Cuba quedaron algunos compañeros sumergidos e impotentes por la represión hasta su desaparición definitiva, olvidados por los anarquistas a nivel internacional que poco o nada se preocuparon por su suerte.


En el exilio se funda en 1961 el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE), con la intención de combatir a Castro y tratar de aliviar la situacion de presos y olvidados. Durante una década se hace un esfuerzo sobrehumano para tratar de persuadir a medio mundo libertario de la razón de nuestra causa. La indiferencia, el silencio o la franca antipatía son el resultado de estas gestiones que terminan en disputas y argumentos ácidos.


Ahora, después de 30 años, el panorama solidario no ha cambiado. Todavía, de forma inexplicable, la “Revolucion Cubana”, que es como gustan llamar al castrismo las “izquierdas”, sigue teniendo ese respaldo y ese “apoyo crítico” como al principio. Como hemos escrito en otro lugar, el “apoyo crítico” es una consigna para el consumo exterior y nunca interior, y se basa principalmente en una forma de pensar estrictamente totalitaria o maniqueísta: “con la revolución y contra el imperialismo”, aquellos que no nos apoyen están a favor de los yankis y, por lo tanto, son considerados como reaccionarios. Este tipo de pensamiento es el mismo, pero al revés, del que planteaban Hitler, Mussolini y Franco.


Por supuesto, la propaganda castrista a nivel mundial ha repetido esta consigna con todo el vigor de sus dólares y sus invitaciones gratis a Cuba, y nunca han faltado amanuenses y escribas capaces de oscurecer la realidad cubana con sermones y parábolas. Todo lo cual nos conduce por el camino de una visión objetiva de la Cuba de hoy. Una isla arruinada moral, física y económicamente donde sus habitantes desafían cualquier peligro para poder escapar y donde irónicamente los funerales son gratis. Una larga satrapía oprime a nuestro pueblo y cuando alguien denuncia el crimen, lo acusan de estar pagado o al servicio del imperialismo. sin embargo, la realidad es evidente, lo puede comprobar cualquier viajero curioso y cito el caso del compañero australiano Peter MacGregor, que como profesor de la Universidad de Western Sydney, visitó la isla en diciembre de 1991, a propósito de un Festival de Cine. Su informe no deja duda de la situación desesperada del pueblo.


- Un Sistema en Bancarrota.


La Cuba de hoy es una finca inmensa en manos de un mayoral cruel y sanguinario que no vacila en escalar la represión con tal de poder seguir mandando. Cuba carece de cualquier tipo de libertad ya individual ya colectiva. Después del desplome del “ancien regime” soviético, la crisis económica es de proporciones catastróficas y de la frugalidad alimenticia se pasa diariamente a la necesidad mas paupérrima. El combustible escasea y, como es natural, la producción baja a niveles desastrosos. La clase obrera ha perdido todos sus derechos y todos los sindicatos son organismos estatales, la protesta es un delito y la huelga es un crimen. Todo esto podrá parecer exagerado y en realidad lo es. Yo invito a cualquier compañero que quiera comprobar estos hechos a que visite Cuba, tal como lo hizo Mac Gregor y después use estas mismas páginas para decir lo que vió y oyó, porque si como decía Anselmo Lorenzo, que “para ser anarquista lo primero que se necesitaba era ser justo”, me gustaría apelar a esa justicia de cualquier compañero para comprobar lo aquí escrito.


El último reducto del castrismo es una maquinaria propagandística eficiente e imaginativa. Hace poco la vimos funcionando a raíz del viaje de Castro a la península ibérica, para celebrar con el resto de los corruptos gobernantes el V Centenario del genocidio, justificando con su presencia 500 años de ignominias en este continente por parte de la “madre patria” y otras no menos crueles madrastras. En esa oportunidad pudimos también comprobar hasta que punto funciona la hipocresía de las “izquierdas” cuando al tener que repudiar a todos los gobiernos que se han prestado a esta “celebración”, pasaron por alto o silenciaron la aportación castrista al evento.


En los últimos tres años y con el deterioro de la ayuda rusa, el desempleo aumenta de forma geométrica, el sistema gratuito de salud pública carece de tecnología moderna y la escasez de medicina es alarmante, y en cuanto a la educación, que va acompañada de una complicidad con el sistema y un “trabajo agrícola voluntario”, carece de cualquier tipo de crítica y humanismo. Los estudiantes no pueden pensar en libertad ni discutir, escoger o criticar el sistema educativo.


A los anarquistas cubanos, expulsados de Cuba hace muchos años y que somos los únicos que representan las ideas libertarias dentro de nuestro pueblo, calumniados, incomprendidos y hasta traicionados por nuestros propios compañeros nos tocará la triste misión de ser los últimos representantes del Ideal en la Isla. La responsabilidad es sólo nuestra y esperamos estar a la altura de nuestro destino futuro.
No somos hombres de milagros ni de recompensas, pero sí les podemos asegurar que con el mismo tesón y paciencia con que hemos resistido el destierro, comenzaremos en Cuba a sembrar de nuevo y a abonar “árbol de la libertad” del que escribiera hace más de un siglo el anarquista cubano Enrique Roig San Martín.


F r a n k    F e r n á n d e z


(CORREO A, # 21, pp. 14-15; enero 1993)

 


Entrevista a Frank Fernández (1999)

 

Larry Gambone

 

F. F. es un veterano militante anarquista cubano y miembro del Movimiento Libertario Cubano, el movimiento anarquista cubano en el exilio. Formó parte del colectivo Guángara Libertaria y es el autor de Cuba, the Anarchists and Liberty y La Sangre de Santa Agueda, libro que trata de los primeros años del anarquismo cubano. Actualmente trabaja en un libro acerca de la revolución cubana, que será publicado en España y en Tucson, Arizona por Sharp Press. El compañero Fernández se entrevistó con Larry Gambone. Para ponerse en contacto con los anarquistas cubanos, escribe a MLC, Box 1525, José Martí Station, Miami, FL 33125-1525 USA.

 

Larry Gambone: Dado el hecho de que en cualquier momento en los últimos 25 años han habido por lo menos varios miles de personas que se dicen anarquistas en Norte América, ¿Hemos hecho lo suficiente para educar a la gente acerca del anarquismo cubano?

 

Frank Fernández: No, por supuesto que no, la información que tenemos sobre la dictadura de Castro es casi siempre parcial. Hay varias razones, la muy eficiente propaganda entre los intelectuales, la apatía de la mayor parte de los medios anarquistas y la ignorancia general sobre la naturaleza del régimen castrista. De alguna manera tenemos que tomar responsabilidad por nuestra falta de comunicación con nuestros compañeros norteamericanos, debido a dificultades con el idioma inglés.

 

LG: ¿Que te gustaría que hicieran los anarquistas para apoyar tu movimiento?

 

FF: Lo primero y lo más importante es la solidaridad internacional con nuestra causa, la causa de la libertad. Lo segundo, comunicación directa con el pueblo cubano. En esto creo que deberíamos evitar ser sectarios. Existe una oportunidad única de obtener algún espacio social dentro de Cuba. El simpatizante es el primer paso hacia el militante. Cualquier acto de solidaridad con el oprimido, no importa de qué persuasión política o social, beneficiará nuestros ideales, puesto que este apoyo representa el movimiento anarquista fuera de Cuba. Para nosotros (el MLC) esta tarea es casi imposible, debido a que no podemos tener comunicación directa con nadie en Cuba.

 

LG: ¿Deberíamos boicotear a Cuba, ya que Cuba es un lugar de vacaciones favorito en el Canadá?

 

FF: Sí, lo hemos hecho por 35 años y  pedimos que nuestros compañeros anarquistas de todo el mundo hagan lo mismo. El turismo representa la principal fuente de divisas para el régimen de Castro, superior incluso a la industria de la caña de azúcar. Es esencial explicarles a los turistas y viajeros la explotación y la descriminación que sufren los trabajadores cubanos en los hoteles, playas, restaurantes etc. y recordarles qué clase de gobierno el pueblo cubano ha tenido que padecer durante los últimos 40 años.

 

LG: ¿Cual es tu opinión sobre el embargo comercial de los EEUU hacia Cuba?

 

FF: Antes nunca nos preguntaban a los cubanos anarquistas cual era nuestra opinión sobre el embargo, llamado “bloqueo” en Cuba. Date cuenta que el embargo le da a Castro la excusa para crear peores condiciones sociales dentro de Cuba y que los de abajo sufren en la medida que él les obliga a pagar la factura debido a la política americana. Sin embargo, si se elimina la excusa del embargo, Castro hallará otra y la opresión continuará. No creo que el embargo llegue a derribar al gobierno, ni que represente una “acción criminal”. Nadie se preocupa del bloqueo que Castro le impone al pueblo cubano, ni de que los cubanos envíen $800 millones cada año, rompiendo así el embargo. Es difícil tomar una posición a favor o en contra, puesto que nadie te dice la verdad. De cualquier manera que contestes a esta pregunta, vas a parecer ya bien como un perico repitiendo la línea del Potomac o ya bien como un marxista-leninista o incluso peor. La pregunta te hace tomar una actitud humanitaria, pidiendo el fin del bloqueo, y por lo tanto ayudando al aparato propagandista de Castro o una posición más politizada tomando la parte de los cubanos de Miami y los reaccionarios de Washington. De cualquier forma pierdes. Es un asunto algo kafkaesco y bien difícil.

 

LG: Tu panfleto y el libro de Dolgoff indican que el movimiento anarquista cubano era grande e influyente. Estaría bien tener una idea de cuán grande era.

 

FF: El movimiento anarcosindicalista de Cuba era no solamente la mayor y la más influyente organización en Cuba, sino además el precursor del progreso social del proletariado hasta el 1927. La persecución gubernamental, las deportaciones, encarcelamientos e incluso los asesinatos durante dos décadas, más la traición del Partido Comunista acabó con esa época. Numéricamente hay que distinguir entre un militante y un simpatizante. Cualquier sindicato puede ser organizado e influenciado por una minoría de militantes anarquistas. Ello no quiere decir que todos los trabajadores de un sindicato particular sean anarquistas. No obstante, si los trabajadores responden a la agenda anarquista, entonces puedes considerar ese sindicato o federación como anarquista. La primera Confederación Cubana del Trabajo fue fundada en 1925, y estaba compuesta de toda clase de sindicatos: reformistas, comunistas etc., los anarquistas no eran mayoría, pero la organización, las ideas, los proyectos y manifiestos tenían un punto de vista anarcosindicalista. Antes de la persecución gubernamental y la traición comunista, de 80,000 a 100,000 trabajadores seguían la línea anarcosindicalista. En los 40 la Asociación Libertaria Cubana fue reducida a varios cientos. Antes que Castro se convirtiera en dictador, la

misma Asociación decía tener más de 2,000 militantes. Casi todos trabajaban y tenían una influencia decisiva en varios sindicatos de importancia como el de Transportación, Plantas Eléctricas, Gastronomía, Construcción, etc.

 

LG: ¿Los jóvenes cubanos en los EEUU han tomado interés en el anarquismo o en el movimiento cubano?

 

FF: No, no creo que esta nueva generación de cubanos (llamados Cuban-Americans) haya tomado ningún interés en los ideales anarquistas. Existen varias razones: la indiferencia a los problemas sociales, la americanización, las características historicas y culturales de los cubanos etc. Esto, sin embargo, no es nada nuevo en un país que es tan nacionalista y que tiene una poderosa ‘kultur’ capaz de cambiar a la ‘American Way’ a exilados e inmigrantes de culturas más fuertes que la de los cubanos, como son los alemanes, los judíos, los italianos etc.

 

LG: ¿Hay, en tu opinión, sobrevivientes anarquistas en Cuba? ?Hay presos anarquistas en los gulags de Castro?

 

FF: Según mi información, creo que no. Los viejos compañeros mueren o se dispersan, así pues no sabemos si hay sobrevivientes, pero me gusta pensar que los ideales no mueren como las personas, y Cuba no es diferente en ese respecto a ninguna otra parte del mundo donde los ideales anarquistas eran parte importante de la clase trabajadora. No sé de ningún prisionero político anarquista en este momento, aunque siempre existe la posibilidad de que haya alguno en la cárcel sin que lo sepamos.

 

LG: He notado que algunos anarquistas cubanos son antiguos CNT-FAI. ¿Huyeron de Franco sólo para caer en las cárceles o los paredones de Castro?

 

FF: Al comienzo de la revolución, 1959-60, algunos fueron detenidos y después soltados. Agustín Souchy estaba en La Habana en esos días y en una conversación con Abelardo Iglesias, Manuel de la Mata y Salvador García, todos ellos miembros de la CNT-FAI durante la revolución española, les contó a los compañeros una reciente visita de ‘viejos amigos’ de los partidos comunistas de España e Italia, Enrique Líster y el infame Vittorio Vidale, invitados por el gobierno de Castro. Souchy los avisó acerca de la inevitable persecución por parte de la nueva policía secreta en la que trabajaban Líster y Vidale. Los compañeros de la CNT estaban comprometidos en ciertas actividades “contrarrevolucionarias” y con la experiencia española a cuestas, supieron escaparse a tiempo con la protección de una embajada latinoamericana.

 

LG: Los medios canadienses y europeos tratan a Castro y a Cuba por lo general muy suavemente (nuestro pasado primer ministro Trudeau considera a Castro como ‘un amigo”) ¿Por qué pasa esto? Esta amistad existe desde mucho antes de la fase del castrismo de ‘Cuba como paraíso de la inversión capitalista. ¿Puede esto indicar que la disputa entre el capitalismo corporativo y el capitalismo estatal ’socialistá es nada más que un juego?

 

FF: La amistad entre ladrones, autoritarios, ’socialistas’ y neo-liberales no es una contradicción. Al contrario, es el típico cinismo político. La Historia nos enseña a los anarquistas que en el pasado nunca hubo ninguna diferencia entre Ford, Hitler, Stalin, Rockefeller o Franco. Todos ellos tienen un mismo deseo: tener el poder para explotar. Criminales, políticos o parásitos, todos ellos han seguido el mismo camino: mandar, dominar. Los métodos seran diferentes, pero el propósito es la opresión constante. Hoy ocurre lo mismo. Las corporaciones, Castro, Clinton, el Papa, Blair, representan la misma sed de poder y control y dominio a base del miedo al terrorismo de estado. Por lo tanto, yo creo que son los eternos enemigos del anarquismo. Los medios responden a favor de los intereses del gobierno capitalista que les paga sus facturas. La relación entre la globalización y el castrismo, o incluso la amistad antes dicha no es ningún juego, sino una muy seria y peligrosa asociación de aquellos que explotan y descriminan a gran parte de la población cubana. En realidad, nunca he visto mucha diferencia entre dictadores, presidentes, papas o primer ministros, de la derecha o de la izquierda, para mi son todos lo mismo. Pudieran haber tácticas diferentes contra el estado o el capitalismo empresarial, dependiendo de las condiciones objetivas y subjetivas, pero al final, todos ellos son nuestros principales y más letales enemigos.

 

Freedom Press Mayo 1999

 


España y el anarquismo en Cuba

 

Carlos M. Estefanía

 [Tomado de: http://www.inisoc.org/estefani1.htm]

 
Los libertarios han luchado en Cuba contra toda suerte de regímenes despóticos, el de Batista no fue la excepción. Cientos de ácratas cubanos sufrieron persecución, tortura, muerte y exilio por su participación en acciones de protesta, incluso armadas, contra la dictadura. Entre los combatientes antibatistianos se encontraban numerosos anarquistas: Boris Luis Santa Coloma (muerto durante el ataque al Cuartel Moncada), Miguel Rivas (desaparecido), Aquiles Iglesias y Barbeito Álvarez (desterrados), así como Isidro Moscú, Roberto Bretau, Manuel Gerona, Rafael Cerra, Modesto Barbieta, María Pinar González, Dr. Pablo Madan, Plácido Méndez, Eulogio Reloba (y sus hijos), Abelardo Iglesias y Mario García (también con sus primogénitos). Todos ellos fueron encarcelados, y en casos torturados, incluso hasta la muerte, como ocurrió con Isidro Moscú. Los anarquistas estarían presentes en las guerrillas. En las de Oriente participarían Gilberto Liman y Luis Linsuaín. En las del Escanbray una de las principales figuras lo fue Plácido Méndez. La lucha urbana contó con el local de la Asociación Libertaria de La Habana como centro de reuniones conspirativas tanto para el 26 de julio como el Directorio Revolucionario.

 

La perspectiva libertaria sobre la Naturaleza de la Revolución Cubana

 

A principios de los sesenta, la revista libertaria argentina “Reconstruir” publicó una serie de artículos extraordinariamente reveladores sobre la revolución cubana. Tales textos constituyen material de primera mano para interpretar, desde una perspectiva libertaria, el proceso socio-político que condujo al derrocamiento de Batista y comprender la esencia del nuevo régimen establecido. Se destacan los trabajos firmados por Justo Muriel, Gastón Leval, Augusto Souchy y especialmente los de Abelardo Iglesias, veterano de la Guerra Civil española y participante en la lucha antibatistiana. Entre las referencias especialmente importantes sobre el momento del triunfo revolucionario que nos ofrece Iglesias, están sus valoraciones en torno a los logros sindicales obtenidos por los obreros cubanos (de los que serían privados por su “Revolución”) y una “lectura” de la apoteósica “Marcha sobre la Habana” de Fidel. Para Iglesias no fue más que una comedia copiada de la marcha de Mussolini sobre Roma. El costoso espectáculo, según Iglesias, no tenía sentido militar, el pueblo cubano ya se había liberado de Batista. Aquella era una simple ceremonia ostentadora del poder del nuevo caudillo.

 

Los textos publicados por Reconstruir develan el carácter policlasista, reformista y democrático que en sus orígenes tuvo la revolución cubana, así como la ausencia en el proceso, salvo en elementos muy aislados, del radical antinorteamericanismo y del prosovietismo puestos en boga por Fidel Castro después de sentirse firme en el poder. Lo que se desprende de estos artículos es que aquella no había sido una verdadera revolución obrero-campesina, y que tampoco había conducido al restablecimiento de las libertades civiles, ni a la creación de un sistema socialista; tras ella se violaban los derechos humanos más elementales y los trabajadores del campo y la ciudad continuaban alienados de los medios de producción, del mismo modo o peor de lo que habían estado antes.

 

A pesar de haber transcurrido más de 30 años, desde que se publicaron, estos artículos mantienen gran vigencia, particularmente los análisis de Iglesias sobre el funcionamiento de la nueva oligarquía gobernante, sus técnicas propagandísticas, de coacción y de movilización masiva.

 

Desgraciadamente, existe una sesuda “cubanología” parapetaba en ciertas universidades europeas y latinoamericanas que desconoce artículos como los de Reconstruir u otros trabajos que detallan la desnaturalización estalinista sufrida por la revolución cubana. Un proceso que se inició mucho antes de la confrontación (realmente provocada por Fidel Castro) con los Estados Unidos.

 

Nuestro hombre en La Habana

 

Los soviéticos descubrieron muy a tiempo en Fidel Castro un individuo con suficiente habilidad política como para atribuirse la victoria revolucionaria -que pertenecía en realidad al conjunto de las diversas fuerzas sociales que enfrentaron a Batista-. La imagen burgesa-latifundista del joven Castro evitó que los cubanos sospecharan lo que él mismo llegó a declarar en 1961, que había sido un marxista convencido (aunque inmaduro) desde los inicios de la lucha armada. Todas sus acciones y declaraciones políticas de aquella etapa estuvieron encaminadas a crear confusión acerca de su verdadera ideología. Hubo quien le atribuyó concepciones fascistas, otros anarquistas.

 

En la trampa de tomar a Castro por libertario han caído unos cuantos, incluso el jefe de propaganda del Partido Socialista Popular (partido de los estalinistas cubanos), Luis Mas Martín, quien intentó usar a Raúl Castro para influir en Fidel. Mas Martín todavía en 1959 opinaba que Fidel Castro era un anarquista cuyo odio a los Estados Unidos le llevaría a manos del Partido (comunista) sobre todo si los norteamericanos “seguían actuando de manera idiota” [Andrew]. Es muy probable que los estrategas soviéticos prefirieran mantener compartimentada la información sobre sus planes para Cuba entre la nueva mano derecha (KGB) y la vieja izquierda estalinista que ya estaba introducida en la Isla desde los años 20. Esto explicaría que tanto Mas Martín como otros dirigentes del PSP desconocieran los proyectos soviéticos para la revolución cubana.

 

El primer gobierno revolucionario tenía apariencia liberal. El presidente Manuel Urrutia, designado por Fidel Castro, había defendido en su condición de magistrado el derecho de Fidel Castro a rebelarse contra la dictadura de Batista, pero al mismo tiempo era un declarado opositor al imperialismo soviético, posición que compartía con numerosos militantes del 26 de Julio y de las demás organizaciones revolucionaria. Estos creían en Fidel, pero no así en Raúl Castro y Ernesto Che Guevara declarados filosoviéticos Muy pronto se demostró que aquel gobierno provisional no tenía verdadero poder. A los pocos meses el presidente Urrutia es obligado a renunciar por una maniobra que el mismo denominó. “e1 golpe de estado de 17 de Julio”.

 

La penetración comunista fue denunciada por el comandante Huber Matos, jefe militar de Camagüey lo que le costaría la acusación de traidor y ser condenado a 20 años de prisión. Es en medio del proceso contra Matos que desaparece Camilo Cienfuegos, según el régimen producto de un “accidente aéreo”. Pero existe otra versión la que nos ofrece, en “Reconstruir” el capitán Roberto Cárdenas, Jefe de la Base Aérea de Camagüey en el momento de la desaparición. Cárdenas era amigo personal de Camilo, había combatido contra la tiranía de Batista en la Columna 14, en la cual era jefe de su sección de espionaje:

“En realidad lo que había sucedido era que Camilo había sido muerto por el propio Fidel en el Palacio Presidencial, aproximadamente a las nueve y media de la noche del 27 de octubre, día que se celebró el mitin para pedir el fusilamiento de Húber Matos. Pepita Riera se encontraba presente en el Palacio presidencial durante la concentración donde las masas fueron excitadas para pedir el fusilamiento de Húber Matos. Hablaron Fidel, Raúl y Almeida a la multitud. Camilo no quiso hablar esa noche. Después recriminó a Raúl y dijo que era vergonzoso incitar a las masas a pedir el fusilamiento del comandante Matos, quien verdaderamente no era culpable de ningún delito. Raúl respondió lleno de ira, insultantemente y Camilo le dijo también en tono descompuesto que si seguía así lo iba a matar allí mismo. Hay otro testigo cuyo nombre no puede ser descubierto aún, que presenció la continuación de esta discusión. Según él las voces fueron subiendo de tono, hasta que súbitamente, se sintió un disparo, y a continuación otro más. Este testigo oyó a Raúl gritar: ¡Lo has matado! Esto sucedía en una de las habitaciones del Palacio Presidencial donde se habían reunido. Después llegó a nuestro conocimiento que Fidel necesitó esa noche asistencia médica, porque había tenido una crisis nerviosa y estaba histérico” [Cárdenas].

 

Como oficial de la Fuerza Aérea Rebelde y experimentado piloto, el capitán Cárdenas detectó una serie de incongruencias en la búsqueda de Camilo y organizó una investigación paralela. Asi dió con el avión de Camilo en una finca situada a 25 millas al sudeste de Camagüey, llamada “La Larga”. Allí estaba la pequeña nave áerea escondida bajo pencas de guano y con las insignias cubiertas de pintura blanca [Cárdenas].

 

Camilo ha sido una de la figura cuyo carisma e ideología ambigua, unidos al color rojinegro del brazalete de los miembros del 26 de julio, ha contribuido a la confusión universal sobre la matriz libertaria de la revolución Cubana. El autor tuvo la oportunidad de tratar el tema en mayo de 1998, en una actividad de los anarcosindicalistas suecos, con el ácrata napolitano, Egno Carbone, quien citó un artículo aparecido en el periódico libertario italiano Humanita Nuova donde se señalaba a Camilo Cienfuegos como el espíritu libertario de la Revolución y la posibilidad de que Fidel lo hubiera mandado a matar.

 

Según el colega Frank Fernández, concienzudo historiador del anarquismo cubano, no existe prueba alguna de ideología anarquista en Camilo aunque se sabe que su padre militó en las filas libertarias durante la juventud. Por otra parte sabemos que el hermano de Camilo, Osmani, era miembro del PSP antes de la revolución y fue, hasta no hace mucho, uno de los dirigentes más importantes del régimen cubano. (¿conocería las revelaciones de Cárdenas sobre Camilo?).

 

Lo que si parece ser, por lo que declara Roberto Cárdenas, es que Camilo, a diferencia de su hermano, habría constituido un obstáculo para la sovietizacion del país. Afirma el capitán Cárdenas, que ya en 1958 algunos oficiales rebeldes habían detectados las “tendencias comunistoídes” de Fidel Castro. Una noche del mes de septiembre de 1958 se celebró una reunión en la finca de Cárdenas con la participación de Camilo. Allí se acordó que a la primera manifestación comunista de Fidel los presentes harían todo lo posible por destituirlo [Cárdenas].

 

Desafortunadamente los acontecimientos se desarrollaron con tal vertiginosidad que las fuerzas antiestalinistas de la revolución no atinaron a detener la penetración, fraguada de antemano, por prosoviéticos. Los sectores políticos, económicos, ideológicos y especialmente represivos del aparato estatal fuero copados rapidamente por cuadros comunistas. Quien se tomara el trabajo de visitar el museo del Ministerio del Interior, cito en quinta avenida y catorce, Miramar, La Habana, como hizo el autor en la primavera de 1993, detectaría, por las biografías inscritas en los pies de los retratos de los primeros “mártires” del G-2, la mayoritaria pertenencia a la “Seguridad” de los miembros del Partido Socialista Popular. Comparado con otras organizaciones, el PSP apenas se destacó en la lucha clandestina contra Batista. Así resulta algo desproporcionado la confianza que se depositó en sus cuadros a la hora de reprimir los grupos de todo tipo (muchos de origen revolucionario) que se opusieron al gobierno de Castro.

 

España; aparta de mí ese cáliz

 

No estaba ocurriendo “nuevo bajo el sol”; los anarquistas cubanos, que participaron como combatientes en la guerra civil española, descubrieron que se estaba repitiendo en Cuba, pero a mayor escala que en España, el modus operandi de los comunistas. Durante la guerra civil, los estalinistas, amparándose en la lucha antifascista, así como el apoyo económico, y de inteligencia les ofreció la URSS consiguieron cuotas de poder suficiente para aniquilar arteramente a muchos antifranquistas. La decisión de prestar ayuda a la República Española fue tomada por Stalin el 31 de agosto de 1936, en el curso de una reunión del Politburó celebrada en Moscú. Desde entonces, el Komintern y sus diversos agentes, organizaciones secretas y de espionaje se prepararon para para un mayor compromiso militar. El 14 de septiembre tuvo lugar una reunion determinante, nada más y nada menos que en los cuarteles de la tristemente célebre Lubianka, al parecer en presencia de Yagoda, jefe de la policía secreta NKDV. En ella se determinó organizar la ayuda militar directa de Rusia a España -algun día sabremos donde se efectuó la que hizo lo mismo con Cuba- En la reunion de marras se le atribuyó al NKDV la tarea de supervisar los envíos de armas y personal con destino a España y se nombró a “Alexander Orlov” (seudónimo) como oficial superintendente [Johansson...]. Este individuo sería la eminencia gris encargada de prácticar en España muchas de las medidas represivas que poco más de 20 años despues aplicarían sus discípulos contra los anarquistas en Cuba.

 

Vale recordar aquí, a modo de ejemplo, uno de los casos represivos estalinistas más escandalosos en España, el de la aniquilación del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Éste era una organización conformada por unos 60000 miembros, que lideraba Andrés Nin, antiguo secretario de Trotsky en Moscú, que mantenía una posición totalmente crítica hacia el estalinismo. Por cierto, fue gracias a la influencia de Nin sobre el comunista cubano Sandalio Junco que nacería el trotskismo en Cuba. No es mera casualidad que Junco cayera una década después que su mentor, también a manos del estalinismo, bajo los disparos de una pandilla en la que participó Armando Acosta, entre otros. Acosta se convertiría en asistente del Che durante su incursión guerrillera en las Villas, y posteriormente presidente de los llamados Comité de Defensa de la Revolución.

 

Volviendo a España. El prestigio de Nin le permitió ocupar la cartera de ministro de Justicia en el gobierno catalán, lo que le valió al POUM la critica de Trotsky. A pesar de ello el POUM no se pasó al estalinismo, siguió siendo uno de los pocos grupos dentro de la República, que, junto a algunas publicaciones anarquistas, se atreviera a denunciar los procesos de Moscú.

 

Los comunistas españoles y sus aliados internacionales, comenzaron una fuerte campaña contra el POUM. El primer eslabón fue expulsar a Nin del Gobierno catalán en diciembre del 36. El punto culminante fue su arresto y desaparición. Los dirigentes del POUM fueron acusados de fascistas. Las persecuciones y torturas las llevaban a cabo los comunistas extranjeros siguiendo instrucciones de Orlov, quien insistía en que le gobierno español no debía tener información sobre el asunto. Mientras los socialistas y republicanos, ensimismados en su lucha contra Franco apenas se dieron por enterados. Asesinado Nin, los hombres de Orlov continuaron en activo, mientras se formaba un servicio de contraespionaje llamado SIM (Servicio de Investigación Militar), con el fin de limitar la actividad entre otros, de los anarquistas. Aunque al principio el SIM sirvió con lealtad al gobiemo republicano, incluso denunció casos de los funcionarios rusos que pretendían actuar sin consultar con éste, terminó por transformarse en una policía política de los comunistas. Thomas Hugh, historiador de la guerra civil española, nos refiere:

“En todo caso el SIM pronto empezó a emplear los viles métodos de tortura de la NKVD: se construyeron celdas de unas dimensiones tan pequeñas que apenas cabía en ella un prisionero y el suelo era de ladrillos colocados de canto. Se instalaron fuertes luces eléctricas que producían deslumbramiento, o se utilizaban ruidos ensordecedores, o baños helados, hierros candentes o porras. EL SIM fue responsable del asesinato de varios reclutas del ejército republicano, y no sólo de los cobardes e ineficaces, sino también de aquellos que no estaban dispuestos a seguir las órdenes de los jefes comunistas” [Andrew].

 

Del mismo modo que el estalinismo de España quiso hacer pasar a los militantes del POUM por agente de los “Nacionales” se ha querido hacer pasar a los opositores de Castro, entre ellos a los anarquistas y trotskistas, como aliados de la reacción o agentes del imperialismo. El recurso de identificar al antiestalinista con las fuerzas de la “contrarrevolución” sería aplicado en Cuba, gracias a las “asesorías” de numerosos cuadros formados durante la guerra civil española, o de hijos de los comunistas educados en “La patria de Lenin”. No debe extrañarnos semejanzas entre los medios de presión utilizados en las cárceles de Cuba, según los testimonios del nuevo presidio político cubano, y los que describe Hugh, como propios de las cárceles del SIM en España. Podemos arribar, pues a la conclusión de que la Guerra civil española sirvió a los estrategas soviéticos como campo de experimentación, cuyos resultados serían aplicados indefectiblemente en la transformación en saéelite de los países de Europa Oriental, y especialmente de Cuba (cuyo contexto sociocultural emparentaba con el español).

 

Veamos cómo se inicia el expediente cubano de la KGB -descartando la versión de Salvador Díaz Verson de que Castro fué reclutado en 1948-: a mediados de los años 50 los servicios de inteligencia soviéticos tenían grandes dudas sobre la posibilidad de un poder comunista en América Latina, dada la enorme influencia de los Estados Unidos en el continente y pese a contar con la magnífica cantera de espías que significaban los partidos comunistas, verdaderos brazos políticos de la URSS en el continente el partido comunista era capaz de desencadenar una revolución o detenerla según ella favoreciera o perjudicara los intereses de la Unión Soviética en la región-.

 

E1 primero en descubrir dentro de la KGB las potencialidades de Castro para los intereses regionales de la URSS fue el joven oficial hispanohablante de la KGB Nikolay Sergeievich Leonov, estacionado en la ciudad de México. Leonov había “conocido” previamente a Raúl Castro en 1951. Fue a raíz de su participación en el Festival Internacional de la Juventud en Viena. Este primer contacto tuvo lugar en el barco en que regresaba de Europa el hermano de Fidel. Se iniciaría así una historia que empequeñecería a la más fantástica de las aventuras de “James Bond” pero ahora con un final de signo contrario, el de victoria rotunda de la KGB sobre los servicios de inteligencia occidental.

 

Leonov frecuentará la casa de la famosa “María Antoni” -de la que habla Ernesto Guevara en su carta de despedida a Fidel Castro ante la aventura de Bolivia-. En ese lugar, Leonov también hará buenas migas con Emesto Guevara, un “rebelde sin causa” argentino de vaga ideología marxista, admirador de Mao, captado por Ñico López y Raúl Castro (en aquel entonces estalinistas convictos y confesos) para el movimiento armado. Guevara se encontrará posteriormente con Leonov en la Embajada y en las instituciones “culturales” soviéticas en México allí sera proveído de lo mejor de la literatura soviética. (Y por supuesto de su propaganda).

 

Cuenta Carlos Franqui que cuando conoció a Guevara éste leía las tesis de Lenin explicadas por Stalin, Franqui le preguntó que si había leído el informe de Nikita Kruschev al XX Congreso del PCUS. Guevara respondió que eso era “propaganda imperialista”. Del mismo modo, Guevara manifestó ante otro testigo que la revolución antiestalinista húngara no había sido otra cosa que un motín fascista. Sin que pueda afirmarse que el Che fue un agente profesional de la KGB, no cabe dudas de que se convirtió, junto a Raúl Cartro, en un verdadero Caballo de Troya de la penetración de los prosoviéticos en las guerrillas y el posterior copamiento de la Revolución Cubana por los comunistas. Siendo uno más durante la preparación del Granma, Guevara recibirá la máxima calificación y será el alumno predilecto del maestro durante los entrenamientos militares que ofreció Alberto Bayo, prestigioso oficial del ejercito republicano español, a los expedicionarios del Granma.

 

Ya comandante guerrillero, Guevara favoreció en la guerrilla a los cuadros del PSP, entre ellos figuras de destacada trayectoria estalinista como Carlos Rafael Rodríguez y el ya mencionado Armando Acosta, su asistente guerrillero. Pero no sólo Guevara y Raúl tenían contactos directos con el representante de la KGB. También Fidel Castro se había dirigido a la embajada soviética en busca de ayuda militar para sus campañas guerrilleras contra Batista. Leonov comenzó a encontrarse regularmente con él ofreciéndole todo su apoyo moral. Leonov tuvo en cuenta el total control de Castro sobre le 26 de julio y el hecho de que su hermano Raúl, y un hombre de confianza, el Che ya se consideraran fueran para entonces verdaderos marxistas-leninistas.

 

El segundo momento crucial de esta historia lo tiene, a principios del 59 cuando viaja a Cuba el agente de la KGB Alexander Alexeiev (con la covertura de periodista de TASS) para entrevistarse, primero con Guevara y luego con el propio Castro a quienes promete todo el apoyo necesario por parte de la URSS. En julio de 1959 Ramiro Valdés, jefe de inteligencia de Castro, sostuvo un encuentro clandestino en México con el embajador soviético y el representante de la KGB. De este encuentro quedó el acuerdo de enviar a más de 100 consejeros de la KGB para los servicios de inteligencia y la seguridad de Castro. Estos consejeros fueron seleccionados entre “los niños” como se denominaban a los hijos exiliados en Rusia de los comunistas españoles. También fue enviado el veterano español Enrique Líster Farjan, uno de los jefes de propaganda del Partido Comunista español y uno de los más acérrimos críticos de las experiencias libertarias durante la guerra civil española.

 

En sus memorias, Líster definió la revolución anarquista de Aragón como una “tiranía inhumana, que había establecido el terror como instrumento de autoridad y crimen organizado”. Sin embargo, ello no fue óbice para que le tocara a Líster, en Cuba, la dudosa gloria de haber sido en creador de uno de los aparatos de represión y vigilancia colectiva más efectivos de cuantos haya conocido sociedad totalitaria alguna, los Comités de defensa de la Revolución, colocados, como dijimos, bajo la presidencia de Armando Acosta un hombre de probada fidelidad a la causa de la Madresita Rusia.

 

Así, los que ya se habían enfrentado dentro del campo republicano durante la guerra civil española: estalinistas y antiestalinisntas, volverían a encontrarse en Cuba. Un paradigma de este destino lo tenemos en la historia del gran intelectual republicano Antonio Ortega. Fué un hombre que supo conjugar la formación científica y cultural con la de consejero de propaganda del Consejo de Asturias como representante del partido de Izquierda republicana. Ortega se traslada a Cuba bajo la condición de exiliado a mediados de 1939. En octubre fue designado jefe de información de la prestigiosa revista Bohemia, que bajo la dirección de Miguel Ángel Quevedo comenzaba a tener una proyección continental. Antonio Ortega puede ser considerado como uno de los mejores cuentistas de cuantos produjeran en Cuba por aquellos años, por ello en 1945 fue invitado a formar parte de la fundación del Pen Club de Cuba. En 1954 Bohemia, donde continuaba ejerciendo el cargo de jefe de Información, se había convertido en la revista de idioma español de mayor tirada en el mundo y la de mayor circulación en Hispanoamérica. Ese año la triunfante empresa editora adquiere la revista que le seguía en importancia, Carteles y Antonio Ortega es designado su director. Como demostración de repudio a la dictadura de Batista, Ortega se abstuvo de participar en las actividades culturales organizadas por instituciones oficiales.

 

El derrumbe del régimen batisitano fue celebrado por Carteles. Pronto vendría la decepción por el criterio de que en Cuba se establecería un régimen comunista. En esta situación el director de Bohemia (la revista que tan buena publicidad había hecho a la guerrilla de Castro), le propuso a Ortega marcharse del país para fundar en Venezuela “Bohemia Libre”, y otra vez debió correr el camino del exilio ahora escapando del estalinismo cubano. Murió pobre pero libre en Caracas en 1970.

 

Otro caso similar es el de Salvador García, quien debió exiliarse después de la revolución en México, precisamente la tierra donde su compatriota Alberto Bayo había entrenado a Fidel Castro y sus hombres. Salvador García ingresó en las juventudes libertarias siendo casi niño. Durante la guerra civil luchó hasta la caída de Cataluña. El grueso de su división fue a parar a un campo de concentración en Francia donde se incorporó a los maquis contra el ejército de ocupación alemán. Emigrado más tarde a Cuba, de donde era originaria su esposa, fue secretario de la CNT de España durante muchos años. Los acontecimientos cubanos le obligaron a exiliarse en la embajada mexicana en 1963. Su testimonio al salir de Cuba constituye una de las críticas más contundentes de cuantas haya hecho un anarquista español contra el régimen de Castro. La revista “Reconstruir” publicó una entrevista a Salvador García donde éste detalladamente relató cómo una nueva clase administraba la producción, cómo se teje la tela de araña del estado totalitario, donde toda queja o reclamo era tachado de contrarevolución, los lujos de los técnicos soviéticos, la merma de la capacidad adquisitiva del cubano, otrora uno de los países de mejor nivel de vida, perdía los derechos ciudadanos y sindicales, el fracaso del azúcar y del mal llamado trabajo voluntario. Aunque no perdía las esperanzas de una pronta liberación; declaraba sus temores pues “no es fácil que un pueblo se libere por sí solo”, y ponía el caso de la España de Franco a pesar de que el fascismo internacional ya había sido vencido en los campos de batalla.

 

Desgraciadamente el régimen de Fidel Castro superaría al de Franco por su duración y falta de libertades. En una mesa servida por la KGB, el anarquismo estaba de más. Con el establecimiento del poder absoluto de Fidel Castro los anarquistas en Cuba solo podían tener una garantía: la de que sus días en la isla estaban contados.

 

Fuentes

 

- Abelardo Iglesias, “Revolución y dictadura en Cuba”, Reconstruir 20/10/62, Buenos Aires, Argentina, y Reconstruir, compilación de artículos, 1963 / Apostillas al articulo deAlfiedo Gómez. En Guangara Libertaria, Otoño 1991

 

- Agrupación Sindicalista Libertaria, “Declaración de Principios”, La Habana, Junio 1960. En Guángara libertaria, Verano 1990- Alfredo Gómez, Los anarquistas cubanos o la Mala conciencia del Anarquismo. En Guangara Libertaria, Verano 1981

 

- Anna Johansson, Annika Hjelm, Rebecka Bohlin, Kuba urettfühetligt perspektiv (Cuba desde una perspectiva libertaria) En Syndikalisten, april 1998, Stockholm.

 

- August Souchy, “Testimonios sobre la Revolución Cubana”, Reconstruir, Buenos Aires, Argentina, dic. 1960

 

- Christofepher Andrew, La KGB desde adentro, Nonnierr Fakta Bokförlag CAAB, Uddevallá 1991.- Frank Fernández: The Anarchist & Liberty, Monty Miller Press, 1987 / Lucha Justa y necesaria, Oct. 1996, pp. 88-90 / “Homenaje a Santiago Cobo” en Guángara Libertaria, Inviemo 1992, Vo1.13-No 49 / Carta personal al autor, 5 de dicíembre de 1997.

 

- Gastón Leval, “El castro-comunismo no puede engañar a nadie”, Reconstruir 21 Nov-dic. 1962.

 

- Hugh Thomas, La Guerra Civil Española, Tomo I, Grijalbo Mondadori, Barcelona 1995

 

- Jorge Domingo Antonio Ortega, “De regreso”, La Gaceta de Cuba, 2. Marzo/ Abril 1998, La Habana

 

- Justo Muriel, “Los cubanos y la libertad”, Reconstruir, 41, Marzo-Abril, 1961.

 

- Paco Cabello, “A cien años de la independencia cubana…el Papa en Cuba”. CNT febrero-abril 1998.- Roberto Cárdenas, “La muerte de Camilo Cienfuegos”, Reconstruir Nov-Dic. 1961.

 

- Salvador García, “En torno a la revolución cubana”. Reconstruir, Jul-Agosto 1963

 

- Sam Dolgoff, Den Kubanska Revolutionen -ur ett Kritisk Perspektiv (La Revolución Cubana desde una perspectiva crítica) Tryckeri AB Federativ, Stockholm, 1982

 


Entrevista con Frank Fernández (2003)

 

Rodolfo

 

[Publicada en EL Libertario, Venezuela, # 31, febrero 2003]


* Un joven compa de la CRA conversó con este valioso militante anarquista, miembro del Movimiento Libertario Cubano (MLC), editor de la desaparecida publicación Guángara Libertaria y autor de obras como “La Sangre de Santa Agueda” y “El Anarquismo en Cuba”. La entrevista se realizó el pasado 9 de noviembre de 2002 en Florida, EE.UU., donde F.F. reside.


-¿Cómo Frank Fernández da sus primeros pasos dentro del Movimiento Libertario Cubano?
- Fue por los años 60 por “Hippilandia”, en la “era de acuario”. Yo había venido de Cuba y me di cuenta que había una contracultura, muy curiosa porque era pro-castrista, pero eso no me importaba mucho. Empecé a buscar, a leer sobre el anarquismo, y por ahí vi un camino, una razón filosófica y ética, de que el anarquismo es el antídoto frente el veneno de esta sociedad, una ruta hacia la libertad.- ¿Cómo fue el enfrentamiento que tuvo o que tiene Frank Fernández con una “opinión progresista” latinoaméricana mayoritariamente pro- castrista?

 

 

- No hay duda alguna que lo que se planteó con la Revolución Cubana es hemisférico y es correcto. ¿De qué se trata?: se trata de eliminar la pobreza, la miseria, las oligarquías, el poder de la iglesia católica, los “milicos”, la influencia nefasta del capitalismo, las dictaduras, el militarismo, todos esos males han ido disminuyendo relativamente con los años, pero eran males que existían con enorme fuerza en Latinoamérica.


La Revolución Cubana en sus principios empezó por ahí, por sacar, por eliminar esos factores de poder, para crear otros que nosotros entendimos que iban a ser mejores. No fue así, se convirtió en dictadura, en mafia, en grupo político de poder y trataron de exportar eso al resto de Latinoamérica. Ese fue un error que nos costó muy caro, no porque haya muerto el “Che”, el ” Che” era un tío completamente equivocado, nunca hizo lo que dijo que iba a hacer, era un poco irlandés, decía lo que no pensaba y pensaba lo que no decía. Por ejemplo en Venezuela, hubo tanta gente buena que cayó, que murió, que desapareció, pensando que estaban defendiendo una causa justa y lo que estaban defendiendo sin saberlo era un capitalismo de estado; estaban defendiendo lo mismo que combatían.


 - Libertad en hibernación


-¿Usted cree que aún quedan vestigios en Cuba, de lo que alguna vez fue la Asociación Libertaria Cubana (ALC, activa publicamente hasta 1960) o del Grupo Zapata (colectivo sindicalista clandestino de la década de 1980)?

- Los cubanos son gente muy especial en ese sentido, el anarquismo en una buena época si tuvo gran aceptación dentro de la clase obrera y dentro de una buena parte de la juventud, después de todas las crisis que sufrieron, quedaron mermados. Sin embargo yo siempre he dicho que los cubanos en términos generales somos anárquicos, no somos anarquistas pero somos anárquicos, hay una tendencia en los cubanos a no cumplir la ley, a no pagar impuestos, a tratar de rebelarse en contra de lo establecido. Esa es una vieja historia de los cubanos. No indica que haya una proclividad al anarquismo pero sí a ciertas ideas del anarquismo.


Yo creo que el espíritu de libertad es universal, no se le puede quitar a nadie. Ese espíritu sigue en Cuba a pesar de los 40 años de dictadura, eso es un embrión de ideas anarquistas y lo demás depende de quienes vayamos a trabajar ese problema, a orientar, a organizar. Pero hay algo que me dice que sí, que en cuba si hay anarquistas. ¿Donde están?, ¿a qué se dedican?… no lo sé, esa es una pregunta para ellos.


-¿Pasaría como pasó con los cenetistas durante la época de Franco?

- Podría decir que sí, pero claro el “cenetismo”, el movimiento anarquista español, era el movimiento mas fuerte del mundo, habían cientos de miles de militantes en un momento determinado y por una guerra civil. Ese no fue el caso de Cuba; pero sí hay una herencia, una tradición dentro de la clase obrera, de respeto a las ideas anarquistas.-¿Entonces usted cree que en la Cuba post-bolchevique puede volver a crecer ese árbol de la libertad, ese árbol de Enrique Roig San Martín (la principal figura del anarquismo histórico cubano)?

 

 

- La primera ley de los anarquistas es ser optimistas, es decir tu puedes creer en la libertad, en la justicia social, en la emancipación de los pobres, etc., etc., pero antes que todo tienes que ser optimista, tener esperanzas de que las cosas van a cambiar a tu favor. Las dictaduras mientras más largas menos convencen, mientras más pronto se consoliden más rápido se desploman. Hay que estar preparado para esa eventualidad, yo creo que si eso se maneja bien, hay buena oportunidad.
En Cuba están organizados lo que se puede llamar poderes: el ejercito, la seguridad del Estado, la iglesia católica, la burocracia oficial de los “aparatniks”; pero hay otra cosa muy bien organizada en Cuba, que se llama la clase obrera: Federaciones, Confederaciones, Sindicatos. Es decir, la clase obrera en Cuba si está organizada, no por nosotros, sino por el Partido Comunista, al igual que el ejercito, la seguridad del Estado y la burocracia. Pero la clase obrera organizada es una fuerza que pudiese confrontar a los poderes autoritarios


 - Más teoría, más acción


-¿Cómo ve el movimiento anarquista a nivel internacional, cree que es mas fuerte que antes o al contrario?

- Es un poco difícil darte esa opinión. No creo que el anarquismo esté más débil que en los años 60; el anarquismo decayó mucho después de la segunda guerra mundial y volvió a tomar fuerza otra vez durante los años 60, yo diría que está en la misma situación. Los anarquistas de los años 60 siguen siendo anarquistas, que eran mucha gente joven, ahora ya no tan jóvenes, pero eso no quiere decir que el anarquismo haya dado un paso hacia atrás, sé ha quedado donde estaba en los años 60, aunque es cierto que pudo haber avanzado mas.

 
Una falta que creo esencial es en lo teórico. No hay teóricos, no hay intelectuales, no hay gente que guíe en la reflexión, que oriente. Te encuentras con Chomsky, que a la desesperada los anarquistas españoles e italianos lo han tomado como un “guru”. Chomsky no es anarquista, por lo menos eso dice él; si tiene valores que le reconocen los anarquistas, pero Chomsky no es anarquista. Nos hace falta eso, teóricos, gente que guíe, que oriente, porque lo que va a venir no va a ser beneficioso para nosotros si carecemos de pensamiento propio actualizado.


-¿Cuándo usted habla de Chomsky no será que el anarquismo sé ha “transmutado”, ya no es la misma esencia que antes, sino que a ido evolucionando?

- El anarquismo, no es una doctrina, no es un dogma, no es una cosa estática. Esto no es marxismo, esto no es la iglesia católica. El anarquismo siempre fue una corriente de ideas que crean un concepto libertario, lo cierto es que sus teorías son fluctuantes y cambiantes. El anarquismo está basado en varias ideas, no en una sola; es cambiante, se puede aportar, hace falta gente que aporte, que se inicie un debate, un dialogo, no podemos mantener posiciones estáticas, trincheras, barricadas, en la situación en que estamos.


-¿Para finalizar que le recomienda a los compañeros anarquistas en Venezuela?

- El primer paso es establecerse, ganar espacios dentro de la colectividad. Ideas como la Biblioteca Social, o publicaciones como El Libertario, son buenísimas, porque captan elementos jóvenes, elementos que en el peor caso van a ir contigo por un tiempo, al cabo de cierto tiempo se van a bajar del tren y van a coger otro tren, pero en ese viaje que van a hacer contigo es importante pasarles el mensaje, el mensaje de la libertad, el mensaje anarquista, que entendemos tu y yo que es el correcto. Me parece excelente lo que están haciendo a este respecto los anarquistas de Venezuela.

 
Venezuela vive en un caos, esta al borde de la guerra civil, yo le recomiendo y les sugiero que no se metan en la guerra civil, ustedes pueden agitar todo lo que quieran, “agitpro”, agitación y propaganda, pero no se metan en la guerra civil, porque ustedes – y el pueblo – la van a perder, quien quiera que la gane.


Tienen que pensar en el futuro, echar raíces, construir bases, tener medios de propaganda, medios de difusión, lugares donde reunirse, dar conferencias, moverse a través de la gente joven, y el segundo paso es el reconocimiento mundial, que sin duda alguna hoy se lo dan, pero no pueden permitir que otros grupos falsificadores del ideal libertario se lo quiten.


 - Descripción de un libro

 

El Anarquismo en Cuba, de Frank Fernández (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2000. 142 pgs.), reseña la influencia que dentro del pueblo cubano han tenido las ideas y la práctica libertaria, con la crónica – concisa pero documentada – de más de un siglo de luchas a favor de los humildes y oprimidos de la isla, en defensa sin desmayos de la libertad y la justicia social. El texto recoge la trayectoria de hombres y mujeres sin apoyos o patrocinios externos de ningún tipo, casi siempre olvidados y perseguidos, pero capaces de legarnos ideas y ejemplos en el combate por la libertad y la redención social. Estos anarquistas y sus actividades más relevantes, sus sacrificios y persecuciones, pertenecen tanto a los anales de las clases oprimidas como al inicio y organización de los movimientos modernos de lucha social en Cuba, por lo cual su papel debe ser reconocido y valorado con justeza y sin falsificaciones.


Debido a la difusión que ha tenido esta obra, la crítica marxista o pro-castrista se ha hecho el propósito de difamarla y calumniarla, unos calificándola de “panfleto maniqueista” que se limita a hacer una apología emotiva del anarquismo cubano, otros recurriendo a las habituales descalificaciones que ven la mano de la CIA, el imperialismo o la “contra” reaccionaria de Miami en cualquier crítica a las versiones castristas de la historia cubana. Ante esto, el autor ha respondido no sólo enarbolando el derecho que tiene cada sector social a exponer su perspectiva de la Historia, sino que también despliega un trabajo solidamente asentado en datos verificables y en una presentación concienzuda tanto en lo analítico como en las conclusiones a que llega.

 


Entrevista con el historiador cubano Frank Fernández

 

[Periódico CNT, # 306, noviembre 2004, Madrid]

 

revolución ha conseguido poner de acuerdo a los cubanos en que Fidel Castro es un criminal”

 

Barba blanca, aire quijotesco y con un puro tan unido a él como la ironía y el verbo fácil. No hay manera de frenar la palabra del historiador Frank Fernández (La Habana,1930), de paso por Madrid, donde visitó las “ruinas del anarquismo español”, en alusión sarcástica a las permanentes obras de rehabilitación del edificio donde están situados los sindicatos de la capital.

Habla largo y tendido de Cuba, de su pasado y presente, y del anarquismo cubano. También de la situación de los movimientos libertarios en este principio de siglo. Cofundador de la revista “Guángara Libertaria”, colabora en publicaciones anarquistas y prepara en la actualidad una Historia social de Cuba: “No de las guerras, no de los patriotas, sino la historia de los esclavos, la historia de las mujeres, la historia de la sociedad cubana. Nosotros debemos escribir la historia eliminando las epopeyas y a los líderes y divos de las estatuas. La historia no la hacen ellos, sino el pueblo. Un obrero tabaquero hizo más por la República que muchos soldados por la independencia.”

 

* ¿Quiénes fueron los precursores de los movimientos sociales y anarquistas en Cuba, de dónde llegaron las ideas?

 

Hay que remontarse a Enrique Roig de San Martín, un personaje de la historia de Cuba olvidado completamente por los historiadores. Fue el precursor de las ideas sociales, de las ideas y cultura anarquistas, de la lucha de clases, de la prensa (“El Productor”). Dentro de parámetros coloniales, que es una cosa hasta cierto punto dificilísima. Organizaron círculos obreros, sindicatos, dos congresos en los que tomaron acuerdos muy importantes contra la discriminación social de la mujer y racial de los negros. Después de que se abolió la esclavitud, en Cuba había una discriminación enorme contra ellos. A pesar de que era libre, no era igual. Los anarquistas, a través de sus publicaciones, de sus acuerdos, trataron siempre en darle al negro, al hombre y la mujer de la raza negra, la dignidad que se merecía. Fueron los primeros que plantearon esa igualdad.

 

* ¿Los que habían sido esclavos, los negros, los mulatos… se incorporaron a esas luchas sociales?

 

Masivamente yo diría que no. No tenían la suficiente información, preparación y oportunidad de incorporarse a otra cosa que no fuera la independencia. Porque la independencia les convertía en ciudadanos, mientras que no lo hacía el autonomismo, ni el colonialismo; tampoco el anarquismo les convertiría en seres más o menos iguales, más o menos libres, pero se integran en el separatismo porque les da ciudadanía. Y se la dio. Sí hubo negros en el movimiento obrero. En el gremio de los tabaqueros había líderes, orientadores negros, dentro de las tabaquerías, en Cuba, Tampa y Cayo Hueso. En los sindicatos de los carpinteros, de los obreros del puerto, también había negros; no eran mayoría, ya que no tenían ese concepto social que tenía el blanco. La esclavitud se termina en Cuba en 1886 y estamos hablando de organizar sindicatos en 1883. Es casi ahí mismo, muy difícil que se hubiera podido crear esa conciencia general.

 

* ¿Existe algún tipo de movimiento libertario en la Cuba de hoy?

 

Sin duda alguna tiene que haber embriones libertarios en Cuba, pero masivamente es imposible, porque las ideas anarquistas están prohibidas en Cuba.

 

* ¿Y en el exilio?

 

En el exilio sí hay movimiento libertario cubano. A través de Internet tiene secciones, sección en México, sección en Los Angeles, en Nueva York y en París. Grupos que han puesto manifiestos en Internet. Hay grupos de afinidad, simpatizantes dentro de su familia, amigos, gente joven, mayor, que viven en diferentes ciudades con ideas afines a las nuestras. Yo diría que son secciones que trabajan en conjunto a través de Internet, que hace la función que antes hacía la trinchera del papel.

 

* Supongamos que Fidel se muere algún día. En el futuro inmediato de Cuba ¿puede cambiar algo?

 

Es una pregunta hipotética. Quisiera hacer predicciones astrológicas y hacer lecturas en una bola de cristal, pero no puedo. En realidad queremos saber cuál puede ser la evolución de una sociedad como la cubana, no creemos que el régimen vaya a seguir igual.

 

El cubano tiene un carácter alegre, está hablando siempre con doble sentido; pero tiene también una faceta que es su belicosidad. Es decir, un cubano se puede sentar contigo a tomar un plato de sopa, pegarte dos tiros en la cabeza y seguir tomando sopa. Puede haber una explosión popular. Ningún pueblo se ha alzado por el pan todavía. Ese cuento chino de las tomas del palacio de invierno y de la toma de La Bastilla es un cuento y lo sabemos bien. No hay revoluciones, aunque sí haya habido revueltas. Se puede decir que el que se levanta contra el Estado o el que desafía su poder se puede convertir en un revolucionario. Las revoluciones no empiezan como vemos en las películas, empiezan con los descontentos. Por ahí puede ser. Puede traer como consecuencia una teoría de dominó. No tiene que ser necesariamente en La Habana. Todo el mundo piensa eso, pero puede explotar en cualquier lugar de Cuba, en cualquier ciudad. La Habana, Camagüey, Santiago de Cuba. Se podría producir un problema tremendo y se tendría que reprimir, lo que han hecho siempre. La tesis comunista es reprimir, primero es la policía, luego la seguridad del Estado, y, si fallan, pues viene el ejército. El problema es que yo no creo que llegue a tanto. No creo que el ejército de Cuba vaya a ametrallar a nadie. Entre otras cosas porque nadie sabe dónde están las balas.

 

* ¿Se podrían dar situaciones como las que ocurrieron en algunos países del Este europeo, la caída de Ceausescu, por ejemplo?

 

Hay una serie de circunstancias que pasaron en algunos países comunistas que pueden reflejarse en Cuba. Esta es una hipótesis. Pero hay soluciones a la española que muchos ven como factible: la llamada transición. El problema es que ni Franco es el insepulto, aunque se va pareciendo, y que los cubanos no somos españoles y que estamos a 90 millas del yanqui. Eso representa un peligro tremendo. En el caso de una insurrección popular, en el caso de un Kósovo o Bosnia, o de un conato de revolución popular o de guerra civil, lanzarán a los marines para evitarlo.

 

* ¿El hermano, Raúl Castro, no podría jugar el mismo papel de Carrero Blanco?

 

No creo. Carrero tenía una garra de espanto. El hermanísimo no tiene garra ninguna, es un alcohólico en estado de desesperación. No es el hombre indicado. Hay gente que no se sabe quién es y dónde está, pero el hermano, descartado. Puede haber una transición pacífica, no al estilo de España porque para eso hay que poner de acuerdo a la oposición con el Gobierno y el Gobierno de Cuba no se va a poner de acuerdo porque la oposición está fuera, no está dentro. En Cuba no hay ni siquiera una oposi-ción leal. Realmente, cuando ellos hablan de grupúsculos tienen razón.

 

* ¿Y los que tienen ahora encarcelados?

 

Pueden jugar el papel de la oposición, efectivamente. Pero se habla de 200 o 300 personas que están buscando un espacio político; nadie se lo puede negar, pero no tienen mucho peso. Lo más que podían hacer es ir a una oposición leal con todos los grupos de comunistas que aún existen. Pero éste no es un escenario con el insepulto vivo, sino con el insepulto sepultado. Los cubanos son en esto también bastante inteligentes para darse cuenta de que si no se ponen de acuerdo, los norteamericanos les van a poner de acuerdo a ellos. Si los Estados Unidos se han metido en Irak o Afganistán, con su mentalidad de gendarmes del mundo se meten en Cuba; eso seguro. Por experiencia propia.

 

* ¿Se puede comparar, se puede hablar de que el sistema comunista es peor que el capitalista?

 

Para ejemplo, puedo poner lo de la Europa del Este. En Rusia ahora hay anarquistas. Y en Ucrania. Y hay anarquismo en Alemania o en Bulgaria. En todo lo que era el Este mediatizado y oprimido por la Unión Soviética no había anarquistas. Ahora, en unos sistemas semidemocráticos, hay la oportunidad de ser anarquista. Si me dices que tengo que escoger entre el menos malo y el peor estamos muy mal. Porque como quiera que conteste voy a quedar como idiota.

 

* ¿Da igual, entonces?

 

Te digo que, si en principio, tengo que escoger entre un sistema y el otro lo haría por el sistema de la semidemocracia, de la seudolibertad de los dos partidos políticos, porque te da cierto espacio político para poder destruirlo o cambiarlo y el otro no. A los anarquistas en Estados Unidos nos tratan como a medio locos, extravagantes, pero es parte de la mentalidad norteamericana, pero existimos. El sistema democrático español se puede descentralizar, se puede lograr que haya más libertad, que el ser humano pueda vivir en mejores condiciones, que no sea perseguido por ser minoría. En términos generales en España hay una segunda oportunidad para los anarquistas. Los comunistas nunca darían esa oportunidad. En Cuba podría pasar lo mismo si no entran en una farsa de continuidad. El insepulto no está interesado en la transición, ni en conversar o pactar con nadie, ni con el Papa, ni con Carter, ni con nadie.

 

* En tu libro insistes en que si hay algo que definía a los anarquistas era la solidaridad y el optimismo. ¿Es una buena manera de esperar un mundo mejor?

 

No porque lo dijera Anselmo Lorenzo, que lo único que hizo fue recoger un sentimiento casi religioso de aquella época, que al doblar la esquina estaría la libertad. Yo creo que es un sentimiento positivo que ayuda. Si tú simplemente te sientas, te pones a llorar, no llegas a ningún lado. Si tú lo vas a ver todo negro, porque no tiene solución, si tú vas a pensar que los norteamericanos van a desembarcar mañana y a asesinar a medio pueblo en Cuba, si piensas estas cosas no llegas a ningún lado porque esos pensamientos negativos producen actitudes negativas. Me estoy metiendo un poco en la cosa psiquiátrica, pero es cierto; si tu piensas que vas a ganar, lo más probable es que ganes, aunque estés jugando con el campeón.

 

* Aseguras que en el siglo XXI habría que adaptarse, habría que superar formas del pasado, que a veces las ideas anarquistas y anarcosindicalistas no saben qué decir ante lo que ocurre alrededor.

 

Creo que el movimiento libertario español, y a nivel europeo, no está de acuerdo con los tiempos. Hace falta crear teóricos. Los teóricos desaparecieron con la Guerra Civil española, allí se paró todo, se fue el barco y no volvió. Yo pienso que hace falta crear teóricos, pensadores que han enseñado el camino a seguir. A nivel mundial se está en una encrucijada, no se sabe qué camino tomar. Y lo que hace falta es orientación. ¿Quién proporciona la orientación?, pues la gente que tenga suficiente inteligencia para, sin renunciar a los principios que son inconmovibles, buscar un camino y solución apropiados. Con mucho optimismo, pero se puede hacer. ¿Dónde están, quiénes son?, ¿se pueden convocar congresos, a militantes que den su opinión? Se puede salir de la encrucijada si se busca la orientación correcta, porque, hasta ahora, la orientación que hemos tenido no ha sido la correcta.

 

Si esto es una crítica, pues es una crítica. Debemos empezar por ahí, por aprender de los errores. Está bueno ya eso de seguir en este falso tiroteo entre facciones que se llaman más o menos libertarias o anarquistas, que no tienen otra agenda que criticarse los unos a los otros. Es una pérdida de tiempo, no tienen camino. Se entretienen leyendo libros, viendo bibliotecas, hacen su donación, se habla más de fulano, que si Durruti es una basura, porque la Federica… Se está viviendo en el pasado y hay que ocuparse del futuro.

 

* Lo libertario ¿sabe dar opciones, opiniones, sabe analizar los nuevos conflictos de poder, de razas, de migraciones, de religiones, económicos, ecológicos…?

 

Hay que huir además del sectarismo. Los anarquistas nunca fuimos sectarios, hasta ahora, que sí lo somos. Hay que oír otras opiniones. Ahora tenemos un cartelito que nos distingue de los demás. Si creemos que hay militantes de otras opciones que pueden ser compatibles con muchas de nuestras actividades ¿por qué no hablar con ellos? No soy un teórico, hay gente que conoce mejor los problemas, pero creo que la última gran disputa en el movimiento libertario quizá fuera la de los años treinta con los “treintistas”, ni siquiera aquí con los “cegeteros”. Desde el punto de vista orgánico la única crisis que se le ha planteado al anarquismo fue con Pestaña, en los años treinta, en que se hablaba de ideas, de propósitos. Hablo dentro de las ideas anarquistas, porque hay mucha gente en el mundo con ideas interesantes que no son anarquistas, que comparten nuestras ideas. Y hay mucha gente dentro de ellos que además son anarquistas, que tienen los mismos puntos de vista, que, quizá, porque son pesimistas o por otros motivos, no dan el paso.

 

 - Los logros del insepulto

 

No pierde ocasión FrankFernández para denostar al insepulto, nombre con el que reconoce constantemente a Fidel Castro. Habla con amplitud ydetalle sobre los considerados “grandes logros” del castrismo, que él analiza como los grandes fracasos. Educación, salud y deporte (“esa Santísima Trinidad está fundada en varias falacias”) no han sido sino un fracaso constante, salvo en la propaganda castrista. La sanidad es buena para quien tiene dinero, generalmente extranjeros, pero no para los cubanos, sin medios y sin medicinas a su alcance. Cita como curiosa la gran contradicción que tiene el régimen con “el enemigo”, los Estados Unidos, cuando con él comerciacon medicinas y alimentos pagados sin protestas. Cosa que no ocurre con la gran deuda contraída por el Estado cubano con México, Venezuela, Panamá, España o la antigua URSS, dinero que no se pagará nunca, considera Frank Fernández. “Rasputín (por Putin) fue a Cuba a demandar los rublos que le debía Cuba y el insepulto le dijo que él se lo debía a la Unión Soviética, no a Rusia, así que no sabía a quien pagar.

 

“El bloqueo, los males del bloqueo estadounidense al régimen castrista y su condición de lo maligno para todas las desgracias de la isla, es otra de las mentiras mediáticas que han calado bien en los movimientos de izquierdas en todo el mundo. “En primer lugar”, dice Fernández, “no es un bloqueo sino un embargo. Bloqueo sería el de Suráfrica y no hay país que lo resista. Cuba sigue comerciando con otros países, incluso con Estados Unidos. ¿Quién nos bloquea, entonces? Nunca se habló de bloqueo mientras la Unión Soviética pagó la cuenta. El bloqueo es cosa nueva, de los años 90 para acá. Antes nunca se hizo esa acusación. Fidel está encantado con el bloqueo porque le da oportunidad para seguir atacando al imperialismo yanki.”

 

“Los logros de la revolución. La producción económica lleva décadas siendo un fracaso. Pero sí tienen un gran logro. La revolución ha conseguido, por fin, poner de acuerdo a la mayoría de los cubanos en que Fidel Castro es un criminal. Son cosas que el sistema castrista y el Partido Comunista han logrado. La pregunta que yo hago es si ha merecido la pena por el costo que ha tenido que pagar el pueblo de Cuba. Muchas vidas, mucho sufrimiento, mucha cárcel, mucho exilio, mucha tragedia. Lo que hemos tenido que pagar los cubanos con los 40 años de castrismo no vale la pena. ¿Sus logros? Se hubieran conseguido igual de cualquier manera.”

 

 - El anarquismo cubano

 

El Anarquismo en Cuba – Frank Fernández – Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid. 2000. 142 pags.ISBN 84-86864-41-0

 

El anarquismo en Cuba, de Frank Fernández, es un resumen de toda la historia de los movimientos libertarios cubanos, desde los orígenes hasta los años posteriores a la revolución castrista. Editado por la Fundación Anselmo Lorenzo, ha sido traducido a varios idiomas, al italiano y al inglés, y se acaban de hacer versiones ampliadas en francés y portugués.

 

Con un lenguaje “pensado más para los cubanos, para que conozcan su propia historia”, acota la influencia libertaria en la isla en tres etapas. La primera fue la de los precursores, la de la llegada de las nuevas ideas sociales liberadoras, los primeros movimientos obreros organizados, que, asegura, tenían una indudable idea anarquista de la organización social. Cita nombres importantes como Enrique Roig de San Martín, así como a las muchas publicaciones que permanecieron durante muchos años. La influencia de las publicaciones catalanas, gallegas, españolas se notaron en Cuba para acabar conformando grupos organizados que transformaron los primeros y tímidos movimientos reformistas obreros. “A veces”, asegura Frank Fernández, “se ha criticado que el anarquismo cubano llegó de Europa, que no era autóctono, por lo que no tenía sentido en la isla. Pero ¿qué otras ideas en Cuba no han venido del otro lado del mar? Porque somos una isla. Las ideas de la independencia venían de los Estados Unidos. Y el reformismo autonomista venía de Canadá; y de Galilea venía el cristianismo. En Cuba no hay nada autóctono, porque a los indios los mataron a todos. Así que decir que las ideas anarquistas vinieron de allende los mares es muy marxista. Claro, ¿de dónde vinieron los marxistas?”

 

Esta primera etapa del anarquismo en Cuba duraría hasta 1917, en que los anarquistas se muestran muy activos y son violentamente reprimidos. Existen sindicatos y, por primera vez, se trata de organizar a los campesinos. Es una etapa que coincide con los primeros planteamientos anarcosindicalistas, pues ya está fundada la CNT en España. Aunque no todos fueran anarquistas, los movimientos obreros organizados llegan a tener 200.000 trabajadores afiliados, “una fuerza social increíble a la que había que destruir ya que competía con la influencia tradicional de los partidos Liberal y Conservador”. El comunismo empieza a ocupar e imponer su lugar, con lo que los anarquistas tienen más frentes de enemistad. Es la época de las revueltas contra Machado, el entonces presidente. La Guerra Civil española marcó nuevamente el entusiasmo por los cambios sociales de carácter libertario en la isla.

 

Entre 1936 y 1960/61 sitúa Frank Fernández la última etapa del anarquismo cubano. Algo que los historiadores marxistas niegan. Las simpatías y dudas hacia la revolución castrista llegan también a los libertarios que, finalmente, acaban siendo liquidados por el poder comunista triunfante: “Hubo anarquistas que se quedaron en Cuba y hubo anarquistas fusilados en Cuba. Hubo gente que no quiso salir, como Salinas, y otra que no pudo. Dentro de la isla quedaron anarquistas que se murieron de viejos, sin poder hacer nada. Fue imposible. Tú no paras una catarata con una pluma aunque hayas sido un gran escritor.”

 


Che Guevara: más allá del mito

 

Daniel Pinós

(Publicado originalmente en francés en Le Monde Libertaire, julio-septiembre 2004)

 

Existe un personaje bastante rentable, que aunque un sector de la izquierda tradicional se empeña en elevarlo al cielo como un Santo revolucionario, lo cierto es que su obra solo ayudo a consolidar la ambición de poder de un obseso autoritario que ese escudo en la bandera de la libertad.

 

La fotografía de su rostro ha recorrido el mundo, dejando bastantes ganancias a quienes lo han convertido en un producto barato usado hasta por la clase que este guerrillero supuestamente combatió. La efigie del archiconocido Che Guevara se encuentra en millones de souvenirs, playeras, tazas, pantalones, paliacates, etc. elaborados por compañías desde Furor hasta los comerciantes del barrio de Tepito.

 

Este fenómeno, cono dije antes, deja jugosas ganancias a quienes negocian con la carita del “Che” y una estupidez grandísima que se asemeja al fervor religioso. Al igual que los exegetas bíblicos o los seguidores del culto marxista leninista, los adoradores de Ernesto Guevara muchas veces solo saben de este lo que los medios manipulados permiten saber; Siguen ciegamente esta ideología la cual no resulta peligrosa para el Estado y por el contrario, cae como anillo al dedo del sistema capitalista.

 

Todos conocemos aspectos generales del Che Guevara, el guerrillero heroico que sacrificó su vida por la revolución. Conocemos su participación en los preliminares de la revolución cubana, sus responsabilidades ministeriales en la isla del Caimán Verde y su muerte trágica en Bolivia. Pero, más allá del mito en que se ha convertido hoy día, o del icono de quienes gustan de vivir de las modas políticas que son avaladas por el Estado, cabe preguntar ¿cuál fue su itinerario y cuáles sus verdaderas acciones que aseguren fue un verdadero revolucionario?

 

Los años anteriores a la revolución cubana

 

Guevara participó a los 26 años en la revolución nacionalista del presidente Arbenz, en 1954, en Guatemala. Con su título de medicina en el bolsillo, deseaba ser útil en un país que trataba de instalar una serie de reformas sociales. Pero la CIA derrocó el gobierno de Arbenz, que se rindió sin lucha. Guevara tuvo que abandonar Guatemala con dirección a México. El fracaso de Arbenz marcó profundamente al joven Guevara. Acababa de descubrir la miseria en el continente americano, por lo que se radicalizó y puso en cuestión la izquierda no comunista, a la que consideró culpable del fracaso.

 

En Guatemala conoció a un grupo de exiliados cubanos tras el fracaso de la toma del cuartel de la Moncada, en Santiago de Cuba, en 1953, por las primeras tropas de Fidel Castro. En 1955 volvió a encontrarlos en México, donde le presentaron a Castro, que acababa de salir de la cárcel. Castro y Guevara se cayeron bien y estuvieron de acuerdo en un punto: la lucha armada como único camino para la revolución. El Che se había hecho marxista y lo afirmaba, mientras que Fidel Castro hacía numerosas declaraciones públicas en las que hablaba sobre democracia y nacionalismo. Pronto el Che aceptó que Castro se convirtiera en el jefe de la expedición cubana que debería poner fin a la dictadura de Batista.

 

Cuando los supervivientes de la expedición frustrada a bordo del Granma (1), en 1956, en la que fue herido Guevara, se emboscaron en Sierra Maestra, el Che decidió optar por el papel de soldado al servicio de la causa revolucionaria cubana. Con varios hombres de refuerzo llegados de los pueblos, formó el segundo frente de la guerrilla en apoyo de Castro.

 

De la guerrilla al poder

 

Algunos meses más tarde, Guevara había dado pruebas de su audacia y su valor en el combate. Tanto, que un día Castro le dijo que añadiera comandante a su nombre. En los meses que siguieron, Guevara, segundo comandante de la guerrilla, llevó a cabo toda una serie de arrojadas acciones: creó un territorio libre en El Hombrito, donde trató de instalar una comunidad civil con escuela, hospital, taller de fabricación de armas, panadería, periódicos y, más tarde, la Radio Rebelde.

El Che consideraba por entonces la dirección clandestina del Movimiento del 26 de julio (2) insuficientemente revolucionaria, simplemente antiimperialista. Castro solicitó la ayuda de todos, no sólo de la Unión Soviética. Un país le dio su apoyo: Estados Unidos. El 31 de marzo de 1958 llega a la Sierra Maestra un gigantesco cargamento de armas procedente de Costa Rica. Su presidente, José Figueres, cercano a Estados Unidos, colaboraba con la CIA. Esas armas hicieron posible la expansión de la guerrilla hacia el centro de la isla. Después, los archivos de la CIA han hablado, pero en La Habana y Washington se quedaron mudos.

 

Guevara fue el encargado de defender él solo una zona de la Sierra, cometido de importancia pero más anónimo que espectacular. Lo que confirma su posición de segundo comandante de la revolución fue la invasión de la isla y su fulminante avance hacia Cuba.

 

Más espectacular todavía que el asedio y la batalla de Santa Clara fue la toma del tren enviado como refuerzo por Batista, que Guevara atacó, obligando a los militares a rendirse. Por sus acciones, Guevara se convirtió, gracias a las cámaras de televisión y de prensa americanas, en la figura decisiva de la revolución, situando a Castro en segundo plano.

 

La toma de Las Villas fue dramática para los seguidores de Batista. Durante la batalla, un grupo de militares, atrincherados en un hotel, se rindió. Los prisioneros fueron ejecutados sumariamente y sin juicio, en presencia de fotógrafos, periódistas y cámaras. Las víctimas eran en su mayoría jóvenes campesinos y parados recientemente reclutados en el ejército.

 

Uno de los objetivos de Guevara y de Castro fue controlar el segundo frente de Escambray, muy importante desde el punto de vista militar y político, porque se encontraba en el centro de Cuba, donde operaban las fuerzas independientes del comandante Gutiérrez Menoyo (3), y las del Directorio Revolucionario. Guevara, deseoso de la colaboración del viejo Partido Comunista, firmó un pacto con el Directorio Revolucionario y marginó a las fuerzas de Menoyo, degradando a los comandantes del Movimiento del 26 de julio.

 

Director de prisiones y presidente del Banco Nacional

 

Tras la huida de Batista, Castro restableció su poder ordenando a Camilo Cienfuegos que tomara el cuartel de Columbia. Envió al Che al cuartel de La Cabaña, posición secundaria a la entrada de la capital. Prohibió a la tropas del Directorio Revolucionario que acompañaran a los rebeldes a la entrada de la capital. Guevara había marginado a Menoyo; Fidel, por su parte, reducía la influencia del Directorio y la de Guevara.

 

La fortaleza de La Cabaña, bajo la dirección de Guevara, el guerrillero histórico, se convirtió en cárcel y centro de ejecuciones.

 

Guevara y Raúl Castro estaban preocupados por el resurgimiento de un movimiento obrero y estudiantil independiente, y por la popularidad de algunos comandantes y ministros no comunistas. Por entonces, declaró Guevara: “Hay que terminar con todos los periódicos, no se puede hacer una revolución manteniendo la libertad de prensa. Los periódicos son instrumentos de la oligarquía”. En los meses que siguieron, la prensa cubana fue prohibida, y sólo subsistió el órgano del Comité Central del Partido Comunista, el diario Granma. Toda oposición a cualquier acercamiento a la Unión Soviética fue severamente reprimida.

 

Los anarquistas fueron detenidos, torturados, condenados a largas penas de cárcel u obligados a exiliarse (4).

 

Contrariamente a Fidel, que deseaba “ganar tiempo”, Guevara y Raúl Castro deseaban enfrentarse abiertamente a los Estados Unidos y pactar con los comunistas.

 

En marzo de 1959, la tensión entre Raúl Castro, Guevara y los viejos comunistas por un lado, y Fidel Castro por el otro, se exacerbó a propósito de la reforma agraria; los primeros eran partidarios de expropiar las tierras de los latifundistas, mientras que Fidel quería una ley.

 

A partir de su nombramiento, en noviembre de 1959, como presidente del Banco Nacional y responsable de la economía cubana, el Che surge de nuevo como segundo personaje oficial de la revolución cubana. En 1960 se convirtió en uno de los protagonistas de la crisis del petróleo, durante el control de las refinerías americanas e inglesas y la posterior firma de los acuerdos con Mikoyan (5). Raúl Castro controlaría a partir de entonces el poder militar y policial; Guevara, la economía y la industria a partir de 1961. En cuanto a Castro, dirigía la reforma agraria y la política en general.

 

Guevara, que se inspiraba en el más rígido de los modelos soviéticos, creía ciegamente en la centralización, la planificación, la destrucción de toda forma de propiedad, grande o pequeña. Creía también que, desde el poder, era posible destruir el capitalismo y construir el socialismo. Castro y Guevara ordenaron la nacionalización del ochenta por ciento de la riqueza cubana: tierras, minas, comercios, fábricas, transportes, bancos e industrias. El primer síntoma de la crisis surgió en la agricultura, durante la asamblea de producción de 1961, en que se decretó el racionamiento de los productos nacionales y extranjeros.

 

El 26 de junio de 1961, el Che declara que “los trabajadores cubanos deben poco a poco acostumbrarse a un régimen de colectivización. Y de ninguna manera deben hacer huelga”. En efecto, habían estallado numerosas huelgas para protestar contra la bajada de los sueldos decretada por el poder. La CTC (Central de Trabajadores Cubanos) fue purgada de parte de sus dirigentes y los comunistas se hicieron con el aparato sindical.

 

Guevara soñaba con una industrialización rápida en Cuba, olvidando sus pequeñas dimensiones, su débil población, su falta de recursos energéticos y de capitales. Y, sobre todo, que lo más urgente era conservar, y no destruir la industria existente, en activo desde hacía más de un siglo. La del azúcar, por ejemplo, con sus ciento cincuenta fábricas, su red de transporte, de almacenamiento, de transformación y fabricación de productos derivados, era de tipo capitalista, como las industrias textiles, del tabaco, del alcohol, del cuero y de la alimentación. El país, con todos sus problemas estructurales de monocultivo, de latifundio y de mercado único, tenía una economía que permitía al setenta por ciento de la población tener un nivel de vida de tipo occidental, y al treinta por ciento restante continuar con un nivel de pobreza típico del tercer mundo.

 

Guevara destruyó sin construir nada

 

Cuba producía pieles curtidas y calzados de buena calidad. Guevara nacionalizó las grandes fábricas y los pequeños talleres, suprimió los puestos de zapateros que había por todo el país y envió a la mayoría de los obreros del calzado al campo. Rápidamente dejó de haber zapateros y zapatos, y lo mismo sucedió con las panaderías, los tejidos, los dentífricos, el tabaco y las cerillas.

 

Su fe en los “países hermanos” Checoslovaquia, Polonia, Rumanía y Bulgaria, le empujó a comprar -y a ellos a vender- todas las máquinas improductivas que les quedaban.

 

La ruptura con Fidel Castro

 

Cuba es una de las grandes reservas de níquel del mundo. Con buenas inversiones, veinticinco mil obreros del níquel podrían producir tantas divisas como el medio millón de trabajadores de la industria del azúcar, siempre más cara y casi siempre no rentable. Fidel Castro pasó a ser pro-azucarero cuando había sido contrario, y a partir de sus viajes a Moscú, en 1963 y 1964, empezó a vender azúcar a los soviéticos.

 

Dando muestras por primera vez de su megalomanía, declaró: “Produciré diez millones de toneladas de azúcar, será la recolección más grande de toda la historia de Cuba, desarrollaré al cien por cien la industria azucarera, Kruschev me enviará esas máquinas de cortar la caña que se llaman las liberadoras”.

 

Este objetivo no se alcanzó jamás. La reforma agraria despojó a los campesinos de todo poder, la gestión de las cooperativas agrícolas pasó a las manos de los burócratas nombrados por el poder del momento. Cuba se endeudó en más de mil millones de dólares con Europa. Esta suma, destinada al níquel, debía permitir desarrollar la industria y toda la economía cubana. Pero el azúcar y el sociofidelismo devoraron implacablemente esos millones de dólares prestados, provocando además la ruina de la producción del níquel. Guevara, decepcionado, abandonó la economía y la industria; tenía una visión clínica de la realidad, que no disfrazaba ni idealizaba como Fidel. Su problema no era, por tanto, la visión de la realidad, sino su dogma, es decir, el socialismo de Estado, del que no podía dudar. Guevara, gracias a sus relaciones económicas con los países del Este y con la URSS, empezó a descubrir el socialismo “real”. Se acercó políticamente a China, a Vietnam y a Corea del Norte. A finales de 1964, su suerte estaba echada y el Ministerio de Industria fue absorbido por el INRA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrónomas). Su sueño de industrializar Cuba se desvanecía. La revolución se hundía en la burocratización y la militarización.

 

Sabiendo que no podía alejarse de las normas soviéticas, y que estaba condenado a un porvenir burócrata, decidió entregarse a la guerrilla latinoamericana con el proyecto lejano de crear una alianza intercontinental que reuniera a África, América Latina y Asia.

 

Guevara, que al principio fue el mejor apoyo de los viejos comunistas cubanos y de la URSS, se fue haciendo con el tiempo más crítico con el sistema soviético y con el “caudillismo” de Castro. Los métodos de Fidel le parecían inadecuados para crear un hombre nuevo y una nueva conciencia social capaz de construir el socialismo. Durante un Seminario en Argelia, en 1965, acusó a la URSS de neocolonialismo. A su regreso a Cuba, Guevara fue acusado de indisciplina por Fidel, Raúl Castro y el presidente Dorticos, así como de irresponsabilidad y de haber comprometido las relaciones de Cuba con la URSS. Guevara aceptó los reproches.

 

El fin trágico del guerrillero

 

Desapareció de la circulación, y la prensa mundial empezó a tejer el misterio guevarista. ¿Dónde ha ido el comandante argentino? ¿Qué le ha pasado? En realidad, como se sabría más tarde, Guevara había viajado a África.

 

En 1966 vuelve a Cuba, tras su fracaso africano. Luego marcha a Bolivia, en busca de la derrota o la muerte. ¿Por qué Castro no hizo por Guevara lo que habrían hecho por él? Presión soviética, celos o maquiavelismo.

 

¿Fue el Che un instrumento en manos de Fidel Castro? No supo o no pudo nunca actuar independientemente de Castro. Che Guevara era más un utopista que un realista. ¿De quién fue víctima, de la CIA, del KGB o de Castro? Sin duda el peor enemigo de Ernesto Guevara fue el Che. En un mundo dominado por Washington y por Moscú, se enfrentó a las dos potencias a la vez. Don Quijote internacionalista, Robespierre tropical, idealista y cruel a la vez. Personalidad compleja, representativo probablemente de las ilusiones y confusiones de su tiempo, la historia guardará de él una imagen de aventurero, de un personaje patético que vivió en esa época violenta, idealista, inhumana y pragmática llamada Guerra Fría.

 

¡Idolos a la hoguera!

 

Notas

 

1.- “Granma” significa en argot inglés “abuela”, nombre del barco que atracó en Cuba el 1 de noviembre de 1956. De los 86 hombres que embarcaron, sólo sobrevivieron 12.

2.- Día del ataque a La Moncada, en Santiago de Cuba.

3.- El comandante Eloy Gutiérrez Menoyo era hijo de republicanos españoles refugiados en Francia en 1939, y hermano de un resistente del maquis francés. Abandonó Cuba en 1961. Unos años después, organizó una expedición armada que desembarcó en Cuba para derribar el poder castrista. Fue capturado y condenado a veinte años de cárcel.

4.- Se puede conultar el libro El anarquismo en Cuba, de Frank Fernández, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo.

5.- Anastas Ivanovitch Mikoyan (1895-1978), bolchevique prototípico del estalinismo más servil.

 


¿Quién es el nieto de Ernesto Che Guevara?

 

Canek Sánchez Guevara

 

[Una vez más nuestro amigo Canek Sánchez Guevara cumple con los lectores de Cuba Nuestra “la voz en Suecia de los hijos rebeldes de la revolución”: aquí está la biografía solicitada. Por nuestra parte no queda más que agradecer a Canek por este valioso testimonio, que publicamos íntegramente; no le sobre una sola palabra. Que lo disfruten quienes siguen a Cuba Nuestra desde todas partes del mundo.

Carlos M. Estefanía - Director de Cuba Nuestra.]

 

Estimado Carlos Manuel:

 

Cuando recibí tu correo pidiéndome una biografía me sentí como un prócer que nada ha hecho y se ve obligado a llenar unas cuantas páginas en el libro de texto con hazañas imaginarias. Por fortuna mi heroísmo se limita a la simple supervivencia, y mis hazañas, tan imaginarias que ni me imagino contándolas…

 

 Nací en La Habana en 1974, en una casona en Miramar, sobre la Quinta Avenida: en resumen, en plena Aristocracia esquina con Burguesía. La vida en casa, empero, era cualquier cosa menos aburguesada. Además de mis padres (Hilda Guevara Gadea y Alberto Sánchez Hernández) habitaba el lugar un grupo de guerrilleros mexicanos llegados a la isla un par de años atrás. Ellos no eran Técnicos Extranjeros ni nada por el estilo, eran unos malditos revoltosos que estaban en Cuba —digamos— sin haber sido invitados por el gobierno (en otras palabras: secuestraron un avión en México y aterrizaron en La Habana; para hacer corta la historia). Creo que vivíamos unas doce o quince personas en aquella casa, no sé bien —por supuesto, mis recuerdos de aquella época no son míos, sino recuerdos de los recuerdos de otros; recuerdos de conversaciones, pues—. En algún momento los revoltosos mexicanos (comunistas, anarquistas, socialistas libertarios, qué se yo) decidieron que esa realidad socialista distaba mucho del ideal de libertad que ellos tenían, así que mandaron a la mierda la realidad y se largaron de Cuba en pos de la Idea (creo recordar que alguno de ellos, incluso, fue invitado a salir del país…). Y allá nos fuimos todos —me llevaron, quiero decir—, hasta la lejana Italia.

 

Durante los años setenta Italia era un hervidero de refugiados latinoamericanos de todas las tendencias de la izquierda. No “refugiados” en el sentido pasivo del término, sino militantes de sus respectivas causas en el exilio. Había argentinos, colombianos, nicaragüenses, salvadoreños, peruanos y sí, mexicanos también. Qué hacían mis padres en Italia es algo que no concierne al texto en cuestión, baste saber que cuando me preguntan algo relacionado con canciones infantiles, siempre respondo: Bandiera Rosa… Sí, creo que Bandera Roja y La Internacional fueron las primeras canciones que aprendí de niño. Recuerdo (no sé por qué) que en esos años llevaba siempre colgada del cuello una tira de cuero negro con un puño verde olivo. Tengo vagos recuerdos también (como flashazos) del minúsculo departamento que habitábamos en Milán. En serio minimalista…

 

Cuando tenía cinco años mi madre y yo volamos a La Habana. Durante varios meses (y ya sabes como es el tiempo en las Eras Infantiles: un verano puede ser infinito y un año entero apenas un segundo) vivimos en un apartamento en un edificio recién estrenado, justo tras el hotel Riviera. En realidad eran dos edificios, de esos que llaman de Microbrigada, de unos siete pisos, pequeñas ventanas y balcones aún más chicos. Y yo la pasaba de lo más bien: había tantos niños con los que jugar, tanto sol y tanta vida…

 

Bien, ese año en La Habana asistí al preescolar y francamente, no tengo muchos recuerdos de la escuela… En realidad sí: recuerdo los días de vacunación (no tienes idea de lo cobardón que era —soy— para las inyecciones). Recuerdo también a un par de gemelos (jimaguas) que eran un verdadero desastre juntos, y ahora me vienen a la memoria las interminables repeticiones de ejercicios caligráficos. En fin, cosas de preescolar.

 

Terminado ese curso, mi madre y yo viajamos a Barcelona para reunirnos con mi padre. Habían pasado pocos años desde la muerte de Francisco Franco (estoy hablando del setenta y nueve u ochenta) y las izquierdas estaban, como quien dice, desatadas. Mis padres siempre colaboraron con sindicatos y publicaciones diversas, tanto periódicos como revistas de izquierda. Colaboraron profundamente, quiero decir. El caso es que crecí entre salas de redacción y manifestaciones de tres días; el cuarto oscuro de revelado y un concierto de rock; entre mesas de diseño e interminables discusiones sobre el sujeto y el objeto de la revolución. Estudié el primer año de la primaria en una escuela bilingüe (castellano-catalán) de acuerdo con el discurso libertario de la época en España: el rescate de las Autonomías y sus valores culturales, comenzando por la lengua, claro. Recuerdo a mis amigos argentinos, hijos de unos refugiados amigos de mis padres, y recuerdo también las abiertas discusiones que los adultos sostenían por encima de la mesa —y los vinos— sobre la revolución permanente, mundial, en un sólo país, no sé; y siempre citando nombres en ruso, alemán, italiano o francés (vamos, no recuerdo qué discutían, sino el hecho de discutir —algo que, por supuesto, pasó a formar parte intrínseca de mi ser). Yo no entendía nada, y para serte franco, tampoco me interesaba: si Batman lucha por el bien, de qué se preocupan estos tontos, pensaba yo…

 

 Mi padre pudo volver a México cuando el presidente López Portillo dictó una amnistía general para todos los involucrados en los movimientos armados de los setenta. Mi madre tenía siete meses de embarazo y yo siete años de edad. (Aquí debo aclarar que apenas dos años atrás, cuando salimos de Italia, pude decir abiertamente los verdaderos nombres de mis padres, siempre sujetos al rigor del clandestinaje. Mi familia entonces eran los compañeros de ruta de mis padres, y sus nombres —los de todos ellos— otros muy distintos a los verdaderos…) Mi hermano Camilo nació en Monterrey, la ciudad de la que es mi padre y en medio de la numerosa familia paterna, tan ajena y acogedora a la vez: lo desconocido para mí.

 

Poco antes del primer cumpleaños de mi hermano nos mudamos a la ciudad de México —una mole impresionante que contiene un mundo alucinante— y mis padres, por ironía o yo-que-sé, me inscribieron en una escuela de nombre José Martí. Mi hermano era asmático y yo estudié un año y medio en esa escuela. (Ya sé que una cosa no tiene relación con la otra, sólo intento resumir dos hechos en una sola frase). Camilo pasó su segundo cumpleaños en una cámara de oxígeno en el hospital cercano a casa, y la casa —toda— medía unos siete metros de largo por cuatro de ancho: la sala era también la habitación de mis padres, con la cocina a un lado, apenas separada por una barra o una mesa, no recuerdo. El micro-mini-nano baño y una estrecha habitación que compartíamos Camilo y yo completaban nuestro hogar. Tuve tres buenos amigos cuando viví en ese sitio; uno de ellos murió, no regresó de las vacaciones y cuando le pregunté a su mamá por él, ella se echó a llorar. Después mi madre me explicó. Fue mi primer contacto con la muerte. He perdido a muchos amigos. (El enfrentamiento con la Muerte, afirma Savater marca el inicio del pensamiento en el humano. Cuando por primera vez se piensa en la muerte, se Piensa, en realidad, por vez primera porque la muerte despierta la conciencia de la vida, despierta el miedo y despierta las preguntas también…)

 

Terminé la primaria en la ciudad de México, en una pequeña escuela de la que tengo buenos recuerdos y en la que hice buenos amigos. Por entonces vivíamos en el sur de la ciudad, en una unidad habitacional con cuarenta y siete edificios, lo recuerdo bien. Estaba cerca de la Universidad Nacional, así que vivían algunos profesores e investigadores de dicha institución… con sus familias, claro. Durante las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, México acogió a muchos perseguidos políticos de diversas nacionalidades, sobre todo argentinos y chilenos. Algunos de ellos encontraron trabajo en la UNAM, y unos cuantos vivían en los edificios cercanos al mío. De hecho, mi mejor amigo en esa época era un chileno a quien recuerdo con mucho cariño… nos hemos visto un par de veces después, seguimos siendo amigos. Entre nosotros teníamos un pacto, un secreto que nadie más debía compartir: éramos comunistas… (es decir, sabíamos que había algo diferente en nuestro pasado, en nuestra historia, y teníamos la vaga idea de que un vago sentimiento de justicia justificaba esa diferencia… En fin, todo un trabalenguas infantil).

 

Mi madre, mi hermano y yo nos fuimos a vivir a La Habana en el verano de 1986, e inmediatamente después, entré a la secundaria Carlos J. Finlay, en Línea y G, en pleno Vedado. Honestamente, fue un choque tremendo. No tanto por las diferencias tangibles, materiales, como por las otras, las incorpóreas, las no-cósicas: de ser la revolución una utopía o una conversación, se convirtió para mí en una realidad absoluta. Entendámonos, yo no entendía un carajo de la revolución, tan sólo intuía que era el núcleo de nuestra vida (de la vida que yo había vivido con mi familia) y que se trataba de algo de lo que sólo se hablaba en voz alta cuando se estaba en confianza. De hecho, mi relación familiar con Ernesto Guevara nació en Cuba, donde irremediablemente fui bautizado como El Nieto del Che, y eso ya a los doce años.

 

Me costó mucho aprender a lidiar con esa suficiencia revolucionaria tan llena de carencias, con ese discurso que se contradecía al abandonar el aula y con la maldita obsesión de algunos de mis profesores con que yo tenía que ser el mejor. Por otra parte, recuerdo con especial cariño a mi maestro de Español, a quien le agradeceré siempre la severidad con que revisaba mis trabajos; a cierta profesora de Matemáticas con quien de inmediato hice amistad, y a otro más de la misma asignatura, que era serio y jocoso a la vez; recuerdo a una profesora de Química de quien no aprendí mucho pero me caía muy bien y a una de Fundamentos de los Conocimientos Políticos que, involuntariamente, me hacía pensar.

 

Ser El Nieto del Che fue sumamente difícil; yo estaba acostumbrado a ser yo, a secas y de pronto comenzó a aparecer gente que me decía cómo comportarme, qué debía hacer y qué no, qué cosas decir y qué otras callar. Imagina, para un preanarquista como yo, eso era demasiado. Por supuesto, me empeñé en hacer lo contrario. Mis padres me educaron (como a mis hermanos) con absoluta libertad. De hecho, a veces pienso que me educaron para ser desobediente… aunque quizás sólo esté buscando excusas, no lo sé. Lo cierto es que pronto comencé a sentirme a disgusto con tal situación. Vivíamos en un apartamento amplio y confortable (quizá el único inconveniente es que estaba en un piso doce y el ascensor pocas veces funcionaba) pero bastante alejados de la nomenclatura. De los pocos contactos que tuve con la “alta sociedad” cubana no tengo recuerdos memorables (y no incluyo aquí a los buenos amigos que encontré en esos estratos: pocos pero sinceros), a no ser por el gusto amargo que me quedaba al comparar sus palabras y su forma de vida con las palabras y la vida del llamado Pueblo. Pero yo apenas me hacía adolescente, las valoraciones las hago ahora, en aquel momento no las comprendía del todo. No quiero que pase por tu cabeza la idea de que yo era un niño superdotado o algo por el estilo, sencillamente fui educado en el análisis, y el análisis decía que algo andaba mal, ¿entiendes? Digamos que sabía sin comprender; o que comprendía sin saber a ciencia cierta qué demonios ocurría a mi alrededor. Porque yo no vivía encerrado en una burbujita de cristal, de ninguna manera. Mis amigos vivían en el Vedado mismo, o en Centro Habana, o en Marianao, o en Miramar, o en Alta Habana, o en Alamar o en La Lisa. Mi vida no quedó circunscrita al discurso oficial, si bien formaba, consciente o inconscientemente, parte de ese discurso… Asistía a conciertos de rock (semiclandestinos mas tolerados… a veces), vagaba por la ciudad como uno más de sus habitantes; era joven y por ello sospechoso. ¿Sospechoso de qué? Pues eso, de ser joven, supongo. A veces me detenían en la calle y revisaban mis papeles y mis pertenencias, y una vez me revisaron el culo. En serio, recuerdo que estaba en la cola de Coppelia y se me acercó un tipo vendiendo pastillas (psicotrópicas, claro). Le dije que no quería y en cuanto dio dos pasos me cayeron encima. Me llevaron a los baños de la heladería, hicieron que me desnudara y me obligaron a hacer cuclillas mientras uno de ellos, con su uniforme de civil (la sempiterna guayabera blanca) se asomaba a ver si alguna pastillita asomaba por el ano… Qué obsesiones las de los policías…

 

En fin, era yo un greñudo más, un “desafecto”, “antisocial” y algo muy cercano —según los cánones policíacos— a un lúmpen. Claro que no lo era pero eso no importaba, y además en cuanto salía a relucir mi árbol genealógico, simple y llanamente me soltaban, no sin antes recordarme que esas no eran las actitudes que se esperaban de alguien como yo: El Nieto del Che no podía frecuentar tales compañías; en otras palabras, que no me juntara con el pueblo, que no me contaminara con ellos. Comencé a comprender que Pueblo es una hermosa abstracción que tiene múltiples usos, sobre todo retóricos… Tendría yo unos quince o dieciséis años y por entonces ya había abandonado el Pre.

 

Sí, como tantos otros estudiantes de mi generación fui un desertor escolar. Navegaba con bandera de NadaMeImporta entre otras cosas para restarme importancia o, mejor aún, para restarle importancia a la imagen que de mí se esperaba (si es que a estas alturas se esperaba algo de mí). Por esos años adquirí la costumbre de discutir, aún en términos superficiales, sobre lo real y lo simbólico, sobre el fondo y la forma, sobre la esencia y la apariencia. Comencé a enamorarme de las palabras y de las ideas. Me apasioné con Kafka y —lo admito con rubor— el primer pensador que en verdad me “llegó” fue Schopenhauer, tan antitropical él. Me interesaban por igual el rock y el mito de Trotsky, los dadaístas y el sonido electrónico; y al mismo tiempo, todo me daba igual. Era un chico un tanto silencioso: no triste ni nada de eso, por el contrario, siempre he sido feliz; quiero decir que era bastante introspectivo: Existencialista, decían mis amigos mayores, y aunque a mí no me quedaba muy claro qué significaba aquello, la palabrita me gustaba.

 

Comencé a interesarme en las formas culturales, a leer sobre pintura y música, a hundirme en novelas y películas, ensayos filosóficos y teorías artísticas; no sé, simplemente a buscar. Mi lucha, empiezo a darme cuenta, siempre ha sido cultural: digamos que el hombre es hombre a pesar de sí mismo, pero se hace plenamente humano por encima de su ser. Ser lo que somos es natural; lo cultural entonces, es preguntarnos qué somos, a dónde vamos, y también de dónde venimos. Y cuando afirmo que soy un hombre “culto” no refiero con esto al sentido aristocrático que se oculta tras el término; entiendo por hombre culto a aquel que sabe que además de su propia cultura hay otras más, ni mejores ni peores, tan sólo diferentes. Y en Cuba, Carlos Manuel, ambos lo sabemos, la dictadura es también cultural. O, ante todo, quizás… (Recuerdo ahora un acontecimiento que al igual que a tantos cubanos, me marcó como hierro candente. Me refiero al telenovelesco juicio al General Arnaldo Ochoa, a los hermanos De la Guardia y demás implicados en el tráfico de drogas, marfil, diamantes y divisas. Si utilizo el término “telenovelesco” es sólo para acentuar el modo en que yo lo viví: a través del televisor, noche tras noche, a las ocho en punto, esperando un desenlace que de antemano conocíamos, con el morbo exacerbado y ese desagradable tonito inquisitorio que permeó todo el (pre)juicio… Entendámonos, no insinúo que esos hombres fueran inocentes, sino que a todas luces sus superiores conocían tales manejos. A nadie podía caberle en la cabeza (a menos que el cerebro dejase mucho espacio libre dentro de la cavidad craneana) que el mismísimo Comandante no estuviera al tanto de todo el asunto. Evidentemente se trató de una operación de Estado, como muchas más que hemos presenciado; una operación destinada a procurar de preciosos dólares al gobierno cubano… Nadie en su sano juicio podía aceptar tal locura, tamaña farsa, tremenda broma de pésimo gusto. Sin embargo, mucha gente perdió el juicio en esos meses… Se hacían los locos, para decirlo en buen cubano; admitieron a pies juntillas la mentira judicial pero, ¿qué otra cosa podían hacer? Yo tampoco decía en voz alta lo que pensaba, lo comentábamos entre los amigos, nada más. Lo discutíamos como uno de los tantos temas que por entonces nos interesaban: las tetas de Fulanita o la fiesta de mañana, la proyección de Metrópolis o el concierto de Carlos Varela, no sé… Se discutía mucho pero nada se decía: ¿Cómo expresar la ausencia de expresión; ésa que silencia al individuo y lo vuelve zombi parlante?)

 

Después viví en El Cerro, en un minúsculo apartamento a unas cuadras de la Biblioteca Nacional, donde por cierto trabajé: restauraba libros. Olvidé decirte que entre los quince y los diecisiete años fui aprendiz de fotógrafo, primero en Juventud Rebelde y luego en Granma (además de adentrarme en lo que, con algo de autoelogio, se da en llamar fotografía artística). Edité junto con algunos amigos una pequeña revistita fotocopiada dedicada al rock (unos pocos ejemplares, nada más), y comencé a escribir. Debo decir que todo esto lo hacía con la mayor ingenuidad del mundo, no como parte de un plan maestro sino con la espontaneidad del antojo. Me interesé por las vanguardias artísticas, culturales, estéticas, y también, claro, por las ideológicas y políticas. Me hundí en los ismos, he de admitirlo. Empecé a dedicarme al diseño gráfico, al tiempo que hacía fotografía, componía música y escribía pésimos poemas “abstractos”. Me hice buen lector y poco a poco, editor.

 

En 1996 salí de Cuba, un año después de la muerte de mi madre y a diez de mi llegada a La Habana —mi hermano salió de Cuba justo después de la muerte de Hilda—. Salí con el corazón hecho mierda y las ideas más revueltas que cuando llegué: había vivido desde los doce hasta los veintidós años ahí. Me hice en Cuba: la amé y la odié como sólo se puede amar y odiar algo valioso, algo que es parte fundamental de uno…

 

Ahora vivo en la ciudad de Oaxaca, en México, alejado voluntariamente de la comunidad cubana en este país, y del exilio en general —debo admitirlo, me harta la sola idea de dedicarme a hablar de Cuba: me interesan tantas cosas—. Soy diseñador, editor, a veces promotor cultural o crítico de la cultura, según el caso. Colaboro con algunas publicaciones culturales o políticas; sigo componiendo música y me involucro en discusiones artísticas. Estoy editando una revista cuyo número 0 está pronto a aparecer (se llama El Ocio Internacional y aparecerá en papel y en internet a la vez —ya les avisaré): una revista dedicada al análisis y la discusión cultural; y además, escribo una novela, La inmortalidad del cangrejo, de la cual llevo unas 280 cuartillas. (En 1996 publiqué un librito titulado Diario de Yo —que para colmo ni siquiera es un diario—, texto que pronto pondré en red por si a algún despistado le interesa… La publicación corrió a cargo de una pequeñísima editorial hoy desaparecida y hasta donde yo sé, no se vendió un sólo ejemplar, lo que aumenta mi orgullo anticapitalista… Je.)

 

En cuanto a mí… ¿qué puedo decir? Sólo soy un egoísta que aspira a ser un hombre libre. Un egoísta que sabe que el Egoísmo nos pertenece a todos y que éste ha de ser solidario si se quiere pleno: en otras palabras, que mi libertad sólo es válida si la tuya también lo es, si mi libertad no aplasta tu libertad ni la tuya a la mía…  Como decían los Sex Pistols: And I am an anarchist…

 

Como ves, estimado Carlos Manuel, se trata de la biografía de un inútil. Si no puedo plantear mi vida como una secuencia de logros, premios y demás es, simple y llanamente, porque no los tengo. Vivo de acuerdo a mis propios valores, hago lo que me gusta hacer. En definitiva, soy feliz. Espero, amigo Carlos, que logres extraer de este enredillo unos cuantos datos que sean de utilidad a ti y a tus lectores.

 

Un abrazo fraterno

Canek Sánchez Guevara

 


Solidaridad con Cuba

 

Eduard Masjuan

[Publicado en Ecología Política, # 28, Barcelona, 2004, http://www.ecologiapolitica.info/ep/28.pdf]

 

El proceso de degradación de Cuba es imparable. Se agudiza la pobreza acompañada de la más brutal represión sobre los cubanos. Durante nuestra estancia en la isla, hemos podido constatar cómo el régimen castrista tiene sumida a la población en la mayor indigencia material, cultural y política.

 

Después de 45 años en el poder —la dictadura más larga de América Latina— el castrismo se muestra inamovible en ofrecer una salida que ponga fin a un régimen inviable que ha convertido Cuba en una enorme cárcel que se administra como si se tratase de una finca particular.

 

Nosotros mismos hemos podido comprobar como el 90% de los hospitales de Cuba se encuentran cerrados, el motivo oficial es que se encuentran en fase de remodelación. El resto de hospitales que permanecen abiertos están casi exclusivamente al servicio de aquellos venezolanos que de acuerdo con el gobierno de Chaves viajan gratuitamente con un acompañante para ser tratados en los mismos. Mientras, el gobierno cubano favorece la emigración de médicos a Venezuela: las cifras son espectaculares. Al mismo tiempo, la población cubana se ha quedado literalmente sin asistencia médica ni medicinas. Todo esto cuando se atisba un resurgir de la epidemia de neuropatía que puede tener dimensiones mayores que las de la última década. Como es sabido, esta enfermedad —en sus dos versiones periférica e interna— está reconocido que tiene su origen en la falta de nutrición.

 

El déficit alimentario de la población cubana es una evidencia; las bodegas donde se distribuyen los escasos artículos alimenticios de racionamiento están en estos momentos casi vacías. La población subsiste cada vez más gracias al mercado negro y por las ayudas que reciben del exterior a través de sus familiares, la prostitución y la corrupción.

 

Literalmente, un trabajador cubano que trabaja diez horas diarias no gana lo suficiente para poder comer. El trabajador cubano ha perdido todos sus derechos. El miedo impuesto desde el poder impide decisivamente cualquier intento de reconducción de la situación económica y política. Por si fuera poco, en breve el gobierno se dispone a penalizar el dólar con un recargo del 10% y convertirlo obligatoriamente en una moneda como es el nuevo peso cubano que no tiene ninguna solvencia ni respaldo. Después de dolarizar la economía cubana esta medida sólo se puede calificar de cruel. Sus efectos negativos sobre la población no tardarán en dejarse sentir.

 

A todo esto, la desmoralización de la población resulta visible, su empobrecimiento es atroz e injusto y las largas horas por los cortes de luz eléctrica las soporta con resignación e impotencia: sólo se han producido algunas protestas vecinales aisladas que han sido reprimidas como las de estos días en Guanabacoa. El uso de luz brillante para alumbrado de las viviendas y para las cocinas se ha reactivado, a pesar de que este combustible es nocivo para la salud. Para colmo, su distribución es claramente insuficiente y cara.

 

Nos podríamos extender más en el cuadro de pobreza, enfermedad y represión existente en Cuba: las temibles fuerzas del Ministerio del Interior vuelven a patrullar las calles de La Habana acompañando la policía; se vive realmente en un estado de sitio. Un ejemplo de ello es la medida que entra en vigor a partir del día 22 de noviembre del 2004 de restringir el acceso a Internet: sólo veinte minutos al día para aquellos pocos particulares que lo tienen disponible en su domicilio previa autorización. La misma medida se extiende a los centros oficiales. La población queda todavía más incomunicada con el exterior en previsión del recrudecimiento de la represión.

 

Para mayor infamia esta situación que le toca vivir a la población cubana contrasta con los privilegios de la casta burocrática del régimen que sigue alimentando, valga mayor redundancia para el caso, el siniestro eslogan «socialismo o muerte». Muerte al fin, pues la casta burocrática está más deshumanizada que nunca y está dispuesta a mantener sus privilegios llegando para ello incluso al caso de extenuar a la población. Esta misma burocracia es la que impide la iniciativa en la economía: obstaculiza a través de la policía la articulación de un mercado directo entre los productores y los consumidores, cualquier forma de cooperación independiente, lo más grave prosigue en una caótica planificación que arroja resultados tan negativos como el del intento de implantar una industria lechera totalmente insostenible.

 

A la memoria me vienen las palabras de un profesor de la Universidad de La Habana que, en estos días en el Congreso José Martí, por una cultura de la naturaleza, he podido escuchar: «Cuba es un laboratorio de millones de experiencias de subsistencia», desgraciadamente es así, se trata de experiencias producto de un régimen despótico.

 

El cinismo de estas palabras es grande, porque ahora el régimen se presenta como un laboratorio y centro de experimentación ecologista. Definitivamente, el régimen castrista ejerce de corrupto y corruptor a la vez. Profundiza responsablemente en la pobreza de la población y se erige en su salvador. No sería de extrañar que en breve el régimen castrista se presente ante el mundo como el primer Estado ecologista del planeta, es lo último en perversión que el castrismo podrá hacer.

 

No bastaba la parafernalia de los cinco héroes, la explotación del mito del Che o las ofrendas a Camilo Cienfuegos para distorsionar la opinión mundial, pues la población trabajadora de Cuba ya no hace caso y sólo se pregunta cuando llegará la hora de su liberación: es consciente que sufre dos bloqueos: el interior y el exterior. Con el primero, todo el mundo coincide en que no existe solución hasta la desaparición de Castro, el segundo es totalmente injusto, pues recae mayormente sobre la población humilde de Cuba.

 

Durante estos días de Congreso en el Hotel Nacional, donde se ha dado cita gran parte de la «intelectualidad» del régimen castrista, hemos podido comprobar como ésta está totalmente alejada de la realidad social cubana, y no escatima elogios al régimen. Su complicidad, salvo en escasas personas, es absoluta o de conveniencia, pero es cómplice de la represión y la miseria en que está sumido el pueblo cubano. Definitivamente esta supuesta «intelectualidad cubana» acompañada de militantes de Izquierda Unida de España presentes en La Habana con motivo de dicho Congreso, han abdicado conscientemente de aquella responsabilidad de la que nos hablaba Noam Chomsky en los años sesenta.

 

A su regreso a España seguro que contarán las magníficas atenciones dispensadas por la Fundación Antonio Núñez Jiménez, que acaba de editar un lujoso libro que lleva el título de Por una cultura de la naturaleza; explicarán el milagro de la Cuba comunista a partir de la visita y atenciones de la casa museo de Miramar, nos dirán que en Cuba no hay hambre y sí mucha cultura y progreso. De todos es sabido, que en Miramar residen los máximos personajes del régimen, en activo o en edad de jubilación, que ya han sido amortizados por el régimen, claro que sus hijos ya no residen en Cuba y viven en el exterior, mayormente administrando empresas extranjeras. Se han puesto debidamente a salvo. De los que permanecen se podría hacer una larga lista, se podría incluso hacer una detallada memoria de sus actividades, pero la situación dramática en que vive el pueblo de Cuba es lo que debe primar nuestra atención.

 

GALSIC (Grupos de Apoyo a los Libertarios y Sindicalistas Independientes en Cuba)1 en Francia y México está y puede hacer una gran labor de ayuda que en este momento es muy valiosa porque muestra al pueblo cubano que no está sólo y que hay quien está dispuesto a prestar toda la ayuda posible.

 

Ojalá acabe pronto tanta ignominia y perversión sobre un pueblo hermano como el de Cuba sumido en la más absoluta crueldad e injusticia.

 


Cuba, el dulce encanto de la dictadura

 

Ignacio De Llorens (2004)

 

Sucedió ya en la época de la Revolución Francesa, el terror ejercido contra la población por parte de la estructura estatal revolucionaria se justificaba por el peligro del enemigo exterior. De modo que por culpa de la conjura de la Santa Alianza, Robespierre tuvo que poner en marcha la guillotina. Los comunistas rusos apelaron también a la Reacción internacional para  justificar la persecución y aniquilamiento de la población. y este modelo consistente en establecer el binomio Revolución-Terror se ha repetido ad nauseam durante todo el siglo XX, hasta el punto de crear un régimen político nuevo, el totalitario, en virtud del cual se establece un partido único en el poder, quedan abolidas cualesquiera que sean las libertades y derechos humanos y se legitimaza el poder acudiendo a una falacia de petición de principio cualquiera : la patria está en peligro de descomposición, luego es necesario aniquilar a los enemigos de la patria.¿Quién establece la terapia? El mismo que establece el diagnóstico. Sustitúyase patria por revolución  y obtendremos la fórmula izquierdista de esta falacia. El resultado es el mismo en ambos casos, en las dos modalidades totalitarias: el terror masivo, la persecución y ejecución, la tortura y el internamiento en campos de concentración. La legitimación del poder totalitario se consigue por el propio ejercicio del poder, por la autolegitimación de quienes lo ejercen apelando a ideologías trascendentalistas que no requieren del refrendo popular. Si el pueblo no lo entiende peor para el pueblo, y si insiste en no dejarse gobernar será tildado de antipatriota o contrarrevolucionario, gusano en la versión castrista, y por lo tanto tratado con todo el desprecio del que se hace merecedor a ojos de la ideología autolegitimada por sus interpretes. Lenin, Trostky, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro…son ejemplos esclarecedores de la modalidad totalitaria comunista.

 

La ideología comunista niega el postulado elemental de la ilustración, la mayoría de edad de los hombres y por lo tanto su derecho a decidir políticamente por sí mismos, y retorna y renueva el postulado absolutista, el poder viene de Dios y es ejercido por los autoproclamados representantes de la voluntad divina, en el caso comunista, el materialismo dialéctico e histórico, única interpretación científica de la realidad sin cuyo conocimiento no puede considerarse la opinión de los seres humanos. Los dirigentes dejan de ser, pues, “seres humanos” porque han penetrado en los arcanos de la ideología cientificista en virtud de la cual son poseedores de la Razón Histórica.La opinión del resto de los seres humanos no vale lo mismo, es inferior y por lo tanto puede ser desconsiderada, y si éstos persisten en la actitud díscola de desobedecer a los dirigentes, pues entonces se convierten en “gusanos”, en enemigos de la Historia, y para ellos queda reservada la “política” de aniquilación: tortura, persecución, internamiento en campos de concentración…

 

El socialismo, genéricamente entendido, de comienzos del siglo XIX quiso corregir los postulados ilustrados denunciando la malversación del derecho de mayoría de edad kantiano que se producía a consecuencia de la desigualdad social que entronizaba la sociedad industrial y el liberalismo justificaba. Frente a la idea de igualdad de oportunidades liberal, que servía siempre al más fuerte y que no partía nunca de una situación previa de igualdad real, opuso la igualdad social efectiva para que a todos alcanzara por igual la vida, al tiempo que planteó la idea de lo que posteriormente se denominará autogestión, de forma que se garantizara la participación efectiva de todos en la toma de decisiones. Este binomio de igualdad y libertad va a mantenerse dentro del pensamiento social libertario o anarquista, al tiempo que quedará arrumbado por las corrientes mayoritarias del socialismo marxista, por la adopción del liberalismo en el caso de la social democracia o bien por la negación de la capacidad de decisión del pueblo en el caso comunista, haciendo de El Partido el único interprete de la voluntad divina materialista histórica. Pero la llegada al poder del comunismo va a negar  también el principio mismo de la igualdad al convertir a los gestores del Estado en una nueva clase dirigente y privilegiada, acaparadora de la plusvalía social, dando origen al capitalismo burocrático y al terror masivo.

 

 - La dictadura con rostro humano

 

“No puedo ir a Cuba, porque en Cuba se persigue a los poetas, y yo soy poeta; se persigue a los homosexuales, y yo soy homosexual; y se persigue a los anarquistas, y yo soy anarquista”

Paul Goodman

 

No han cambiado mucho las cosas en Cuba desde que a comienzos de los años sesenta escribiera Paul Goodman su rechazo al régimen castrista. La libertad de  creación no existe, tampoco la posibilidad de los individuos para realizarse, hacerse o deshacerse, a su propio gusto, ni, por supuesto, la opción de ejercer una acción política que no sea del agrado del Dictador. Aristóteles ya nos advertía en La Política de los tres objetivos a los que tendía la tiranía:” Que los súbditos piensen poco(…), que desconfíen unos de otros (…),y la imposibilidad de la acción”.Y aunque la denuncia a la dictadura viene de antiguo, parece que todavía haya que convencer a quienes con empeño digno de mejor causa, están siempre a la espera de poder defender al tirano cuando éste utilice la freseología ideológica que resulte afín y sea enemigo de nuestros enemigos. En medio de estas adhesiones queda siempre aprisionado el pueblo que sufre al tirano, sea el pueblo ruso, el chino, el camboyano o el cubano. Todavía hoy, tras cerca de cincuenta años de dictadura, el régimen cubano sigue gozando de la protección del progresismo internacional que aplaude o se limita a no condenar las vesanías que comete. 

 

En efecto, el modelo de capitalismo burocrático y de terror, el totalitarismo de izquierda, ha gozado del beneplácito de buena parte del progresismo, que cargaba sus baterías dialécticas contra el totalitarismo de derecha y el liberalismo. Y así hemos pasado el siglo XX, denunciando las injusticias, desigualdades y atropellos de un lado, a la vez que se justificaban o silenciaban los mismos cuando eran cometidos por dictadores comunistas. Este ejercicio de doble moral ha comprometido al llamado pensamiento progresista y ha puesto en evidencia que se denunciaban las injusticias no por la repulsión que en sí mismas pudieran causar sino por puro cinismo político.

 

Pero desde la caída del bloque soviético algo se ha avanzado. Ahora ya no se discute la evidencia dictatorial de una régimen como el castrista, lo que sucede es que hay que matizar las críticas. Sin embargo, el juicio al castrismo es muy fácil y claro: ¿tienen justificación las dictaduras? La respuesta del procastrismo suele ser “No, pero…” y acto seguido empiezan las letanías sobre la justificación de la misma, con lo cual lo que se está diciendo es “Sí, claro”. ¿Cuándo es justificable la dictadura? Pues cuando se trata de un régimen antiimperialista. Se olvida, consciente o inconscientemente, que Cuba formó parte, fue pieza esencial, del imperio totalitario soviético, y que ejerció como potencia imperial mandando tropas a países africanos y asiáticos para luchar por el sovietismo. Normalmente a esto el progresismo suele llamarle “lucha internacionalista por la fraternidad de los pueblos”. Si el hecho de ser antinorteamericano justificara una dictadura, entonces habría que concluir que el nazismo era justificable. Y si ser enemigo de nuestros enemigos justificara las dictaduras, pues entonces nuestros progresistas de izquierdas deberían de haber sido íntimos del partido nazi.

 

No obstante, al entrar en discusión con las justificaciones de las dictaduras hay que entender que estas valen tanto para una dictadura como para otra, y que justificar a Castro es hacer lo propio con Franco y Pol Pot. Una dictadura no es justificable por lo que hace, porque entonces podría suceder que parecieran bien algunas de las cosas, consideradas en sí mismas, que hace la dictadura y pensar que eso la justifica, con lo cual de acaba diluyendo y banalizando la objeción al régimen. Todos los dictadores hacen algo, sino no dictarían. Primo de Rivera hizo carreteras, Hitler consiguió el pleno empleo, Stalin construyó grandes obras, Franco hizo pantanos y edificó el sistema de Seguridad Social… por lo tanto entrar a valorar cada uno de los “logros” del dictador de turno presupone correr una túpida red para ocultar lo fundamental, esto es, la legitimidad de un hombre para imponer por los medios que el decida su voluntad al resto. Un dictador no puede ser bueno porque adolece de legitimidad moral y política, por el atropello permanente que su figura supone hacia el resto, lo cual invalida el sentido de las acciones que desde su condición pueda hacer. Un verdugo no es más bueno porque después de cortar cabezas vaya por la calle repartiendo caramelos a los niños. El despotismo, aunque sea ilustrado, no deja de ser despótico.

 

El “logro” más querido de Castro, y que sirve como justificador de su dictadura, es la educación obligatoria. No podía ser de otro modo la educación en una dictadura totalitaria, pues la escuela es una institución –¡hay que recordarlo todavía!– privilegiada para la fabricación de ciudadanos. Cada sociedad establece su modelo de fábrica ideológica en función del producto que desee fabricar. En el caso totalitario: el ciudadano obediente con antivirus contra las “falsas” libertades pequeño burguesas e imperialistas. Si no fuera por esa fabricación no podría sobrevivir. Los que hemos estado educados en escuelas dictatoriales conocemos el ahinco ideológico puesto en el empeño “pedagógico”. Si la educación no fuese obligatoria y dirigida al fin de convertir en súbdito del régimen al educando, costaría mucho más conseguir la paz social. Enseñar a leer es bueno en sí mismo, pero preparar al enseñado a querer sólo leer lo que el dictador tolera que se publique es el modo de conseguir el acatamiento al régimen. Claro que la fabricación suele tener un riesgo, y en y de ese riesgo podemos vivir y aspirar a ejercer la libertad en detrimento y a despecho de la voluntad del régimen. De quienes defienden la dictadura por semejante “logro” podría decirse, en el mejor de los casos, lo que Tácito decía de los britanos: “Ellos, ingenuos, llamaban libertad a lo que constituía un factor de su esclavitud”.  

 

Al ciudadano cubano que es detenido, torturado, encarcelado o fusilado se le dice que el régimen le da ese trato porque recibe la presión imperial de EE.UU. Por lo mismo tampoco puede leer lo que quiera, ni escribir lo que desee, ni asociarse con quien guste, ni viajar cuando y donde le apetezca, ni quejarse de las condiciones en que vive, ni solicitar discutir sus relaciones laborales, ni denunciar siquiera un atropello sufrido a manos de algún representante del poder, ni solidarizarse o dar apoyo a algún preso o represaliado…y de todo ello tiene la culpa el imperialismo U.S.A. Tampoco va a gozar de la ayuda o solidaridad internacional de los progresistas del mundo, porque él es un “gusano”, un contrarrevolucionario, un colaborador objetivo del imperialismo. Es muy probable que quienes les condenan a no recibir apoyo sean luchadores infatigables de los derechos civiles en sus confortables sociedades democrático-capitalistas. De lo cual resulta que hay gente que sí es torturable, encarcelable y fusilable: la víctima del terror comunista. Tal vez lo que suceda es que la  víctima no lo es, que se trate de culpables merecedores de sufrimiento y aniquilación. ¿Qué otra cosa puede decirle uno de esos escritores comprometidos, cantautores de la libertad, abogado laborista o militante político izquierdista a alguno de los 80.000 víctimas de Castro, o de los 40.000.000 de víctimas del Gulag? Pues lo que ya preveyó Orwell, que unos son más víctimas que otros.”Querido y equivocado camarada: Si quien te tortura es comunista, tiene razón, colabora con la causa progresista y revolucionaria del mundo y déjate torturar, denuncia a quienes como tú no están de acuerdo con la dictadura y luego no opongas resistencia a tu verdugo cuando no le quede más remedio que fusilarte por culpa de Estados Unidos. Tal vez se te conceda escuchar alguna canción de la nueva trova cubana antes de morir, y si no se te aplica la pena de muerte, consuélate porque podrás leer Cien años de Soledad, que vendrán a ser los mismos de tu condena, y si colaboras evitarás que los progresistas del mundo hablen mal de ti, se limitarán a ignorarte y hacer ver que no has existido”.

 

Tomas Moro situó su Utopía en una isla de unas dimensiones muy parecidas a las de la isla de Cuba, ignoraba, claro, que llegaría un tiempo en el que, como escribió Berdiaiev : “Quizá empezará una nueva era en la que los intelectuales y las clases cultas soñarán con el modo de evitar la utopía y volver a una sociedad no utópica, que sea menos perfecta, pero más libre” Luego Orwell nos hizo el retrato de una sociedad perfectamente totalitaria, la utopía se había convertido en la antiutopía contemporánea, la vida quedaba inmovilizada, disecada, y la población salía despavorida del paraíso utópico en boats peoples o balsas. Fidel Castro es el Big Brother con rostro, mucho rostro, humano. El sueño de libertad y justicia que hacía brotar la utopía se convirtió en su realización totalitaria en una pesadilla siniestra. Liberar al sueño de la pesadilla es la tarea de quienes no se resignan a que la política sea una oscura y eterna noche.

 


Antimperialismo y dictadura (o café y anarquía)

 

Canek Sánchez Guevara

 

Respuesta a Pablo Moras en su articulo “Anarquismo, antiimperialismo, Cuba y Venezuela” 

 

El imperialismo es una práctica de la cual nuestra historia está llena, tú bien lo sabes; en consecuencia, luchas antimperialistas ha habido siempre. Pero antimperialistas han sido también, a lo largo y ancho del mundo, las burguesías nacionales, que prefieren explotar por sí mismas a sus clases trabajadoras y no que las explote una “potencia extranjera”.

 

El antimperialismo ha servido también para justificar actitudes nuevamente imperialistas (el ejemplo más claro es el de Hitler, si no simplificamos la historia); y el antimperialismo de Fidel Castro, por ejemplo, no le impidió mandar tropas cubanas (es decir, al ejército oficial) a Angola y Etiopía. Tienes razón también cuando afirmas que los anarquistas debemos involucrarnos en toda lucha que valga la pena, conduzca o no de manera directa a la tan ansiada transformación radical del estado de las cosas y los individuos; en eso estamos de acuerdo. También estamos de acuerdo en que la de clases no es la única lucha que se sostiene (de hecho actualmente se sostienen más ese otro tipo de luchas que la de clases misma), pero también estamos de acuerdo en que el antimperialismo no es un fin en sí mismo (tú lo has dicho: “el antimperialismo… por sí sólo no amenaza la perpetuación del capitalismo”). Puesto que el antimperialismo no es el eje central de nuestra lucha sino una de sus tantas partes, no podemos utilizar el antimperialismo como rasero para medir la justeza de un régimen (¡mucho menos de un régimen!).

 

Podemos y debemos simpatizar y colaborar con organizaciones que lo sean, pero no podemos justificar una dictadura por el simple hecho de que ésta se nombre antimperialista. No sólo no es ético, además es mezquino. Sí, hay algo muy mezquino en esa justificación de los ideales “revolucionarios” por encima de la realidad del pueblo. Realidad en la que la explotación no se ejerce en nombre del Capital, sino del “socialismo” -el ideal de libertad vuelto justificante de la opresión… cosas de la dialéctica.

 

Como cubano me halaga mucho esa imagen que tienes de nosotros en tanto pueblo culto, educado y saludable; desgraciadamente los servicios de salud, educación y cultura resienten también los efectos de la crisis del régimen cubano. Porque en la actualidad es eso: un régimen de crisis, en el que se agotaron hace mucho ideales y proyectos y ahora vive al día remendando con esparadrapo las grietas de su propia ineficacia. Cuba es una crisis en sí misma. De aquellos grandes servicios de salud, educación, cultura y deporte que algún día fueron su orgullo hoy sólo queda una ruina más o menos disfuncional. Repito, desgraciadamente. Por lo demás me parece de lo más falaz la comparación que haces entre la dictadura cubana y la chilena y la argentina. Desde sus mismos ideales son diferentes, así como diferentes fueron sus métodos de represión y control (como son diferentes también en las democracias burguesas o en las dictaduras islámicas). En Cuba lo que predominó fue el control absoluto sobre los individuos. Un control total puesto que el Estado controlaba todas y cada una de las actividades de la vida colectiva e individual. Además del control total de la educación y la cultura, y de los medios de comunicación impresos y electrónicos, además de los aparatos profesionales de represión (las diversas policías, el ejército, las milicias y demás)estaban las organizaciones “ciudadanas” de vigilancia y control. Tal estructura dota a estos individuos carentes de escrúpulos (una persona escrupulosa no se presta voluntariamente a ser policía) de un cierto podercito minúsculo en lo más bajo de esa verticalidad absoluta y que a la vez, puede ejercer con total arbitrariedad: sí, los peores chivatos siempre fueron los del vecindario.

 

Todo esto fue tan efectivo que durante años resultó muy difícil para los cubanos entablar una conversación política ya no digamos crítica, sino poco complaciente con respecto al régimen. A eso se le llama miedo. El régimen de Fidel Castro instaló el miedo a la palabra en todos los cubanos -nos contagió su propio miedo. No es una herramienta de control desconocida para nadie. Todo gobierno la utiliza con mayor o menor eficacia; la diferencia, insisto, es que en Cuba Fidel (el Estado) lo controlaba todo. Por supuesto que allá todo el mundo habla mierda de Fidel, pero eso es una cosa, conspirar es otra. Sí, porque cualquier intento de asociación se juzga inmediatamente como conspiración y esto, comprenderás, ya es un asunto mayor. El miedo ha sido efectivo en Cuba, no podemos negarlo, pues aunque el fusilamiento y la prisión eran los métodos extremos contra el disidente había también otro no menos cruel: el ostracismo. Cuando se quería eliminar a alguien sin eliminarlo se recurría a eso. Se le “separaba” del trabajo o de la escuela, se le tachaba de enfermo social causando el distanciamiento de todo ser vivo, se le condenaba a no-ser en medio de esa sociedad comunal del nosotros totalizador. Morían de aislamiento. Ahora, si todo esto lo he escrito en pasado no es porque tales cosas ya no ocurran, sino porque el desmoronamiento general del Estado cubano lo imposibilita para ejercer la represión en su totalidad. En efecto, muchas cosas han cambiado en Cuba en lo últimos años pero no porque el socialismo haya avanzado, sino porque el capitalismo se ha hecho más fuerte en Cuba. Hoy en día hay más organizaciones opositoras dentro de Cuba de las que ha habido en los cuarenta años anteriores (de todo tipo, menos anarquistas, ciertamente).

 

Y esto me lleva al siguiente punto: Acusas al MLC (a nosotros, hablando en plata) de ser una patética minoría en Cuba, cuando unos párrafos antes citas a Malatesta afirmando que “los anarquistas no son más que una pequeñísima minoría de la sociedad’. En efecto, en Cuba hay anarquistas, lo que no hay es anarquismo. No es cierto eso que afirmas de en Cuba sólo se persigue a la gusanada imperialista, es una mentira, en Cuba se ha perseguido hasta a los marxistas, a los comunistas y a los socialistas. En Cuba se persigue a todo aquel que cuestiona abiertamente la verticalidad del Estado, con Fidel en lo más alto del tinglado. Y ese no es un reclamo exclusivo de la derecha, tengámoslo claro. Por otra parte, toda esa tontería que citas de los compas mexicanos es pura basura: ¿de qué autogestión del pueblo trabajador cubano hablan, si en Cuba, lo hemos dicho hasta el hartazgo, el control total de la producción, del mercado y de las fuerzas laborales está en manos del Estado? Si nosotros no estamos en Cuba es precisamente porque (en aquellos momentos al menos) no encontramos espacios para desarrollar iniciativas autogestivas, para difundir nuestras ideas, para organizarnos y manifestarnos. El hecho concreto es que ahora estamos fuera de Cuba y desde aquí tenemos que hacer llegar nuestras ideas a la Isla, establecer contactos y fortalecer un verdadero movimiento con una base social sólida (tienes razón, nuestro nombre es pretencioso y hasta arcaico, pero recuerda que el nombre tiene cuarenta años ya y que en aquellos tiempos ninguna organización utilizaba unas siglas que sonaban AKK, literalmente). Por lo pronto tenemos que enfrentarnos a una de las consecuencias primarias del “socialismo” cubano: que los cubanos de a pie ya no quieren saber nada que suene a “ismo” de izquierda. Términos como “socialismo”, “comunismo”, “revolución”, “poder popular”, “reforma agraria”, “sindicalismo” y tantas otras han perdido su valor semántico y hoy sólo significan “dictadura” para una buena porción de cubanos. En la escuela a todos se nos enseñó que los anarquistas eran más o menos como los comunistas pero en iluso, caótico, ineficaz y egoísta… Con tales antecedentes, nos preguntamos nosotros, cómo hacemos para difundir nuestras ideas sin sonar a “más de lo mismo”. Porque estamos concientes que somos una patética minoría (entre nosotros, de broma y con orgullo, nos llamamos “los cuatro gatos”); estamos concientes que un movimiento no se construye de la nada, y estamos concientes que la propaganda por sí sola no forja un movimiento, pero sabemos también que por ahora es lo que podemos hacer. Y que no coman mierda esos compas mexicanos de AKK, que en México hasta los perros hacen manifestaciones todos los días -no es sólo una metáfora, los policías se declaran en huelga y salen a manifestarse a la calle-: lo más normal en México es toparte con una manifestación o dos cada día. Bien, eso en Cuba es imposible. Sin embargo, y quiero dejar esto bien claro, no porque en México las libertades de expresión, asociación y manifestación hayan alcanzado los niveles que hoy tienen, no por eso, repito, me voy a poner yo a defender o a avalar al régimen mexicano.

 

Y aquí viene lo más patético de todo: ¿Qué hace un anarquista defendiendo una dictadura?, ¿qué hace un anarquista defendiendo a gobierno alguno, a cualquier verticalidad que se atraviesa en su camino? La obligación de todo anarquista es cuestionar el absoluto ahí donde se encuentre (y en este sentido valga una aclaración, nosotros no somos anarquistas cubanos exclusivamente, somos cubanos y somos anarquistas también, pero lo anarquista no queda nunca supeditado a nuestra especifidad nacional: nosotros somos anarcos en todos lados, y donde estamos nos involucramos en aquellos proyectos u organizaciones que nos parecen afines, que nos parecen justos): nosotros no limitamos nuestra anarquía a la cubanía. Sin embargo, a ustedes parece que lo anarquistas se les quita en cuanto se topan con Fidel o Chávez, y no entiendo por qué. Parece que se hicieran chiquitos ante tamañas figuras históricas y de pronto, lo subversivo se les evapora y lo ácrata pasa a segundo plano. Se les olvida lo que son, parece. No sólo se hacen de la vista gorda ante los excesos de la dictadura, además, se ponen de su lado y se comportan como sus policías, aquí entre nosotros, juzgándonos por delitos de lesa anarquía. Pero otra vez te doy la razón: sostenemos pequeñas luchas en diversos frentes, y la más importante de todas debe ser al interior mismo del anarquismo, para despojarlo de una vez de esos tintes autoritarios que aún se reproducen entre tantos ácratas (autoritarios porque se autoerigen como autoridades del anarquismo, y eso es caer muy bajo ya).

 

Volviendo al MLC: nosotros miramos al frente. Sabemos que la parte verdaderamente dura de nuestra lucha en Cuba no es ahora en pos de la caída de Fidel, será mañana en la reconstrucción de Cuba. Sabemos que cuando el Viejo muera no vamos a ser libres; nos habremos librado al fin de él (más bien, él nos habrá librado de su tediosa presencia) pero no entraremos de pronto en ningún sitio sagrado llamado Libertad. No, la reconstrucción de Cuba va a ser ardua; reconstrucción que deberá comenzar desde lo ideológico mismo. Por eso trabajamos desde ahora difundiendo nuestras ideas pero no con la idea de que éstas acabarán con el tirano, sino de que podrían servir de base para un futuro movimiento ácrata. Necesitamos establecer contacto con cuantos individuos en Cuba simpaticen con nuestras ideas y por eso, en lugar de atacarnos, sería conveniente más bien que nos presentaras a los anarquistas cubanos con los que has hablado para ver si juntos podemos comenzar a ser un poco menos minoría.

 

Por otra parte, aún si es cierto que Fidel Castro es antimperialista, también es cierto entonces que en Cuba, Fidel se comporta como un emperador. Nosotros no decimos que en Cuba (o en Venezuela) hay dictadura simple y llanamente porque el Estado no ha desaparecido -o porque se se nos hincharon las bases teóricas, como sugieres-; por el contrario, lo que ocurre en estos países es que el Estado se ha fortalecido desmedidamente, metiéndose en cosas que no son de su incumbencia -los asuntos privados de los individuos, por ejemplo, las ideas. No las llamamos dictaduras porque el proceso revolucionario sea lento, las llamamos así porque tal proceso más que revolucionario es involucionario. Si consideramos que la evolución política de las sociedades se mide por el grado de participación que los ciudadanos adquieren en éstas (la capacidad de decidir sobre los asuntos comunes), entonces sólo podemos hablar, en los casos cubano y venezolano, de involución pura y dura. Sin espacios de participación ciudadana no hay proceso democratizante posible, no hay horizontalidad, no hay espacios para la autogestión, no hay una posible crítica al poder porque el poder acapara para sí el derecho a la crítica. Esa “izquierda” en el poder está ya reproduciendo fielmente el papel de la derecha, que es preservar el status quo, el orden social, la verticalidad del sistema. Son unos conservadores. ¿Te parece que esas son actitudes muy antimperialistas?

 

Estados Unidos estableció, en otro de tantos arrebatos policiaco-mundialistas, un embargo económico contra Cuba que en la práctica lo que prohíbe es que las empresas norteamericanas hagan negocios con el gobierno de Fidel Castro. Fidel Castro, el antimperialista, por su parte ha insistido siempre en el fin del embargo para poder hacer negocios con las empresas del imperio que dice combatir (y, en las tesis antimperialistas que sostienes, ¿no son las empresas la punta de lanza del imperio?). No es el imperio quien quiere negociar con el régimen cubano, es Fidel quien quiere negociar con el imperio. Es el gobierno “antimperialista” cubano quien exige que se le permita negociar libremente con empresas imperialistas. El fin del embargo va a significar, por paradójico que te parezca, el fin de la autonomía económica cubana. El embargo es la puerta cerrada que aún mantiene al capitalismo salvaje fuera de Cuba, y es Fidel quien exige que acabe. Que el embargo es una medida típicamente imperialista nadie lo niega. En efecto, hay algo de antimperialista en exigirle a una nación que se meta en sus propios asuntos y que deje a las demás en paz; pero insisto, el fin del embargo significará el inicio (el reinicio en verdad) del poderío económico norteamericano en Cuba. Ahora, si me lo preguntas, yo soy partidario del fin del embargo, aún con las consecuencias que sé esto traerá. Pero no porque prefiera el capitalismo al socialismo, sino porque en Cuba lo que no hay, es precisamente socialismo. No hay libertad individual ni colectiva, los trabajadores no deciden un carajo en torno a su producción, no hay libertad de expresión, asociación o manifestación, no hay federalismo ni horizontalidad de tipo alguno, no hay elecciones directas, los sindicatos son mecanismos de control del Estado sobre los trabajadores, y toda forma de disidencia organizada es inmediatamente reprimida con fiereza; entonces, ¿qué socialismo?, eso es sólo barbarie. Y eso es lo que estás defendiendo. Los cubanos no son “socialistas” porque así lo quieran, sino porque así se les impone. La única verdadera lucha que sostienen los cubanos hoy día es la de la supervivencia cotidiana en una jungla capitalista bajo control absoluto del Estado. Que la salud y la educación gratuita, sí, es cierto, pero tampoco son exclusividades de los Estados socialistas, sino que existen en cualquier Estado moderno más o menos desarrollado.

 

En cuanto al anarquismo, lo repito, no hay razón alguna para que los anarquistas repartamos avales entre dictadores afines: no hay dictadura que sea afín a los ideales ácratas. No existe, ni existirá jamás. Tampoco existe entre nosotros un método único de lucha, una sola vía. La multiplicidad es parte fundamental del anarquismo, y sin tales diferencias el anarquismo sólo sería una parodia de sí mismo (como parodia del gran movimiento comunista decimonónico acabaron siendo los PCs del siglo XX). Así el anarquismo crece, y donde algunos ven división sólo hay en verdad diversidad. Y no veo por qué se le teme a eso. Desde mis viejos amigos anarcopunks de La Habana hasta un gerente de empresa con la biblioteca ácrata más impresionante que he visto, a lo largo del camino me he topado con la gente más bizarra que se reivindica anarquista. He conocido anarquistas involucrados en luchas ecologistas, feministas, obreras, agrarias, estudiantiles. He conocido ácratas trabajando en la academia, en el sindicato, en la oenegé e incluso, sí, en instituciones de éste o aquel gobierno, así como he conocido también a anarcos radicales de armas tomar sumamente desencantados con el pacifismo actual de todos los demás; y aunque los métodos y los medios de lucha eran tan distintos el uno del otro, todos estaban seguros de estar en lo correcto, de hacer lo que consideraban conveniente de acuerdo a sus circunstancias particulares y al momento “histórico” en cuestión; y pretender limitar eso decretando una suerte de formas de conducta es lo más fanático que se le pueda ocurrir a alguien. Aceptemos de una vez que todos los medios son buenos para diseminar los ideales ácratas (y ejercerlos, ahí donde estemos) y que además estamos en la obligación de hacerlo en la medida de nuestras posibilidades y en el terreno de nuestra competencia -porque supongo que no me vendrás tú con todo ese culto al sacrificio, tan “comunista” en verdad. Nosotros no queremos mártires ni los necesitamos, allá los cristianos con eso y con sus santos, y con su paraíso y con su infierno. Los anarquistas no necesitamos esas simplificaciones baratas de la realidad. Pero los anarquistas tampoco necesitamos un escalafón para que todos sepan qué tan anarquistas somos porque el anarquismo, se supone, es una entidad horizontal, por lo que no hay posibilidad alguna aquí de decidir quién es más que quién, como los compañeros de AKK proponen. Ni es el caso, me parece. Caer en la tontería de juzgar el “anarquismo” de un compañero me parece francamente leninista. Me parece lo más ajeno a nuestros ideales de libertad e igualdad que se pueda concebir. Me parece estúpido, además.

 

Por lo demás, si el compañero Frank Fernández es o no es un anarquista de café, francamente es algo que a mí no me incumbe -mucho menos siendo yo un simple anarco de bar.

 

A tu salud.


¿Marxistas marcianos? A propósito de “libertarios liberales”

 

Gustavo Rodríguez

 

Marxista no viene de marciano, pero es evidente que algunos no saben en qué planeta viven y se creen que leyendo comics y adorando dictadores hacen la revolución.

 

Últimamente, los detractores del anarquismo han asumido la estrategia de intentar, mediante asombrosos malabares, establecer diferencias entre el ideal ácrata de ayer y de hoy. Unos, en su desesperación, argumentan abismales discrepancias ideológicas entre el anarquismo “clásico” y el “contemporáneo”. Otros, insisten en que el contraste entre l@s anarquistas de antaño y nosotr@s, (es decir, l@s de carne y hueso que continuamos asumiéndonos como tales), radica en la praxis, o sea, en la comunión entre ideas y acción. En tal delirio, han recurrido a sesiones espiritistas y han hecho hablar hasta los muertos, arrancando insólitas declaraciones de ultratumba. Así, aseguran que si Bakunin viviera fuera procastrista; que si Daniel Guerín, siguiera entre nosotr@s, estaría de presidente de algún Comité de Defensa Revolucionario en Guanabacoa; que si Durruti viviera hubiera marchado junto al pibe Maradona en Mar del Plata entonado alabanzas a Hugo Chávez y machacando a culatazos de naranjero al contrarrevolucionario Manú Chao.

 

Eso sí, hay que reconocer que entre marxistas y marcianos, existen grandes diferencias. Al menos hasta ahora. Los primeros, forman parte de lo real, tanto los que han sabido establecer las diferencias a la hora de catalogarse y se autodenominan “marxistas revolucionarios”, como los que se desviaron por los truculentos y maquiavélicos senderos de la socialdemocracia y la contrarrevolución leninista. Los segundos, es decir, los marcianos, forman parte del mundo fantástico, de lo irreal e imaginario. En el mundo real, he conocido a ambos, o sea, a marxistas revolucionarios y a “marxistas” contrarrevolucionarios, pero jamás me he tropezado con un marciano, a pesar de que el viejo cha cha chá, asegura que llegaron ya y llegaron bailando ricachá. Y lógicamente, ante tan contundente afirmación no sé si J. M. Álvarez, se cuente entre los primeros o haya aterrizado en un platillo. Eso sí, se asuma de un bando o del otro, no nos aporta mucho con su articulillo insidioso y maniqueo.

 

J. M Álvarez, me veo en la penosa obligación de comunicarte que llegas tarde, sea en platillo o en guagua. Pese a tu juego de palabras, tus acusaciones no son nuevas. Te sumas a una larga lista de cagatintas y repetidores de consignas (asalariados y voluntarios) que desde los tiempos de la Revolución de Octubre, decían y dicen lo mismo que tú, intentando desprestigiar las ideas libertarias, en general y, a l@s anarquistas, en particular.

 

El camino que has escogido está bastante trillado y tu discurso bastante repetido, sobre todo, en la era del tristemente célebre “Socialismo Real”, cuando los cagatintas y repetidores de consignas a sueldo de Moscú, repetían hasta el cansancio este tipo de churradas. Curiosamente, después del derrumbe de los regimenes autoritarios de Europa, los cagatintas y repetidores de consignas de entonces, dejaron de calificar de “contrarrevolucionarias” y “pro imperialistas” las acusaciones a esos gobiernos “socialistas” por las atrocidades que cometieron contra el proletariado y, comenzaron a dictar cátedra sobre “las desviaciones” en las que incurrieron y se dieron a la tarea de señalarlos como “falsos socialismos”, asumiendo que reconocerlo ahora es situarse en el “camino verdadero de la revolución”.

 

Para nosotr@s, la crítica y la autocrítica revolucionaria siempre contribuirán a superar los desvíos del movimiento real de l@s oprimid@s, por eso recurrimos a ellas y, la crítica a la burguesía, a la clase gobernante, la consideramos como una poderosa arma del proletariado en su lucha cotidiana contra sus opresores.

 

Si te parece “un tanto sui generis” la manifestación que realizó la CNT y otros colectivos y compañer@s durante la Cumbre Iberoamericana de Salamanca, que marcaron distancia para no ser manipulados por la propaganda castrista y chavista, es porque no comprendes los ideales emancipadores del movimiento real de l@s oprimid@s y, por ello, desconoces la fuerza de su motor impulsor: romper las cadenas que lo oprimen. Te parecen “sui generis” nuestros planteamientos porque los ves desde la óptica nacionalista del antiimperialismo burgués. No hace falta profundizar mucho en tu discurso para encontrar la veta “progre” que lo inspira y, de ahí, el intento inútil por confundir a l@s lectores/as con tergiversaciones simplistas, tratando de presentarnos como “los libertarios liberales” y desviar la atención de los verdaderos liberales de la historia.

 

Nuestra solidaridad se expresa en otros términos. No nos solidarizamos con los opresores y los explotadores en Cuba, ni en Venezuela, de la misma manera que no nos solidarizamos con los opresores y los explotadores en Afganistán, Irak, EE.UU, México o Bolivia. Nos solidarizamos con los oprimidos en Afganistán, con el proletariado iraquí, con l@s explotad@s estadounidenses, con l@s oprimid@s en Cuba. Nos sentimos cómplices de todo aquel/ aquella que ataque al Capital y sus instituciones de control, con motivación revolucionaria, en cualquier parte del mundo. En este sentido nuestra solidaridad revolucionaria consiste en luchar contra nuestros amos que forman parte de la misma clase que los amos de Irak, EE.UU., Korea, Francia o el Estado español.

 

La explotación no tiene fronteras, no podemos defender a quienes nos oprimen y nos explotan sino a nuestr@s herman@s de clase; no tenemos intereses comunes con los poderosos, no tenemos las mismas aspiraciones de los que nos explotan. Queremos la derrota de “nuestros” explotadores, de “nuestros” burgueses, de “nuestro país” (como bien señalaba un volante a la sazón de la guerra de ocupación a Irak), provocando la derrota del capitalismo donde nos encontremos, llamando a nuestros hermanos de clase, sometidos en cualquier parte del mundo ˆsea cual sea el enunciado político-ideológico del gobierno que los oprime- a reconocerse como herman@s de clase, para abolir así toda explotación y toda opresión, para abolir al Capital y el Estado. A nuestros enemigos.

 

Por eso, cuando nos acusas de que “ungidos de la pureza revolucionaria” no tenemos “mejor cosa que hacer que cargar las tintas contra Cuba y Venezuela.” Nos obligas a preguntarte de qué lado estás. ¿Quién es tu enemigo? Tal vez, temes un ataque extraterrestre no anunciado. De lo contrario, puedes dormir tranquilo. Sabemos sobradamente quién es y dónde está el enemigo: El Capital y el Estado. Y estos enemigos, J.M. Álvarez, están en todas partes.

 

La mistificación “socialista” consiste en hacer creer que una conducta del Estado “más humana” o basada en “una mejor repartición de las riquezas” podría limitar las miserias, las degradaciones, los putazos propios de las exigencias de la ley del valor. Mientras que se trate de gestionar el capitalismo en vez de combatirlo, la ineludible lógica de la ganancia y del dinero, vía su agente contemporáneo, la burguesía continuará dictando, con mano de hierro, la brutalidad de las medidas que se tengan que tomar en contra del proletariado, medidas que buscarán imponer una mayor explotación y, leyes para reprimirlo si protesta (Ej. Los 400 jóvenes recientemente encarcelados en Cuba, de l@s que 327 -81.75%- son Negros, subproletarios y parados).

 

Sea cual sea la política o la ideología, es imposible asegurar la gestión del Capital y del trabajo asalariado sin la inhumanidad, la barbarie y el terrorismo, inherentes a la Ley, a la Propiedad (sea privada, estatal o mixta), al Ejército y a la Policía, es decir, al Estado. La posición revolucionaria comienza precisamente allí donde termina la ilusión de la coexistencia posible entre una sociedad organizada en torno al asalariado y una sociedad de carácter humano. Capitalismo y comunismo libertario, comunidad del dinero y comunidad humana, en ambos casos, son dos polos opuestos que se excluyen por antagonismo.

 

Desde luego, entendemos cuál es la misión de los cagatintas y los repetidores de consignas. La misión de estos demagogos es la de maquillarnos la miseria, la opresión y la explotación, haciéndola mucho más tolerable, es decir, “aceptable”. Y para hacer de la muerte en vida del esclavo asalariado algo más “soportable” ¿qué mejor que relativizarla, compararla a otras situaciones de opresión y explotación, comparar las estadísticas con los que están peor? La situación del proletariado en Cuba Vs l@s oprimid@s en Haití, Etiopía o Marruecos.

 

Hoy, pese a estos demagogos, los J. M. Álvarez de cualquier color o nacimiento, vuelven a cobrar fuerza las consignas de nuestr@s herman@s de clase de antaño: “El enemigo se encuentra en nuestro propio país, es nuestra propia burguesía”, “apuntemos los fusiles contra nuestros gobernantes”, “transformemos la guerra imperialista en guerra social”, es decir, revolucionaria y anticapitalista. Hoy, estas consignas de antaño, vuelven a materializar los esfuerzos por definir la Revolución Social como la única superación humana posible frente a una sociedad basada en la imbécil libertad que tiene cada parcela del Capital para llevar la guerra contra su vecino. Por eso hoy, si Durruti levantara la cabeza, volvería a gritar a todo pulmón y codo a codo con nosotr@s: “llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones y ese mundo está creciendo en este instante”

 

¡Por el Comunismo Libertario!

 

¡Salud y Revolución Social!

 

“…la libertad sin el socialismo es el privilegio, la injusticia; y que el socialismo sin la libertad es la esclavitud y la brutalidad.”

 M. Bakunin, 1867

 

 

Comments are closed.